Vida Cristiana

Seis Horas Llenas de Ansiedad

El día de ayer fue pésimo para Mr. Zuckerberg, dueño de Facebook, Instagram y WhatsApp. Los servidores de sus plataformas colapsaron por seis horas; causándole pérdidas de hasta 7 mil millones de dólares y resultando en millones de sus usuarios experimentando ansiedad.

La realidad es que lo que sucedió ayer debería de ser una constante en nuestras vidas. Lo que pareció tan irreal, al no poder revisar nuestras redes sociales a lo largo de varias horas, debería ser la manera en la que comúnmente las utilizamos. Estudios muestran que la mayoría de personas revisan su celular 260 veces en un día. Esto significa que lo hacen ¡cada 5.5 minutos! Con razón el mundo entró en pánico cuando las redes sociales desvanecieron por seis horas.

La razón por la que sentimos ansiedad en relación a las redes sociales es por una molécula en nuestros cuerpos que se llama dopamina. Es una sustancia producida por nuestros cuerpos que es utilizada por nuestras neuronas. Es llamada la “hormona del placer y de la recompensa” porque cuando, por ejemplo, publicamos algo en las redes sociales y recibimos mucha atención a nuestras publicaciones, este proceso químico se efectúa en nuestros cuerpos, haciéndonos sentir bienestar y placer. Lo mismo sucede cuando comemos algo que nos encanta o cuando escuchamos la canción que más nos gusta.

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Foto por Quino Al en http://www.unsplash.com

El problema es que esta emoción producida por la dopamina, se puede convertir en una adicción. Cuando acostumbramos a nuestro cuerpo a recibir ese sentido de satisfacción por medio de las redes sociales, pero no lo recibimos comenzamos a sentir ansiedad. Esto nos puede acontecer cuando no recibimos muchos “likes”, cuando nadie ha publicado algo llamativo o cuando los servidores colapsan y no podemos revisar las plataformas por seis horas.

Si somos cristianos y estamos sintiendo ansiedad por no poder revisar el celular cada 5.5 minutos, hay serios problemas. Nosotros que tenemos al Señor morando en nosotros, deberíamos poder disciplinar nuestra mente a no tener que estarlo haciendo constantemente. Quizás lo sucedido ayer, podría llevarnos a todos a un auto-análisis y preguntarme: ¿Quién realmente está sentado sobre el trono de mi corazón? ¿Es el Señor o WhatsApp? ¿Es el Señor o Facebook? ¿Es el Señor o Instagram? Viendo lo que sucedió ayer de una forma objetiva, ¿pudiera ser que realmente se demostró por la ansiedad que sentimos, que Cristo no está sobre el trono de nuestros corazones? No necesito rezarle a María para ser idólatra. ¿Será que Dios permitió lo de ayer para mostrarnos que nosotros como iglesia vivimos practicando el pecado de la idolatría con la obsesión que tenemos a las redes sociales? Juan escribió: “Hijos, aléjense de los ídolos” (1 Jn. 5:21).

Remueva de su vida todo aquello que le quita a Cristo el lugar que solo él debería de tener en usted. Él y nadie más debería estar sobre el trono de nuestros corazones.