Cristo en toda la Biblia

El Sumo Sacerdote que Nunca Muere 


Números 20:22-29

Había llegado el día. Aarón moriría. Sobre el monte Hor, sería reunido a su pueblo. Subió junto con su hijo Eleazar. Se quitó sus vestiduras sacerdotales, se las vistió a su hijo y murió. 

Esta escena conmovedora fue observada por toda la congregación. ¿Qué habrán sentido al saber que se moriría el que los representaba ante Dios? ¿Habrán estado preocupados sobre cómo les iría con el nuevo jefe sacerdotes en turno?

Las mismas preocupaciones las habrán tenido cada una de las generaciones que testificaron la muerte de un sumo sacerdote. 

Gracias a la superioridad de Cristo, nuestro gran sumo sacerdote, nosotros no tenemos que angustiarnos con este tipo de dudas. 

Según la epístola a los Hebreos, el Señor sobrepasa infinitamente el sacerdocio levítico de las siguientes maneras:

1. Él fue misericordioso y fiel para expiar los pecados (He. 2:17; 3:2)

2. Él traspasó los cielos (He. 4:14)

3. Él se compadece de nuestras debilidades y es sin pecado (He. 4:15)

4. Su sacerdocio es eterno según el orden de Melquisedec (He. 5:6, 10; 6:20; 7:17)

5. Llegó a ser sumo sacerdote sin ser de la tribu de Leví (He. 7:14)

6. Vive para nunca más morir (Heb. 7:16)

High Priest. Poetry By Brandon Marlon | by Goat | Scene & Heard (SNH) |  Medium


7. Es fiador y mediador de un mejor pacto (He. 7:22; 8:6) en donde no habrá desobediencia como sí lo hubo en Israel en los días de Aarón (He. 8:7-13)

8. Permanece para siempre, su sacerdocio es inmutable y vive siempre para interceder por nosotros (7:24, 25)

9. Santo, inocente, sin macha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos (He. 7:26)

10. No necesitó ofrecer sacrificios por sus pecados para hacerlo en favor del pueblo (He. 7:27)

11. Él se sentó a la mano derecha del trono de la Majestad en los cielos (He. 8:1)

12. Ministro del santuario, y de aquél tabernáculo verdadero que él mismo levantó (He. 8:2). Es un tabernáculo más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos (He. 9:11)

13. Él entró al Lugar Santísimo con su propia sangra, y no la de animales (He. 9:12)

14. No tuvo que ofrecerse una vez por año, sino una vez y para siempre (He. 9:26)

Demos gracias a Dios por el Sumo Sacerdote que él nos ha dado en la persona de su bendito Hijo. Nunca dejará de representarnos.

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