Escritos

Cristo en toda la Biblia

El Pueblo es Justificado

Números 23

Balac insistió en que el profeta Balaam maldijera a Israel. En este capítulo, Balac preparó siete altares en tres ocaciones por orden de Balaam, para consultar a Dios sobre el deseo de maldecir a su pueblo.

Balaam no tenía que consultarlo. La respuesta de Dios obviamente sería que no podía hacerlo, porque como vimos anteriormente, el pueblo para él era bendito, y lo seguirá siendo por siempre.

Por favor no admita la teología que se promueve en nuestros días sobre el hecho de que la iglesia ha reemplazado a Israel, porque Dios supuestamente ha escogido desechar a la nación Hebrea ¡Absolutamente imposible! La fidelidad de Dios hacia su pueblo jamás se agotará por su enorme misericordia.

Aún en esto podemos ver a nuestro Señor Jesús, “porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” (2 Co. 1:20). Toda promesa tiene su cumplimiento en nuestro bendito Salvador. Quizás usted está pasando por una gran aflicción. Al preparase para adorar al Señor el día de mañana, recuerde que el Dios que ha sido fiel a Israel por todos estos años, también es fiel hacia usted y sus promesas nunca fallarán. 

Regresando a la narración enfocada en Balaam y Balac, queremos notar que en una de las intervenciones que Dios tuvo con el profeta, él le mandó a decir al rey de Moab: “No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel” (v.21).

Esto tiene que ser una alusión a la justificación que Dios otorga a los que creen él. Jacob sí llevaba iniquidad y en Israel sí había perversidad; pero cuando los veía a través de la justicia que él les había impartido, no veía su maldad. Lo mismo ocurre con nosotros que hemos creído en Señor, “el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Rom. 4:25). 

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Foto por Free Nature Stock

Nosotros, que también éramos culpables por causa de nuestro pecado, somos observados por Dios a través de la perfecta justicia de Cristo que nos ha sido imputada. Esta es la doctrina enfatizada por Pablo cuando en repetidas ocaciones habla de nosotros como encontrándonos “en Cristo”. Antes en el pecado, pero ahora “en Cristo”, con toda su justicia cubriéndonos y llenándonos.

Pablo también afirma esto al escribir: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co. 5:21). Hemos sido justificados, declarados justos, porque el Señor fue hecho ofrenda por el pecado por nosotros en el Gólgota.

Después del momento en que creímos en Cristo, fuimos como ese publicano- perverso, malo y culpable- pero que al creer en Dios, se fue a su casa justificado (Lc. 18:14). O como Abraham, padre de Israel, quien hace unos 4,000 años en una noche estrellada, decidió creer a Dios. En ese momento su fe le fue contada por justicia (Rom. 4:3).

La maravilla de maravillas es que Dios, como con Israel, no ve nuestra maldad, sino que observa en nosotros la justicia del Hijo de su amor. 

La justificación no era algo que podíamos obtener por obedecer la ley de Moisés (Hch. 13:39; Rom. 3:20, 28; Gál. 2:16; 3:11). La infinita justicia de Dios y nuestra naturaleza depravada, hacía que no podíamos justificarnos ante Dios por nuestros propios méritos.

Gracias a Dios que en nuestra gran necesidad, él permitió que fuese por gracia (Rom. 3:24; Tit. 3:7) y solo por fe (Rom. 5:1; Gál. 3:24). Gracias a Dios que nuestra justificación no depende de nosotros, sino que es completamente por los méritos de Cristo. Él tuvo que derramar su sangre y redimirnos del pecado para que podamos ser vistos por Dios a través de su justicia. Fuimos “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Rom. 3:24). Todo esto es por la sangre que derramó de su cuerpo precioso. “Estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Rom. 5:9). 

Disfrutemos esta gran verdad. Israel lo gozó en los días en que Balac quería que fuesen maldecidos y lo disfrutarán en un día futuro cuando todo el remanente será justificado (Isa. 45:25). Nosotros hoy podemos disfrutar la hermosa doctrina de la justificación por lo que Cristo es en su persona y por la inmensa obra que hizo a nuestro favor. 

Un pueblo justificado, debe servir y adorar a Dios en justicia.