Vida Cristiana

El Único Escape Para Un Corazón Desmayado

…Cuando mi corazón desmayare: llévame a la Roca que es más alta que yo. Salmo 61:2

Cuando. No deja ninguna posibilidad de que no ocurra. Pasar por épocas con el corazón abrumado es inevitable en cada una de nuestras vidas. 

David el rey, quizás en un momento inusual de soledad, toma con cariño su kinnor y se apoya contra la pared de madera de cedro en su casa real. Cierra los ojos, olvidándose por un momento los rostros de sus enemigos que se retorcían por odio y comienza a tocar. 

“¡Oye, oh Dios mi clamor!” La voz clara del dulce salmista de Israel se eleva hasta el techo y traspasándolo, penetra el salón del trono de Dios. “A mi oración atiende. Desde el cabo de la tierra clamaré a ti.”

Un hombre de profunda emoción, las lágrimas deben haber corrido suavemente por sus mejillas, perdiéndose en su barba.

“Cuando mi corazón desmayare: llévame a la Roca que es más alta que yo …”

Este era su único recurso. Su corazón muy humano se sintió desmayado una y otra vez. Habían hijos rebeldes, potencias extranjeras enojadas. Traidores y pecado y dolor.

Tal fue su devastación emocional que suplica a Dios: “¡Llévame a la Roca!” David, en nuestras palabras, estaba acabado. Su corazón estaba tan retorcido, tan inundado, tan completamente destrozado, que necesitaba que Dios lo llevara a Dios.

Es un lugar oscuro encontrarse allí. 

Quizás David, con los dedos en esas cuerdas, recordó repentinamente sus días como pastor en las laderas de las montañas a las afueras de Belén. Una tormenta se acerca, él lleva a su rebaño indefenso y asustado fuera del peligro de las inundaciones repentinas y quedar expuestas, hasta llevarlas debajo de un acantilado como refugio. Asilo, calor, protección.

David se encuentra ahora como aquel cordero cansado y corre hacia el Pastor de su alma. Dios no se ríe como lo hace con los malvados. No se burla de David. En cambio, encorva su cayado alrededor de su cuerpo tembloroso y lo atrae hacia adentro. Lleva a su hijo a la Roca de la paz y la protección.

Desde ese lugar alto, resguardado bajo la Roca, David mira hacia el valle de la dificultad.

Alza su voz en alabanza a su Dios fiel.

“Porque tú has sido mi refugio, y torre fuerte delante del enemigo. Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; estaré seguro bajo la cubierta de tus alas. Selah.

Porque tú, oh Dios, has oído mis votos; me has dado la heredad de los que temen tu nombre. Días sobre días añadirás al rey; sus años serán como generación y generación.

Estará para siempre delante de Dios; prepara misericordia y verdad para que lo conserven. Así cantaré tu nombre para siempre, pagando mis votos cada día.”

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