La Religión Pura y sin Mácula

Las Oraciones Imprecatorias

David Alves hijo

¿Qué son? 

Imprecar conlleva la idea de expresar palabras con el deseo de que alguien sufra por alguna falta cometida. La Biblia contiene muchas oraciones imprecatorias. Estas son peticiones por las cuales alguien le pide a Dios que él juzgue a un individuo que ha afrentado su glorioso nombre al causarle un gran mal. 

¿Qué características poseen?

Los pasajes inspirados en los que se anatematiza a un individuo tienden a recalcar lo siguiente:

(1.) Se desea la justicia de Dios.

(2.) Se apela a él como siendo el justo y soberano Juez.

(3.) Se expresa angustia por la perversión que rodea al individuo.

(4.) Se afirma que Dios es el que tomará venganza de lo realizado.

(5.) Se busca que el nombre de Dios sea glorificado al hacer que brille su perfecta justicia. 

¿Dónde se encuentran en la Biblia?

Mayormente tenemos la idea de que las oraciones imprecatorias únicamente se encuentran en los Salmos. Es verdad que muchas de ellas sí se encuentran en ese libro, pero la realidad es que se ubican dispersos a lo largo de todas las Escrituras. 

Encontramos oraciones imprecatorias en el Antiguo Testamento. En Deuteronomio 27-28 hay una oración imprecatoria donde se pide que la nación de Israel sea maldecida si no cumple con la ley de Dios. Débora pidió que los habitantes de Meroz fuesen maldecidos (Jueces 5:23). David pidió que el Señor juzgara entre él y Saúl (1 Samuel 24:12-15). Job era tan íntegro, que él le pidió a Dios que lo juzgara si él era culpable de transgredir su ley (Job 31). Como ya se mencionó, en los Salmos hay varias peticiones hechas al Juez de toda la tierra pidiendo que él ejecute juicio sobre los que violan sus preceptos (p.j. Salmos 5; 10; 17; 35; 58; 59; 69; 70; 79; 83; 109; 129; 137; 140). Jeremías fue dado a pedirle al Señor que se vengara de los que le causaban muchos males (Jeremías 11:20; 18:21-23; 20:12). Nehemías pidió que Jehová castigara a los enemigos del remanente fiel (Nehemías 4:4-5). 

Quizá nos sorprenda pero en el Nuevo Testamento también encontramos varias oraciones imprecatorias. En Mateo 23 Jesucristo pronunció diversos ayes sobre los fariseos y escribas malvados, deseando que pagasen por todo lo que hacían. En Hechos 4 leemos de los primeros cristianos pidiéndole a Dios que detuviese a aquellos que estaban persiguiéndoles por causa de su fe en Jesucristo. ¿No deseó Pablo la maldición de Dios sobre aquellos que predican un evangelio falso? (Gálatas 1:8-9). Pedro lanzó fuertes palabras de juicio contra Simón el mago por querer comprar al Espíritu Santo (Hechos 8:20-23). Pablo también ofreció una oración imprecatoria cuando le escribió a Timoteo: “Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos” (2 Timoteo 4:14). En Apocalipsis los mártires en la gloria le preguntan al Señor: “¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?” (Apocalipsis 6:9-10). 

Foto tomada por Patrick Fore

¿Cómo deben utilizarse en la actualidad? 

Comúnmente se ha enseñado que las oraciones imprecatorias solo fueron pronunciadas bajo la ley de Moisés. Se ha comprobado que ese no es el caso. Ya consideramos algunas de ellas que son mencionadas en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. 

Los reformadores y los puritanos que vivieron entre los siglos XIV-XVII pueden ayudarnos mucho en cuanto a nuestro uso de estas oraciones. Ellos consideraban que sí debían orarse por las siguientes razones:

(1.) Todas las Escrituras son provechosas para la iglesia (2 Timoteo 3:16). Las oraciones imprecatorias se mencionan a lo largo de todas las Escrituras. Tenemos que tener cuidado en decir que todo lo que está en el Antiguo Testamento no tiene nada que ver con nosotros. Si vamos al Nuevo Testamento y ahí también lo encontramos, debe ser algo que consideremos como para nosotros también.

(2.) Deben utilizarse bajo un lente cristológico al entender que un día futuro vendrá el Rey de reyes y él establecerá justicia perfecta sobre esta tierra.

(3.) Deben orarse tomando en cuenta lo enseñado por Jesús. “Yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen” (Mateo 5:44). Por lo tanto, las oraciones imprecatorias no deben utilizarse solo porque alguien siente rencor hacia una persona. No deben ser vistas como oraciones que uno puede orar para maldecir a alguien más. Debemos orar por el bien de nuestros enemigos y perdonar a los que nos dañan. Pero también es válido que un hijo de Dios pida que él detenga a alguien que le está causando mucho mal. No habría nada inadecuado de que alguien pida que el Señor castigue a personas que causan grandes males en este mundo. No estaríamos actuando impropiamente si oráramos un pasaje que se pueda relacionar con Dios castigando, por ejemplo, a aquellos que promueven el aborto; a aquellos que destruyen las vidas de muchos a través de las drogas; a aquellos que abusan a los niños inocentes; o a gobernantes que gobiernan de manera pésima a los habitantes de su país. Posiblemente si entendiéramos lo maligno que es la maldad y si comprendiéramos lo justo que es, cambiaríamos nuestra perspectiva sobre este tema.

(4.) Necesitamos confiar en los tiempos de Dios para que él obre de acuerdo a su perfecta voluntad para su honra y gloria. No debemos tomar la justicia en nuestras manos sino que el Señor haga lo que él desee. El enfoque no debe ser nuestro bien al ser vengados sino que el nombre sin igual de nuestro Dios sea grandemente exaltado.


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