Vida Cristiana

Siete Días en la Vida del Siervo Perfecto

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¿Hemos vivido un día como los vivió el Señor Jesús en su servicio? Con sinceridad y temor, caminemos con él en los siguientes pasajes: 

1. Mr 1.32-39: El Señor durante ese día sábado se congregó, predicó, visitó el hogar de Pedro, sanó a su suegra y, llegada la noche, continuó sanando a muchos. 

2. Mr 4.1: Durante el día: enseñaba a mucha gente; enseñaba muchas cosas (v.2); enseñaba con muchas parábolas (v.33). 

Mr 4.35: Después de toda esa ocupación, llegó la noche y tomó el tiempo para despedir a la multitud. Recorriendo con él esa jornada, podemos entender por qué al subirse a la barca, durmió, estaba agotado y necesitaba descansar. Ni siquiera el huracán que se formó, ni el maremoto que estremeció la barca lo despertó. Ante la rogativa de sus discípulos, se levantó y calló el mar y enmudeció los vientos. El Señor, en todo tiempo estaba dispuesto a servir. ¿Y usted, y yo, también?

3. Mr 6.30,34-35: Durante el día, el Señor escucha a sus discípulos y viaja con ellos a un lugar solitario. Luego, vuelve a enseñar muchas cosas a la multitud, hasta que llega la noche. Si leemos el relato, vemos cómo Cristo alimenta a los 5,000 (v. 36-44). Despide la multitud (v.45); se retira a orar (v.46), camina sobre el mar y viene a sus discípulos (v.48-51). Llegaron las altas horas de la noche y Cristo seguía sirviendo. Aún hoy, el Señor está sirviendo por nosotros, “la noche está avanzada, y se acerca el día” (Rom 13.12). Que no falte la oración.

4. Mr 11.1-10: El Señor Jesús está terminando su larga jornada desde Galilea a Jerusalén, lo hace en un pollino de asna y es aclamado. Entra a la ciudad, va al templo, llega la noche y se retira a Betania (v.11). ¿Puede notar el interés del Señor por la casa de Su Padre? y ¿Usted, yo, también lo tenemos?

5. Al siguiente día (v.15), va nuevamente a Jerusalén, purifica el templo (v. 16-18), se hace de noche y, se retira otra vez a Betania (v. 19).

6. Al otro día (v. 20), el Señor regresa a Jerusalén con sus discípulos, no olvidemos que lo hacía a pie, eran aproximadamente 5 kilómetros por cada trayecto. En esa ciudad, va a sostener grandes discusiones con los escribas y fariseos en el templo, luego, sube al monte de los Olivos y enseña sobre las señales antes del fin. 

Como vemos, los días del Señor fueron muy ocupados, intensamente vividos para Su Dios. Al ver el despliegue del servicio del Señor, no podemos sentirnos menos que avergonzados.

7. Finalmente, Mr 14.17, “cuando llegó la noche”, la última que estuvo el Señor en esta tierra antes de morir. Con reverencia, acerquémonos a acompañar al Señor en esas horas. Se sentó con los suyos y comió la pascua (v.18-21); lavó los pies de sus discípulos, de Judas, de Pedro, de todos; enseñó, instituyó la cena (v.22-25), cantó el himno (v.26); oró en Getsemaní (v.32-42); fue arrestado (v. 43-50), sus discípulos lo abandonan (v. 50) y, luego, es llevado ante el concilio perverso para que se le siga un juicio injusto (v.53-65).

En las últimas horas de esa noche, el Señor es acusado, “más él callaba, y nada respondía” (v. 61); como si fuera poco, lo escupen, le pegan puñetazos, le dan bofetadas. En el cielo, los serafines cubren sus rostros y dicen: “santo, santo, santo” (Isa. 6:3), pero en esa noche, los hombres le cubren el rostro y se burlan de él (v.65). 

Dios nos ayude a todos, a apreciar más “la noche que fue entregado” (1 Co. 11.23).

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