Temas contemporáneos

La Masculinidad: Adán, el Primer Hombre

David Alves Jr.

Dios creó al primer hombre a su imagen y semejanza. Esto significaba que el hombre compartía atributos que ninguna otra creación de Dios gozaba tener. Todo fue creado por Dios, pero solo el ser humano fue creado a su imagen. En lo espiritual, moral y mental, podemos ver maneras en las que nos asemejamos a Dios. 

Esto nos permite relacionarnos con Dios de una manera mucho más profunda que el resto del universo; pero esto también nos genera una inmensa responsabilidad. Adán fue creado a imagen y semejanza de Dios para representarle aquí sobre la tierra. La autoridad de Dios sobre su creación se manifestaría en parte por el dominio que él le dio a Adán sobre los animales de la tierra. El gobierno de Dios también lo podemos ver en la relación matrimonial de Adán y Eva. El primer hombre es visto como siendo la cabeza de su esposa. 

Al considerar el tema de la masculinidad, necesitamos entender esta particularidad que poseemos los varones. Dios nos creó para desplegar su señorío, poder y jurisdicción. El Señor le dio a las mujeres la gloria de la feminidad y a los hombres la gloria de la masculinidad. A Dios le glorifica que te desenvuelvas como el hombre que él te diseñó para que tú fueses. No estamos hablando de machismo, sino de comportarnos varonilmente de acuerdo a lo que se establece en las Escrituras. 

En tu matrimonio y en la iglesia es donde se ve principalmente tu masculinidad. Quizás ya no se vea tan claramente en nosotros el dominio que Adán gozó sobre los animales, pero en esos dos ámbitos mencionados, Dios prescribe que tú poseas una autoridad. En Efesios 5, vemos la autoridad del varón en el matrimonio; y en 1 Timoteo 2, vemos la autoridad del varón en la iglesia. No importa que estemos en el año 2022. Lo establecido por Dios en la formación de Adán y Eva; y en el inicio de las iglesias en los tiempos de los apóstoles, es lo que nos regirá hasta la venida de Jesucristo. Nuestra sociedad calificaría este tema de la Biblia y este escrito como misóginos. Esto está afectando la forma de pensar de los cristianos. Muchos se están alejando más y más de lo deseado por Dios. 

El pecado entró en el mundo porque una mujer decidió tomar una autoridad que no era suya. Ella debió sujetarse a su esposo, pero por querer ser como Dios y por querer tener más conocimiento que su esposo, ella desplazó la autoridad que su esposo tenía sobre ella. 

Varón, en tu matrimonio, tú debes ser la cabeza; y en la iglesia, tú deber llevar la responsabilidad del liderazgo de Dios. Como con Eva en el Edén, tendremos problemas cuando el orden divino de autoridad no se respete en el matrimonio o en la iglesia. Esto no tiene nada que ver con ser un mandamás donde uno es el caudillo y la esposa o la congregación son súbditos de uno. Lo que Dios marca en su palabra es que es el hombre que lleva la responsabilidad en su hogar y en la iglesia. La autoridad que Dios nos da, no nos pone por encima de los demás, sino tiene que ver con trabajo, ejemplo, servicio, iniciativa, diligencia, y muchas cosas más. Necesitas dejar de que tu madre, tu esposa o cualquier otra persona interfiera en tu matrimonio. Necesitas dejar de permitir que mujeres tengan una figura de autoridad en la iglesia que Dios no les ha dado. 

Para esto, tendrás que ser lo que Dios quiere ver en un hombre. Eva se sujetó a un hombre que tenía autoridad sobre los animales, guiaba perfectamente su matrimonio y era responsable en su trabajo de cultivar tierras en el paraíso. Hay hombres que quieren tener autoridad, pero no están dispuestos a trabajar o a esforzarse para conseguirlo. Siguen jugando videojuegos como lo hacían en su niñez. Siguen mostrando una gran inestabilidad laboral. Siguen teniendo que salir con los amigos, porque no entienden que la persona más importante en sus vidas es su esposa. Siguen dependiendo de más de sus padres. Mostrar masculinidad no se consigue gratuitamente o fácilmente. Es algo que te implicará disciplina, esmero y sacrificio. El respeto no es algo que se exige, es algo que se gana. 

El diseño de Dios para el matrimonio y el trato que Adán debía darle a Eva, también nos ayuda a poder entender lo que es la masculinidad. La Biblia no promueve la misoginia, sino más bien es la sociedad progresiva en la que vivimos que denigra a la mujer. El hombre sin Dios es bien visto por acostarse con cuantas mujeres desee. Dios condena eso. Al promover Dios el matrimonio, una de las cosas que hace, es proteger la dignidad de las personas. Hay una dignidad muy particular en que un hombre solo tenga relaciones sexuales con una sola mujer, con aquella persona a la que está casado. 

Foto por Lachlan Dempsey en http://www.unsplash.com

Medita en lo que Dios nos enseña en cuanto a la masculinidad en la forma en la que Adán debía considerar y tratar a Eva. Dios sacó una costilla del hombre para crear a la mujer. Los rabinos enseñaban que Eva siendo formada de una costilla debajo del brazo de Adán, muestra la protección que debemos darle a nuestras esposas; y el hecho de que la costilla estaba cerca del corazón de Adán, muestra que debemos amar a nuestras esposas. Un verdadero hombre protege y ama a su esposa. 

Cuando Adán recibió a Eva como esposa, él entendió que ella era hueso de sus huesos y carne de su carne. Eva salió de la costilla de Adán para después ser unida a él y así ser ambos una sola carne. Nuestras esposas forman parte de nosotros y nosotros de ellas. Pablo enseña lo mismo en 1 Corintios 7. Hay una unión sumamente íntima entre dos personas que se han casado. La masculinidad bíblica nos debe llevar a estar convencidos de esto y de mostrarlo en la manera en la que tratamos a nuestras esposas. Un hombre es aquel quien ama a su esposa, está al tanto de sus necesidades, es la persona a quien más ama, le es fiel, la trata con sumo respeto y delicadeza. La mujer, lejos de ser una sirvienta del hombre, fue creada para ser su ayuda idónea. Como varones, debemos valorar profundamente a nuestras esposas. Mensajearte con otras mujeres, mirar pornografía o tratarla como si solo fuera una camarera y cocinera, revela que realmente no valoras a la mujer que Dios te ha dado. 

En esta unión matrimonial de la que estamos hablando, Dios instituyó: “Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. El problema con muchos varones es que sus padres nunca han permitido que sus hijos se conviertan en hombres. Sus hijos ya son adultos, casados y con hijos, y los siguen tratando como si tuvieran 9 años de edad. Esto termina afectando grandemente el nuevo núcleo familiar que se formó cuando dos personas se casaron. Hermano, tú necesitas tomar la responsabilidad de tu familia, y no permitir que otras personas interfieran en los asuntos de tu hogar. Hay ocasiones en las que pedimos consejos, pero eso muy diferente a que permitamos que nuestros padres o abuelos ejerzan autoridad sobre nuestro matrimonio y sobre la crianza de nuestros hijos. Tu esposa y tus hijos, necesitan que cumplas el rol que Dios te ha dado a ti como hombre. 

Nuestro primer padre falló en seguir a Eva a comer del fruto. Él había recibido la orden de no comer de ese árbol y él debía ser el guía de Eva. No estuvo dispuesto a llevar la carga de ser el hombre que Dios quería que fuese. Este síndrome lo sufrimos muchos, especialmente cuando hay un problema. Como hombres, podemos luchar en ser la cabeza de nuestro hogar, pero esto se puede notar aún más cuando hay alguna crisis en nuestro hogar. Al vernos imposibilitados en hacer algo, miramos a nuestra esposa y pensamos que ella debe hacer algo como por arte de magia para resolver la situación por la que estamos pasando. En este caso, Adán no es un buen ejemplo. En esta crisis que se le presentó, él tuvo que haber tomado la iniciativa necesaria para ver cómo tratar con esta situación. Cuando una familia pasa por una adversidad, es el hombre que debe tomar el liderazgo, y con la ayuda de Dios, ver qué se puede hacer para ayudar la situación. Tu esposa y tus hijos deben mirarte a ti como el que los va a guiar en la prueba por la que estén pasando.

Lo otro en lo que no nos es de buen ejemplo Adán, fue cuando había comido del fruto. Se escondió de Dios, y cuando el Señor lo confrontó, en vez de admitir su culpa, le echó la culpa a Eva. La masculinidad, de acuerdo a Dios, nos hace admitir cuando estamos mal y nos motiva a hacer lo que tengamos que hacer para corregir lo que hemos hecho. Mis faltas, no son culpa de mi esposa. Yo necesito hacerme responsable de mis propios errores. Aún en cuanto a las faltas de mi esposa y de mis hijos, como hombre yo también tengo responsabilidad en eso. Nosotros los varones tenemos la encomienda divina de discipular a nuestra esposa y a nuestros hijos para ayudarles con las debilidades que ellos tienen.