Vida Cristiana

Cuando Ayunéis

En el siguiente documento se discurre sobre lo que la Palabra nos expone en relación al ayuno, una cuestión de importancia para una gran mayoría de creyentes, que debe ser tratado con toda la seriedad y sinceridad del consejo Divino (como todos y cada uno de los asuntos abordados en las Escrituras).

Sobre si practicarlo o no, muchas cosas han dicho tanto grupos neo-cristianos (o pseudos-cristianos) que han sacado buena parte de ello para referirse a los llamados “ayunos congregacionales”, en los que el ayuno se transforma en una especie de ejercicio que da “poder” al alma que lo práctica; de otro lado se encuentra la respuesta de un sector que sencillamente evade el tema con un rotundo “no, no debe practicarse, por que eso es de la ley o es de carismáticos”, dejando así que las razones terminen brillando por su ausencia.

Antes de adentrarnos en el abordaje quisiera considerar el pensamiento de un hermano -ya con el Señor- de las asambleas en Angola (África), quien en una ocasión cuando sobre cierto tema de debate se tomaban en consideración diversas opiniones, refirió: 

Hermanos, si uno tiene sed y desea agua clara y pura, no va lejos, aguas abajo, donde las han ensuciado los hombres y las patas de las bestias, sino a la fuente del caudal, donde salen del vivo manantial. Yo sugeriría que al decidir este asunto (el que trataban), no volvamos a Abraham o Jacob o David, sino directamente a la fuente (y la fuente es Dios mismo)”.

El consejo del hermano además de acertado es conveniente, si se quisiera tomar para beneficio propio versículos o partes de las Escrituras para defender o justificar una práctica ya realizada previamente o bien sea para dar continuidad al legado de la tradición; cuando el fin es que “mis” razones pesen sobre las de otros, tarde o temprano tomaremos agua contaminada; sin embargo, ante un asunto que nos produce preocupación y real interés por atender y entender el pensamiento de Cristo, necesariamente se requiere todo el consejo de Dios –Toda la Escritura- y proceder como el escritor inspirado, quien “después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, (las escribió) por orden( Lucas 1: 3; Hechos 20:27 y 2 Timoteo 3: 16).

The Beginner's Guide to Intermittent Fasting | Onnit Academy

En estos tiempos contemporáneos en que las Biblias permanecen cerradas, como en la época de los Jueces, (o sí, abiertas, en el Salmo 91 pero solo como un amuleto de protección, que incluso para vergüenza hay que denunciarlo, algunos creyentes utilizan), y en los que lo verdaderamente importante es lo que al oído le gusta oír y lo que a la carne le deje dividendos; pareciera que todo es resuelto con la opinión u orden de “hermanos de más experiencia” (que vendrían a ser intachables e infalibles, y quizás co-iguales al Libro de Dios), muchos de ellos hombres de Dios, claro, pero al final y siempre, quedando en nosotros la responsabilidad única y real de acercarnos particularmente a las aguas vivas, a la Palabra absoluta y pura, la inequívoca Palabra de Dios.

“…desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis…” (1Pedro 2:2)

En lo que se refiere a este estudio se tomará como punto de inicio la claridad sobre las palabras ayuno y ayunar en las Escrituras, partiendo de su uso e implicaciones tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, para finalmente llegar a conclusiones claras desde lo que el Señor mismo indica en Su Libro. 

AYUNO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Tsom ó tsum; Son las palabras que del hebreo se han traducido al español para designar el ayuno y el ayunar respectivamente. Tales expresiones implican literalmente cubrir, específicamente la boca. Ahora bien, sobre la práctica de ayunar en el Antiguo Testamento, los siguientes son los principales usos que se encuentran.

Una primera referencia del tema -aunque de manera implícita- se encuentra en el relato de la visita de Moisés al Sinaí; las Escrituras nos refieren que en aquél monte no comió ni bebió nada por un espacio de 40 días y cuarenta noches; su única fuente de sostén fue sin lugar a dudas estar en la presencia de Dios en comunión intima con Él (Éxodo 34:28; Deuteronomio 9: 9). Un caso similar se encuentra en el relato que menciona la salida del profeta Elías a Horeb (1 Reyes 19: 8).

A lo largo y ancho de las Escrituras ayunar ha implicado para los santos hombres de Dios la máxima expresión de humillación, dolor moral – y físico a veces-, aflicción y arrepentimiento (2 Crónicas 20:3; Esdras 8:21; Nehemías 9:1). No obstante, en todos los casos el ayuno como tal no era un ejercicio aislado en sí, sino que siempre de una u otra forma está estrechamente ligado a la oración, así, el ayuno era la respuesta conjunta y consecuente a una oración intensa, tales fueron los casos de hombres como David (2 Samuel 12:16; Salmo 35), Nehemías (Nehemías 1:4) y Daniel (Daniel 9:3) por solo mencionar algunos.

A nivel colectivo, se encuentran algunas referencias a un pueblo en ayuno, como fue el caso de Israel y Nínive respectivamente; en ambas poblaciones el ayuno se relaciona directamente con fines de dolor, ceremonia y ruego, por ejemplo en ocasiones de conmemoración de días o fechas cruentas; así, en el pueblo de Israel el ayuno es el producto de un profundo dolor y un deseo ferviente de buscar la voluntad Divina, por ejemplo cuando perdieron cuarenta mil soldados en la batalla contra sus hermanos de Benjamín, relato que se encuentra al final del libro de Jueces; otro momento fue el duelo que se guardó luego de la muerte de Saúl y sus hijos. En el caso de los ninivitas, el pueblo y aun sus animales ayunan, al entregarse al ruego y la súplica como consecuencia de un sincero arrepentimiento de sus pecados luego de la predicación del profeta Jonás. 

Adicionalmente se presenta el hecho que los judíos mismos en fiestas como el Yom Kippur (día de expiación) guardaban reposo y dentro de éste asumían la necesidad del ayuno como una consecuencia misma del profundo sentido de respeto y solemnidad de una fiesta que señalaba la posibilidad de un año de perdón Divino, a ello se pueden relacionar los ayunos asumidos en épocas subsecuentes a la captura del Reino del Sur y de la cual se hacen alusiones en el libro de Zacarías. Los anteriores solo por citar algunos ejemplos del uso del ayuno a nivel grupal. (Jueces 20:26; 1 Samuel 31:13; Jonás 3:5; Levítico 16:29). 

Sin embargo, el ayuno en sí se degradó en un acto religioso y vacío cuya finalidad antes y después del cautiverio de los israelitas fue ni mas ni menos que la exaltación personal antes que la Justicia según Dios; finalmente las palabras de los profetas antes y posterior al exilio fue la condena al ayuno como un ritual carente del sentido Divino. (Isaías 58; Zacarías 7:1-7).

9 WAYS TO PRAY FOR VICTIMS OF RECENT STORMS

AYUNO EN EL NUEVO TESTAMENTO

Nesteia, nestis, nesteuo, ásitos; éstas expresiones designan desde el griego lo que posteriormente al español se tradujo como ayuno, si bien la idea de las palabras señala literalmente una abstinencia voluntaria de comer o una carencia de comida; en un sentido amplio el hecho de ayunar se trata de la abstención de un derecho legitimo como comer, dormir, recrearse, ejercitarse para ocuparse de un deber Divino, es decir,  la búsqueda incesante del alma y el espíritu por la lectura de la Palabra de Dios, la oración y el testimonio del Señor Jesucristo en diferentes áreas y contextos.

Los siguientes serían algunos usos de las palabras ayuno y ayunar en el Nuevo Testamento: 

En principio, nuestro Señor durante el inicio de su ministerio audible fue llevado por el Espíritu al desierto, no para recibir poder o unción por el ayuno – porque siempre lo ha tenido-, sino como dicen las Escrituras para ser tentado por el maligno en tanto ayunaba por cuarenta días, al final Él mismo tuvo hambre; sin embargo el propósito de su ayuno fue la plena y absoluta dependencia que le ligaba a su Padre en los cielos, una intensa comunión del Espíritu que le daba vigor a un cuerpo con nuestras limitantes. Al final la victoria la obtiene con el uso que hace de la Palabra que moraba en su corazón, el ejemplo del Señor es que no con el ayuno físico sino con el uso adecuado de la Palabra de Dios se contrarrestan los ataques del maligno (Mateo 4:1-2; Lucas 4:1).

Como en el Antiguo Testamento el ayuno siempre está ligado directamente a la oración, tal fue el caso de Ana (Lucas 2:37) quien a propósito tuvo un servicio eficaz, no por sus ayunos sino por su testimonio del Señor; de igual forma un gentil como Cornelio quien pasó en oración un buen tiempo sin probar bocado -antes la ya conocida visión- (Hechos 10:2,30) y fue reconocido por el ángel no por ayunar sino por orar y dar; de igual manera los profetas y maestros que había en Antioquía de Siria antes de la encomendación de Bernabé y Saulo estuvieron en oración y ayuno (Hechos 13:2-3); y a su vez estos dos, Bernabé y Pablo antes de constituir ancianos en algunas asambleas de Antioquía de Pisidia, oraron con ayunos (Hechos 14:23). Es de destacar además que era frecuente que tanto los fariseos como los discípulos de Juan el bautista ayunaran. (Mateo 9:14).

Es preciso señalar que los relatos del ayuno en el Nuevo Testamento quedan siempre relegados en la mayoría de los casos a meras descripciones de hechos acontecidos o vividos por la comunidad judía en tiempo de nuestro Señor Jesucristo, mas nunca se hallarán prescripciones como una práctica de la iglesia. 

LO QUE NO ES Y SÍ ES EL AYUNO

De los elementos de análisis que nos brindan ambos Testamentos sobre el ayuno, se pueden desprender cuatro aspectos a tener en cuenta por el creyente:

El ayuno no es una ordenanza eclesiástica.

El ayuno no es un MANDAMIENTO, como se mencionó en líneas anteriores; en los asuntos tratados en el sermón del monte es el que concierne a la cuestión del ayuno mencionada por nuestro Señor.

“Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro,  para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” 

(Mateo 6: 16-18)

En las citadas porciones el Señor presenta los principios del verdadero ayuno luego de referirse al orar y antes de expresar lo referente a hacer tesoros en el cielo, es interesante ver que el ayuno está justo en medio de la oración y los tesoros en la tierra y el cielo, pareciera que el ayuno es conector de un corazón en plena dependencia del PADRE, ocupado en las cosas celestiales -haciendo tesoros celestiales-, para lo cual el canal que conecta es la oración, separándose aunque sea por un instante de las cosas terrenales, tesoros mundanos que no trascenderán a la Gloria. (Mateo 6: 19-21).

¿Cuándo fue la última vez que usted hijo de Dios pasó de largo la hora del desayuno o la hora de dormir por estar en plena búsqueda del rostro de Dios?; leyó la Escritura, oró y continuó en una constante meditación recreándose en la esplendidez del Señor, no miró la hora, no se percató del hambre o del sueño, sino que gozó del momento con su Señor, como el hombre con la mujer de su juventud. Pensemos en las horas que pasaba Nuestro Señor en las rodillas ya fuera de noche o temprano en la mañana, es claro que aun en el desierto Nuestro Señor elevaba la más Sublime oración desde la profundidad de su alma al Padre.

plate of food with chicken and veggies

El ayuno no es un ejercicio religioso, ni un ritual ostentoso.

Cuando el ayuno se convierte en el fin de una acción espiritual, “¡hermanos mañana la iglesia tiene ayuno congregacional!”, el ayuno desvanece las razones fundamentales de la postración ante Dios, recordemos que en el caso de los de Nínive fue el cambio del corazón y no el ayuno lo que hizo volver a Dios de su ira contra aquella ciudad, el ayuno Bíblico surge de un corazón contrito que está en comunión con Dios (Mateo 6:16).

No es de sorprender pues, que los musulmanes y otras sectas como los budistas y demás religiones orientales y también de la Nueva Era ayunen, aún más que muchos grupos de los llamados cristianos, pero con todo no gozan de paz con Dios (Romanos 5:1), por el contrario, persisten en las llamadas “guerras santas”, y en el caso de los otros, parecería que sus ayunos les harían los más consagrados del mundo, aunque ayunen a sus dioses y sectas.

Es de destacar también que a semejanza de los musulmanes y otras religiones orientales, los grupos neocristianos –de los que no están excluidas las ahora famosas renovaciones católicas carismáticas- también intercalan sus ayunos congregacionales con lo que llaman guerra espiritual que más bien es una sesión de espiritismo agresivo, en el que insultan e irrespetan a Satanás y a sus huestes sin entender ni lo que hablan ni lo que dicen (1 Timoteo 1: 7; 2 de Pedro 2: 10- 12), como si el ayunar les diera licencia de quebrantar las Escrituras, parece que la contradicción es su guía puesto que la supuesta humillación del ayuno contrasta con la soberbia de sus palabras para con una hueste que aunque caída no debe menospreciarse (Judas 1: 8- 10).

Como conclusión inicial, vale la pena ser insistente en que el ayuno no responde a fechas especiales o a ciertos alimentos específicos como acontece en el catolicismo romano donde en la previa de la semana religiosa llamada por ellos la cuaresma -y luego en su semana “santa”- en algunos días, según ellos se deben evitar las carnes de animales terrestres y solo se debe consumir pescado, a ésta práctica le denominan también en la más absoluta de las ignorancias “la vigilia”, “guardar la vigilia”, en relación a ello solo se puede invitar a dar un pequeño y fugaz recorrido por la primera epístola del apóstol Pablo a Timoteo 4: 1- 4.

El ayuno no debe elevar lo que debería estar en humillación.

En las Escrituras la práctica del ayuno es un ejercicio consecuente con la oración y la comunión intima con Dios, que surge como consecuencia normal del corazón que se distancia de los placeres y necesidades del cuerpo, para consagrarse en oración y búsqueda divina al Señor, sin embargo, el ayuno por sí solo no sería lo suficientemente eficaz para la justificación del alma, como lo muestra la parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18:11-12).

Ninguna vez desde el Antiguo Testamento el propósito del ayuno ha sido el de buscar la exaltación de la carne o de la persona quien lo práctica: “¡hermano ayer terminé un ayuno de una semana!” o “¡mañana no puedo estar con ustedes porque estaremos en ayuno con la congregación!”. El ayuno es un ejercicio que surge de un alma que busca el rostro de Dios, por lo tanto, es solo una de muchas posibles consecuencias de una vida que pone lo espiritual sobre todo lo demás.

En cierta ocasión escuché de un cierto afamado predicador pentecostal que supuestamente ayunó “41 días” – ¿sospechoso no?-, y como este muchos otros que le siguen en intentos o aciertos de ayunos de cuarenta días como burlando o compitiendo con el Señor, por mas que se diga que es para imitarle -deberían de imitarle también en dejar de recibir diezmos, fama y cosas por el estilo que deleitan la carne-, lo que hacen es exaltar la figura del palabrero por encima de Dios mismo, el desatino llega a tal punto que olvidan que los supuestos días o semanas de privación de alimentos físicos son contrarrestadas por un deleite constante a un dios que llevan en sí mismos y que en las Escrituras simboliza la representación de las pasiones de la carne (Romanos 16: 18; Filipenses 3: 18 y 19).

Desafortunadamente la práctica del ayuno se ha desdibujado por lo que escuchamos o vemos al respecto, la gran mayoría de los que hoy hacen publicidad de la práctica lo hacen para mostrar hazañas espirituales de histriones que quieren actuar ayunos con toque de trompeta y divulgación, aunque afectando humildad, nunca el Señor sugirió que el ayuno fuera una práctica pública, recordemos que incluso los ayunos del pueblo de Israel terminaron en degeneración y banalidad, ¿cómo reavivar aquello en lo que Israel fracasó, siendo nosotros una nación celestial que no vive bajo las sombras de la Ley?.

No hay prescripciones o descripciones de una Iglesia Local en “Ayuno Congregacional”. 

En medio de las sensaciones contemporáneas se oye bastante por parte de los creyentes mayormente de las denominaciones que a veces pretenden ser “dominaciones”, mencionar los famosos ayunos congregacionales, cultos donde el fingimiento y la simulación de un corazón entregado al Señor, sobresalen como las grandes manifestaciones de quién es el mas “humilde” y el que más días aguanta sin comer ni beber, quien escribe estas líneas, lo asevera porque aparte del conocimiento de causa, la misma Palabra autorizada de Nuestro Señor afirma “…no seáis austeros…” y se precisa la necesidad de ayunar en secreto.

Sin embargo, parece que una vez mas la Palabra de Nuestro Señor es estimada en poco, prefiriendo los rituales ostentosos que la legitima pureza de una vida consagrada a la obediencia a Cristo; no hay ordenanza, no existe el principio de una asamblea en ayuno “congregacional”, donde el espectáculo y el “show”, son los fines de tal evento que Nuestro Dios no comparte.

La única razón que quizás entenderíamos como valida, o al menos aceptable para tal fin es la de una congregación que al reconocer su desvío de las Escrituras decide volverse en genuino arrepentimiento a la Verdad de Dios, en tal caso cómo no vestirse de dolor profundo y quizás responder con ayuno y oración como consecuencia de una búsqueda sincera del Rostro del Señor.

Ayunoterapia: Cómo hacer Ayuno

CONCLUSIONES 

Los discípulos de Juan dieron evidencia de una vida aparentemente consagrada a Dios, dando indicios de la formación de una nueva religión que imitaba a Juan el Bautista mas no vivían la esencia de su mensaje; por lo tanto, ante la pregunta hecha a Nuestro Señor, ellos -queriendo o no- manifestaron la realidad de una vida y un culto que no está dispuesto a albergar a Cristo como Señor sino como un simple consultor (Mateo 9:14-17).

Hoy en día no dudamos de las buenas intenciones de muchos que creen rendirle culto a Dios, pero que con todo y proclamando amor a Cristo, no le aman como Señor sino como consultor; hay muchas personas y amigos que pueden ser bienvenidos a nuestras casas, pero no por ello son dueños de ellas, esa es la realidad en tantos lugares que hablan de Dios y afirman ser Iglesia de Cristo, pero Él no es Señor allí.

Así, todo aquello que se realice al margen de la plenitud de las Escrituras solo prueba que Cristo no es del todo Señor, pues la aceptación plena y sin “peros” de las Escrituras es el indicador absoluto del Señorío de Cristo, por ello es perfectamente posible “dedicarle” la vida a Dios, pero sin CRISTO. Toda práctica y actividad realizada sin la presencia Señorial de Cristo no es más que un poco de lo mismo, es decir, servicios religiosos, rituales ostentosos que finalmente acicalan la carne. Muchos que hoy ayunan no gozan de la seguridad de la PRESENCIA del Señor en sus vidas.

Al hacer la pregunta los discípulos de Juan parecían querer relacionarse con una Práctica, pero El Señor les mostró una PERSONA, es decir, Él mismo. Los religiosos preguntan (y presentan) por doctrinas y “prácticas” pero los Hijos de Dios han de ocuparse de la PERSONA, la PALABRA y en consecuencia, la PRESENCIA constantes del Señor.

Por todo lo anterior, el ayuno de las Escrituras va más allá de la idea de una simple abstención de alimentos que paran en el vientre; hoy para cada nacido de nuevo el ayuno que Dios aprueba y además ordena para la iglesia es uno que consiste en la privación de deseos malvados.

“Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.

Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.”  

1 Corintios 9:25-27

“Absteneos de toda especie de mal.” 

1 Tesalonicenses 5:22

“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma…”

1 Pedro 2:11

1 Aunque si bien no todas las menciones del ayuno o ayunar serán mencionadas en este documento, si han sido tenidas en cuenta todas las referencias de la palabra, gracias a la ayuda de la concordancia bíblica Strong y finalmente las citas han sido agrupadas en temas de afinidad.

2 Es muy interesante saber que Dios tuvo compasión de los de Nínive no por su cilicio o por el ayuno sino porque se convirtieron de su mal camino (Jonás 3: 10).

3 Solo para provocar la búsqueda del lector habría que comentar someramente sobre los ayunos memoriales instituidos por los judíos durante y después del exilio de Babilonia como aniversario de tragedias o hechos de impacto nacionales, como por ejemplo la destrucción de Jerusalén (ver además Zacarías 7 y 8: 19)

4 En la Ley de Moisés el ayuno no era una ordenanza expresa y en el sermón del monte el Señor no lo ordenó, aunque seguramente haría alusión a los ayunos ya existentes y practicados por los judíos.

5 Oraron y Ayunaron los Profetas y Maestros (Hechos 13:2-3) y los Apóstoles (Hechos 14:23) pero no toda la IGLESIA ceremonialmente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s