Historias de la Gracia de Dios

Cuba: La Hermosa Isla Donde No Hay Excusas

David Alves Jr.

Por medio de este ministerio que tenemos en línea, Dios permitió que tuviésemos contacto con hermanos en Cuba en el 2020. Desde entones, ellos me extendieron la amable invitación de poder visitarles. Dios permitió que pudiese estar allá recientemente. Tomé un vuelo de Cancún a La Habana, de ahí viajé en autobús por dieciséis horas a Bayamo en la provincia de Granma y de ahí viajé una hora para llegar a Buey Arriba.

Cuba es un país muy hermoso. Una de las vistas que más me impresionó fue ver las montañas que conforman la Sierra Maestra. También me impactó grandemente el carisma y la afabilidad del pueblo cubano. Pero lo más deslumbrante, por mucho, fue ver la gracia de Dios en la isla de Cuba. La gracia de Dios es tangible, es algo que se ve. Contradice las reglas de la gramática que nos dice que la gracia es algo abstracto. No lo es. La gracia de Dios es algo concreto. Bernabé la vio cuando llegó a Antioquía (Hch. 11:23). Mi deseo es compartirles acerca de esa gracia divina que tuve el privilegio de observar en Cuba.

La gracia de Dios no necesita nada para poder ser admirada, porque por si sola es maravillosa. Pero tengo que confesar que al ver las dificultades y las adversidades con las que viven los creyentes día a día, sí hace que uno pueda ver más vívidamente la gracia de Dios. Hubieron varios momentos que me quedé sin palabras y con el corazón muy conmovido por cosas que vi y por historias que escuché. El propósito de este escrito, sí es para animarnos a orar por los hermanos allá; pero creo que el principal objetivo es para que sigamos el ejemplo de la hermandad allá. Me fui de Cuba sintiéndome muy privilegiado por haber conocido a hermanos que se santifican al Señor y que le sirven apasionadamente, a pesar de todo lo que viven. Una de las exhortaciones que recibió mi corazón al estar allá es que no hay excusas. Vi a hermanos que en vez de quejarse de su situación, viven y sirven en el gozo del Señor. En Cuba no hay excusas.

No hay excusas ante la oposición al evangelio

Fue increíble conocer a hermanos que recuerdan a Arnoldo Adams y a su familia. Ellos salieron de Canadá con el deseo de predicar la palabra en Cuba, lo cual hicieron por casi veinte años, hasta que se vieron obligados a salir de la isla por causa del triunfo de la revolución. Trabajaron en la provincia de Granma de 1956 a 1960. Esta fue la provincia que visité. Tuve el honor de conocer a las hermanas Ada y Ester. El padre de ellas, el hermano Chichi Vega, fue uno de los primeros en creer al Señor. Ayudó en la construcción de un lugar de reunión hecho de madera para que se reunieran los hermanos en El Confín. Esa estructura donde se predicaba sobre la inescrutable gracia de Dios fue quemada por los revolucionarios.

También fue muy especial conocer al hermano Walfrido. Viajamos una hora en vehículo y después caminamos por media hora para llegar a la comunidad en la que vive, la cual se llama Arroyo Prieto. El hermano Adams bajaba de la Sierra Maestra montado en su mula para predicar en donde hubiese interés. Su padre fue uno de los primeros que aceptó a Cristo en aquel lugar. Su conversión causó un gran impacto en sus conocidos por la vida que había llevado. Después de la revolución, el lugar donde se reunía la iglesia en Arroyo Prieto fue confiscado por los revolucionarios. El padre del hermano Walfrido fue encarcelado, en parte por su fe en Cristo. Por causa de la persecución, los hermanos dejaron de reunirse. El hermano Walfrido me contó sobre cómo su padre al estar en la prisión, tomó la decisión de animar a los hermanos a volver a reunirse al quedar libre. Lo que se propuso lo cumplió, y con la ayuda de Dios los hermanos continuaron reuniéndose, y lo siguen haciendo hasta el día de hoy. No solo tuvo un gran impacto en la asamblea allí, pero también en su familia. Sus hijos, nietos, y ahora bisnietos, han tenido una parte muy importante en el establecimiento de distintas iglesias. Uno de sus hijos trabaja en Bueycito, otro en Santiago de Cuba, y un bisnieto está por mudarse a Artemisa.

En la actualidad, los hermanos tienen libertad para predicar el evangelio, pero hay ciertas limitantes. Yo experimenté distintas restricciones como visitante a la isla. Pero en Cuba no hay excusas. Los hermanos realizan conferencias, campamentos y campañas. También tienen que lidiar con defender su fe y competir el evangelio con muchos que no creen en Dios, porque han preferido creer en una forma de gobierno. El espiritismo también ha creado una fuerza maligna con la que tienen que luchar los cristianos. Esto no les detiene de dar testimonio de su fe en Cristo. Comparten el evangelio con cualquier persona, pero noté un énfasis en traer a sus familiares a los pies de Cristo. Esto habla bien de su testimonio, porque nadie nos conoce mejor que nuestra familia.

Quizá Dios tenga que permitir algo muy drástico en otros países latinoamericanos, como la persecución a los cristianos por su fe, para despertar a tantos de nosotros que mostramos un letargo muy marcado en cuanto a la propagación de la palabra eterna. Muchos vivimos en países donde tenemos plena libertad, pero la realidad es que no estamos aprovechando las puertas abiertas que Dios ha dispuesto. Muchos no mostramos interés en las almas de nuestros propios familiares. Dios abra nuestros ojos al hecho de que la mies es mucha y los obreros pocos; y que los campos están blancos, listos para una gran cosecha.

En Cuba no hay misioneros extranjeros. Como ya mencioné, ellos fueron expulsados del país. Tienen más de sesenta años sin extranjeros trabajando permanentemente en su país. ¿Crees que esto causó el fin de la obra del Omnipotente? ¡Jamás! El día de hoy hay varias iglesias que honran la palabra de Dios y la Persona de Cristo; y hay varias comunidades nuevas donde se está trabajando. Todo este trabajo siendo hecho por hermanos cubanos.

Hay países en Latino América que si eso sucediese, tendríamos que preguntarnos, ¿qué harían los hermanos? Tristemente, es común que si el misionero extranjero sale, no nos congregamos. Si él no toma la iniciativa de que se predique la palabra o que se lleve a cabo alguna otra actividad, sencillamente no se hace nada. A veces se debe al control que misioneros quieren tener sobre lo que le pertenece al Señor de la míes, pero a veces se debe a que los hermanos tienen su mirada puesta en el foráneo, y no en el Señor de toda gloria. ¿No hay misioneros en tu localidad? No hay excusas. Necesitas a Dios y a nadie más. Trabaja con tu mirada en él.

No hay excusas ante las carencias materiales

A veces pudiéramos pensar, si solo tuviera más recursos, serviría a Dios con más entrega. Los cristianos en Cuba son un admirable ejemplo de que no se necesitan tener una gran cantidad de recursos para entregarse a Dios. Son como los de Esmirna que tenían poco materialmente hablando, pero eran ricos para con Dios (Ap. 3:9). Para los hermanos Cubanos, Dios el que provee siempre, tiene mucha más relevancia que las necesidades que tienen porque en Cuba no hay excusas.

La energía eléctrica yéndose cada seis horas por seis horas no afecta el hecho de que se reúnan o que visiten los hermanos. La falta de vehículos, motocicletas o un sistema de transporte, no les impide trabajar en la viña del Señor. Caminan largas distancias, aún si involucra subir montañas para congregarse o para llevar la palabra a una familia. El hermano Felipe regularmente visita dos comunidades en las montañas para predicar el evangelio, lo cual involucra caminar más de una hora. Tuvimos el gozo de presenciar un bautismo mientras estuve allá. Dannei se comprometió a discipular a este hermano antes de bautizarse. Esto significó caminar un total de 4 horas en la montaña. Conocí a una hermana que camina 7 kilómetros para reunirse. La hermana Daide tiene un ministerio llamado “misericordia” en el que se recolectan despensas y se distribuyen a las familias más necesitadas para animarles a que conozcan a Jesús. El hermano Felipe y la hermana Ernestina me recibieron en su hogar y me mostraron la mejor hospitalidad que haya podido recibir. Distintos hermanos les ayudaron para que yo pudiera comer, al darles frutas y verduras de sus fincas. El hermano Edisnel sacrificó la poca gasolina que tenía, porque allá es racionada, para transportarme en su motocicleta. El hermano Ernesto, quien lleva la palabra a varias comunidades, hizo lo mismo al llevarnos en su vehículo para poder conocer Arroyo Prieto.

Conocí en carne propia lo que escribió Pablo de los macedonios. “Su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad” (2 Co. 8:2). Dejemos de usar la parte económica como una excusa para no hacer distintas cosas para el Señor. Si lo poco que tenemos no lo usamos para la gloria de Dios, ¿qué nos hace pensar que Dios nos bendecirá con más o que le serviremos teniendo más? Sirvamos a Dios, tengamos poco o mucho, confiando que él proveerá lo necesario.

Al concluir, te animo a que ores por la propagación del evangelio y por las iglesias en Cuba. Sigue el ejemplo de nuestros amados hermanos. No hay excusas. Glorifica a nuestro gran Dios que ha obrado en ellos y a través de ellos para que su nombre sea honrado en su preciosa isla.