Himnología

Ven, de Todo Bien la Fuente

No lo reconocería si alguien me mostrará una foto de él. Al verlo, tampoco pensaría que pudiera identificarme con un hombre retratado a blanco y negro; y vestido de una forma anticuada. Posiblemente lo mismo te sucedería a ti. Pero no. Robert Robinson tuvo las mismas luchas que tenemos y sirvió al mismo Dios al que servimos.

La niñez de Robert se complicó cuando a los 5 años de edad, la muerte le quitó a su padre y su abuela lo desheredó. La felicidad y el sentido de propósito de vida llegaron cuando a los 20 años de edad, creyó en el Señor el 10 de Diciembre de 1755. En ese día inolvidable para él, escuchó una predicación que tocó las fibras más profundas de su corazón sobre el tema de la “ira venidera” (Mt. 3:7).

Robert Robinson comenzó su nueva vida en Cristo con mucho esmero, y tiempo después se dedicó a predicar la Palabra, y a publicar escritos sobre temas bíblicos. También escribió varios himnos, el más conocido siendo el siguiente:

Ven, de todo bien la fuente,
ven, eterno Salvador,
ven, ayúdame a cantarte
dignos cantos de loor.
Tú, Señor, por mí moriste;

quiero yo por Ti vivir.
Sólo Tú eres mi esperanza,
sólo Tú mi porvenir.


Triste yo era y extraviado
cuando Cristo me buscó;
de la muerte por salvarme
Él su sangre derramó.
En su muerte de cariño
vida, paz, perdón hallé;
y por Él la vida eterna
en el cielo gozaré.


De tu gracia, oh bien Amado,
soy continuo deudor;
Más y más a Ti me atraes
por los lazos de tu amor.
Ven, de todo bien la fuente,
fuente de mi salvación;
doy a Ti mis alabanzas,
doy a Ti mi corazón.

Come Thou Fount – Chasing the Wind
Foto tomada de http://www.chasingthewind.net

Pero con un descuido, las cosas cambian. A veces nos pasa lo que sucedió con los Efesios- abandonamos nuestro “primer amor” (Ap. 2:4). Lo mismo le pasó a Robert. Ya no estaba viviendo en el gozo de su salvación, como cuando escribió en el himno acerca de su meta de vivir para Cristo o de los lazos de Su amor que lo atraían a Él.

Unos 30 años después de escribir esas palabras, Robert viajaba en un tren, y por la providencia de Dios, le tocó sentarse junto a una mujer que iba leyendo. De todo lo que ella pudiera haber ido leyendo, ¿qué crees que era lo que tanto cautivaba su atención? Ella iba gozándose profundamente al leer una y otra vez aquel himno escrito por Robert Robinson. La señora no podía guardárselo más, y estaba tan impactada por esas palabras, que con urgencia se las quería mostrar a alguien para que compartiese su mismo gozo en el Señor. Ella vio al hombre a su lado sin conocerlo y le preguntó: “Disculpe señor, ¿alguna vez ha leído usted estas hermosas palabras?” Robert no podía creer lo que sus ojos estaban mirando. Visiblemente agitado y avergonzado trató de evadir la pregunta increíblemente incomoda para él. La mujer no iba a desistir y ella le expresaba lo mucho que le era de bendición el himno y quería saber si Robert lo había leído anteriormente. Después de un silencio ensordecedor, Robert comenzó a llorar y dijo: “Señora, yo soy el hombre pobre e infeliz que compuso las palabras de ese himno, y yo daría mil mundos para disfrutar una vez más los sentimientos que tenía en ese entonces cuando escribí esas palabras.” El Señor usó esa experiencia en la vida de Robert para atraerlo una vez más a Él por los lazos de Su amor.

Quizás tú estás pasando por algo similar. Te aseguro que no eres el único, porque a todos nos pasa. En el amor de Cristo, te animo a que detenidamente veas la foto de Robert Robinson, porque su vida es un testimonio de alguien que tuvo las mismas luchas que tienes y que experimentó el gran poder triunfador y restaurador de Dios en su vida. Por más tiempo que haya pasado, por más desorientada que esté tu vida, Dios te está esperando con los brazos abiertos para que puedas servirle como lo hiciste en un tiempo. ¿Por qué perder la esperanza en ti, si Dios sigue teniendo innumerables propósitos maravillosos para tu vida? “Si fuéremos infieles, Él permanence fiel…” (2 Tim. 2:13).

En el himno, Robert Robinson, escribió sobre cómo el Señor quiere atraernos más y más a él. ¿Cuál será tú decisión? ¿Regresarás a él? Dios quiera que puedas cantar de todo corazón, junto con ese hombre a quien Dios restauró: “Doy a ti mis alabanzas, doy a ti mi corazón.”