Escritos

Cristo en toda la Biblia

Samgar, Aparentemente Débil pero Fuerte

David Alves Jr.

Jueces 3:31; 5:6, 7

Son seis jueces de Israel que son llamados menores porque se nos dice muy poco acerca de ellos en las Escrituras. Esta fue la voluntad del Espíritu.

A pesar de esto, hay joyas preciosas que podemos encontrar en cada uno de ellos que nos llevan a pensar en nuestro exaltado Señor Jesús.

Los seis jueces menores son: Samgar, Tola, Jair, Ibzán, Elón y Abdón. Hoy consideraremos al juez Samgar.

Él fue hijo de Anat. Al parecer, este nombre es de origen gentil. Vemos aquí uno de muchos ejemplos en el Antiguo Testamento de gentiles perteneciendo al pueblo de Israel al haberse convertido al único Dios vivo y verdadero.

Esto trae a nuestras mentes la gracia de Jesús manifestada a nosotros los gentiles. Al haber nacido, se dijo de Él que sería “luz para revelación a los gentiles” (Lc. 2:32). Su gloriosa luz llegó hasta “Galilea de los gentiles” (Mt. 4:15). Comisionó a Pablo para que le predicara a los gentiles (Hch. 9:15). Aún habiendo estado lejos y ajenos a los pactos y a las promesas de Israel; por medio de la gracia de Cristo, hemos sido hechos coherederos y miembros del cuerpo de Cristo (Ef. 3:6).

Como gentiles, exclamamos: ¡Gloria a Dios por haberse compadecido de nosotros y por haber destinado a Su Hijo a morir también por nosotros!

Samgar vivió en días durante los cuales se vio una completa desolación en Israel. Los caminos principales se encontraban vacíos por el miedo que posiblemente tenía la gente de ser asaltada. Las aldeas habían quedado abandonadas. Esto reflejaba la condición espiritual de Israel. Se podía palpar el daño que trae el pecado a aquellos que se entregan a él. No olvidemos que en esos tiempos en Israel, todos hacían lo que querían.

Las condiciones de Israel y del mundo eran semejantes a eso cuando vino el Mesías a esta tierra. Según el profeta Isaías, el Hijo de Dios fue como un renuevo y como una raíz en tierra seca. Él vino a remediar la desolación devastadora que había causado en la humanidad el pecado. Con razón Cristo pudo decir, “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn. 10:10).

Por último, consideremos en cuanto al primero de los jueces menores, que usó una aguijada para matar a 600 filisteos y así darle a su pueblo la victoria y la libertad. Cada uno de los jueces representan a Jesús salvándonos del pecado. Lo que nos llama la atención de Samgar en la salvación que le dio a Israel, fue el instrumento muy ordinario que usó para llevarlo a cabo. Una aguijada era una vara de unos tres metros que se usaba para punzar al ganado, para raspar el excremento del ganado en el suelo y empleado por los agricultores para arar la tierra. Dios usó algo tan común como una aguijada para desplegar Su gran poder. Cuán ciertas son las palabras del Espíritu en cuanto a Dios en 2 Corintios 12:9, “mi poder se perfecciona en la debilidad”.

Esto nos lleva a la cruz del Salvador. Dios nos explica algo en 2 Corintios 13:4 que es imposible poder dimensionar plenamente en nuestras mentes. Nos dice que Cristo fue crucificado en debilidad. El Señor Omnipotente fue clavado a un tosco madero en debilidad. ¿Cómo entender esto? ¿Cómo reconciliar Su ilimitado poder con el hecho de que es descrito como sufriendo debilidad sobre la cruz?

En los Salmos 22 y 69 se describe el impacto que tuvo la crucifixión sobre nuestro precioso Salvador. Fue derramado como aguas. Su vigor se secó como una vasija quemada en un horno. Su lengua se pegó a Su paladar por la intensa sed que sintió. Padeció cansancio y Su garganta se enronqueció por clamarle a Dios quien no le escuchó.

Pero esto no significa que Cristo dejó de ser Dios Todopoderoso en Gólgota; ni tampoco creo que en Corintios el Espíritu se refiere al hecho de que Cristo literalmente sufrió debilidad, a pesar de lo que leemos en los Salmos. No es para nosotros decir que Cristo sintió debilidad en aquellas horas. Por el aprecio y la reverencia que le tenemos, preferimos pensar que la debilidad mencionada en 2 Corintios 13:4 se refiere a una aparente debilidad. No fue que Cristo murió en debilidad, sino que ante los ojos arrogantes de la depravada multitud que le vio allí colgado, les pareció que agonizaba un hombre cualquiera que se encontraba extremadamente débil. Lo que no entendían era que el Creador del universo entero, el que sustenta toda la creación, estaba sufriendo por sus pecados.

Gracias a Dios que estaban muy equivocados. Con gran poder llevó nuestras maldades; con gran poder entregó Su espíritu al tener perfecto control sobre Su vida; y con gran poder resucitaría al tercer de entre los muertos. En el pasaje en Corintios, Pablo escribió “aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios”.

Ante los hombres pareció morir en debilidad, pero realmente lo hizo en la gloria de Su poder ilimitado. Nadie hubiese pensado que un hombre desconocido como Samgar, porque se nos dice muy poco de él; con un instrumento de trabajo muy ordinario, daría la salvación a toda su nación. Nadie hubiese pensado que Cristo, un hombre desconocido y rechazado por muchos, muriendo en una cruz aparentemente débil; realizaría la inmensa obra de la salvación ofrecida para el beneficio de toda la humanidad.

Glorifiquemos al que pensaron que murió en debilidad; pero que siempre fue el Dios Fuerte, para redimir nuestras almas de la esclavitud del pecado.