Vida Cristiana

Jehová es Mi Pastor

El Salmo 23 únicamente contiene seis versículos, pero ¿cuántas veces lo hemos buscado para disfrutarlo como un oasis que nos refresque en nuestro desierto o que sea como una roca que nos refugie en las tormentas que nos azotan?

Su autor, el rey David, escribe acerca de Jehová siendo su Pastor, cuando esa había sido su misma profesión. Al contemplar lo que había sucedido a lo largo de su vida, con todo lo que había padecido y con todas las maneras en las que Dios le había auxiliado, él describe su vida como siendo pastoreada por el Pastor de pastores.

David, el experto en pastorear ovejas, escribe acerca del gran Pastor del pueblo de Dios. Siente tanta cercanía con su Pastor, que en los primeros tres versículos habla acerca de él, pero en los últimos tres versículos, habla con él directamente. En muchas ocasiones, David sintió los estragos de la soledad y lo abrumador de las adversidades de la vida. En esos momentos amargos, cuando él no tenía a nadie más, David podía hablar del Pastor y al Pastor.

Al hablar acerca de su Pastor, realmente el tema del Salmo 23, es la suficiencia que su alma atribulada podía encontrar en él y no en nadie más. David describe distintas cosas suyas y como cada una de ellas son bendecidas por la suficiencia de su Pastor. Habla de “mi alma” (v.3), “mis angustiadores” (v.5), “mi cabeza” (v.5) y “mi vida” (v.6). No había nada que su Pastor no podía satisfacer. Es posible que al meditar nosotros también en la suficiencia de nuestro Buen Pastor, pudiéramos llegar a la conclusión a la que llegó David: “Nada me faltará” (v.1) y “mi copa está rebosando” (v.5).

Foto por Steven Lasry

David nos dice todo lo que recibe del Pastor. No lo deja solo ni a la deriva, sino que lo pastorea (v.1, 2). No permite que sea una oveja desorientada, porque lo guía por sendas de justicia (v.3). No lo desampara ni abandona como otros sí lo habían hecho. Está seguro de que: “Tú estarás conmigo” (v.4). También recibe de su Pastor una atención muy personal al disfrutar comunión con él en la mesa que le ha preparado y ha sentido los beneficios de ser ungido por él (v.5). David mira su pasado y su presente; y se da cuenta de lo dadivoso que ha sido su Pastor, a pesar de las aflicciones, y tiene la confianza de que el bien y la misericordia le seguirán todos los días de su vida (v.6).

El salmista nos presenta distintos lugares a donde lo ha llevado el Príncipe de los pastores, y cómo en cada una de ellas, sus necesidades emocionales han sido resueltas por él. Se encontraba cansado, y su Pastor lo llevaba a “delicados pastos” y a “aguas de reposo” para dar a su alma descanso (v.2). David se deprimía por todo lo que acontecía en su vida, pero el Pastor lo confortaba y lo guiaba por las sendas de justicia por amor de su nombre (v.3). El gran Pastor en el cielo, en ocaciones nos hacer detenernos para descansar, pero a veces nos da ese reposo que requerimos al ir caminando por la vía que él nos ha trazado. Siendo hombre, era normal que David sintiera miedo cuando el Pastor le pedía caminar por el “valle de sombra de muerte” (v.4). A nadie le gusta tener que caminar cuesta arriba o abajo en la fría oscuridad, pero a veces es lo que el Buen Pastor quiere para nosotros. Por más temor que podamos sentir junto con David al caminar por un valle, podemos confiar en el que nos ha llevado allí para no temer porque con su vara y cayado nos infunde aliento (v.4). David piensa en un último lugar a donde lo quiere llevar el Pastor: a su casa. Contempla el bendito porvenir que le espera poder dejar todas sus tristezas atrás y morar en la casa de Jehová por largos días (v.6).

Jesucristo es suficiente. Encuentra en él plena satisfacción como lo hizo David. No permitas que nada ni nadie te impida experimentar la infinita suficiencia de nuestro Pastor.