Vida Cristiana

¿Aprobación de hombre o de Dios?

Comprométete con tu trabajo. No temas porque el león ruge; no te detengas a apedrear los perros del diablo; no malgastes tu tiempo persiguiendo los conejos del diablo. Deja que los engañadores mientan, deja que los sectarios riñan, deja que los críticos maldigan, deja que los enemigos acusen, deja que el diablo haga lo peor; pero cuida que nada te evite cumplir con gozo la obra que Dios te ha dado.

Él no te mandó para ser admirado o estimado. Nunca te ha mandado para defender tu carácter. Él no te puso en la obra para contradecir la falsedad (acerca de ti) que los siervos de Satanás o de Dios puedan empezar a difundir, o para averiguar el origen de todo rumor que amenaza tu reputación. Si haces estas cosas, no harás nada más; estarás trabajando para ti mismo y no para el Señor.

Mantente en tu trabajo. Deja que tu meta esté tan firme como una estrella. Puede que seas asaltado, contradicho, insultado, matado, herido y rechazado, mal entendido, o que se te atribuyan motivos impuros; tal vez seas abusado por tus enemigos, abandonado por los amigos y despreciado y rechazado por los hombres. Pero cuida con firme determinación, que tu celo no falta, que sigas el gran propósito de tu vida y el objeto de tu existencia hasta que finalmente puedas decir: “He terminado la tarea que tú me encargaste hacer”.

– Autor desconocido

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