Preparados para presentar defensa

La Accesibilidad y la Claridad de las Escrituras

La Iglesia Católica y otras sectas religiosas, como los Testigos de Jehová, afirman que no es posible estudiar la Biblia por sí solo. Ellos enseñan que es indispensable que uno sea enseñado por alguien más junto con otros materiales didácticos.

En el caso de la Iglesia Católica, ellos afirman en su Catecismo lo siguiente: “¿Cómo podemos conocer el verdadero significado de las doctrinas que se encuentran en la Biblia? Sí podemos conocer el significado verdadero y es por medio de la Iglesia Católica que ha sido autorizada por Jesucristo para explicar sus doctrinas.” En este contexto, también afirman que su Iglesia “está guardada del error en sus enseñanzas por el apoyo especial que recibe del Espíritu Santo”.

El Papa León XIII lo dijo muy claramente refiriéndose a la Iglesia Católica: “Dios le ha encomendado las Escrituras a la Iglesia que es la guía perfecta, confiable y maestra. Da la interpretación perfecta a las Escrituras. Nadie puede enseñar un sentido distinto al que le de la Iglesia y tiene que ser unánime con lo enseñado por los padres.”

Los Testigos de Jehová explican cómo no basta con solo estudiar la Biblia, y que si se deja de estudiar después de dos años, uno entra en un estado de tinieblas y se pierde todo lo que se había aprendido a lo largo de varios años.

Antes de refutar estas afirmaciones, hay algo que debemos aclarar. Dios sí quiere que en el contexto de una iglesia aprendamos sobre su palabra. Tampoco cabe la menor duda que el Espíritu Santo ha habilitado a ciertos hermanos para que sean maestros del Supremo Libro para que le den su sentido, como se hacía en los tiempos de Esdras. Eso no lo negamos ni por un momento. Los siguientes pasajes lo hacen abundantemente claro: Mt. 28:20; Hch. 13:1; Rom. 12:7; 1 Co. 12:28; Ef. 4:11; Col. 3:16.

Pero una cosa es decir que Dios nos ha brindado maestros para entender la Biblia; y otra cosa es creer que solo ellos nos la pueden enseñar, al no poder nosotros estudiarla por nuestra propia cuenta. El Espíritu Santo da el don de la enseñanza a los maestros, pero cada uno que es hijo de Dios, tiene al Consolador como su maestro (Jn. 14:26). Esto nos debe a animar a estudiar la Biblia a solas todos los días. Juan lo puso muy claramente. “La unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él” (1 Jn. 2:7). Juan no está enseñando que no necesitamos maestros, sino que el Espíritu siendo nuestro Maestro, debe ser más que suficiente para poder estudiar la Biblia.

man in black shirt reading book
Foto por Priscilla Du Preez en http://www.unsplash.com

Considero que lo explica muy claramente el escritor y maestro bíblico Archibald Hodge (1823-1886) al presentar los siguientes puntos con sus respectivas citas.

1. Todos los cristianos sin distinción son mandados a escudriñar las Escrituras

2 Tim. 3:16- “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

Hch. 17:11-  “Éstos [los de Berea] eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.”

Jn. 5:39- “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.”

2. Las Escrituras están dirigidas a todo hombre y al cuerpo completo de creyentes

Véase: Dt. 6:4-9; Lc. 1:3; Rom. 1:7; 1 Co. 1:2; 2 Co. 1:1

3. Se afirma que las Escrituras son perspicuas (transparentes o claras)

Sal. 119:105- “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.”

Sal. 119:130- “La exposición de tus palabras alumbra; Hace entender a los simples.”

2 Pe. 1:19- “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.”

4. Las Escrituras se presentan a sí mismas como una ley divina directa para ser obedecidas personalmente por los hombres.

Véase: Ef. 5:22; 6:1, 5, 9; Col. 4:1; Rom 16:2

Todo esto nos lleva a una sola conclusión. Démosle gracias a Dios por maestros que nos enseñan correctamente su palabra, pero es nuestra responsabilidad estudiar la Biblia de manera personal. Pablo le escribió a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Tim. 2:15). Ninguna Iglesia iba a hacer eso para Timoteo de forma exclusiva. Él iba a tener que apartar el tiempo para escudriñar las Sagradas Escrituras, y con la ayuda del Espíritu Santo, iba a ser edificado, nutrido y enseñado. Hagamos nosotros lo mismo. Un verdadero maestro de la palabra anima a los demás a estudiarla constantemente.