David Alves Jr.

Introducción
La Teología del Pacto tiene como objetivo estudiar los acuerdos o convenios que Dios ha realizado con los hombres. Específicamente, aquellos que se relacionan con el plan divino de redimir a los elegidos. Generalmente hablando se delinean los siguientes pactos en la Biblia: el pacto de redención, el pacto de obras, el pacto Noético, el pacto Abrahámico, el pacto Mosaico, el pacto Davídico y el nuevo pacto. Cada uno de ellos contribuye hacia la explicación del pacto de gracia, que es el acuerdo que corre desde Génesis 3:15 a lo largo de todas las Escrituras, en relación a la salvación de aquellos que fueron predestinados por Dios desde la eternidad a través de su infinita gracia.
Si se comparan los pactos mencionados, se puede observar muy claramente que existen semejanzas y diferencias entre ellos. Una de las semejanzas que hay entre los pactos es que poseen una señal. Dado que se estará dando un enfoque sobre la sangre de Cristo como la señal del nuevo pacto, se estará observando algunas generalidades sobre las señales que poseen los pactos divinos. Se contestarán las preguntas: ¿Cuáles son? ¿Qué función tienen? ¿De qué manera desarrollan la revelación progresiva de Dios? Esto nos permitirá entender la importancia de las señales para comprender el significado de los pactos.
En específico, el enfoque de este escrito es la sangre de Cristo como señal del nuevo pacto. Se analizará la importancia de que esta fue una sangre derramada una vez y para siempre. Se comprobará que la sangre del Hijo de Dios estableció este nuevo pacto y se observarán algunas de sus implicaciones. De igual manera se estará dando detalles sobre algunos de los beneficios que ha traído la sangre del Redentor a aquellos que son partícipes del nuevo pacto. El objetivo es que a través de la consideración de este tema, la iglesia conozca más a su Dios y su plan de redención, para que esto resulte en que se predique el evangelio correctamente y Dios sea servido y adorado adecuadamente.
Las señales de los pactos
Cada uno de los pactos que Dios ha hecho por causa del propósito de salvar a su iglesia poseen una señal. En cuanto a estas señales se considerará lo siguiente:
1. ¿Cuáles son?
La señal del pacto de obras fue el árbol del conocimiento del bien y del mal. A Adán se le pidió que no comiese de él (Génesis 2:16-17). La señal en el pacto Nohético fue el arcoíris, el cual prometía que Dios jamás castigaría a esta tierra con un diluvio como lo hizo en los tiempos de Noé (Génesis 9:12-17). En el caso del pacto hecho con Abraham y su desendencia, la señal fue la circuncisión (Génesis 17:9-14). La señal del pacto Mosaico era el día de reposo o el día sábado que debían guardar los hebreos (Éxodo 31:13, 16-17; Deuteronomio 5:12-15). En el caso del pacto realizado con el rey David, la señal fue el trono (2 Samuel 7:12-16). Se le prometió que de su linaje siempre saldría el que se sentaría sobre el trono de Judá. La señal del pacto que se está estudiando con detenimiento, el nuevo pacto, es la sangre del amado Hijo de Dios que él derramó al dar su vida por los pecadores (Lucas 22:19-20; 1 Corintios 11:23-26).
2. ¿Qué función tienen?
Todo lo que el Señor hace es con un propósito. Todo es para que su nombre sea glorificado y para la edificación de su linaje escogido. En primer lugar, las señales son un recordatorio visible de lo prometido por Dios. Por ejemplo, el arcoíris es un claro recordatorio a la humanidad de que jamás habrá otro diluvio, tal y como se le prometió a Noé. En segundo lugar, las señales le dan identidad y un sentido de pertenencia a la comunidad redimida por el Señor. La circuncisión de los hebreos es una clara muestra de esto. En tercer lugar, las señales también son una confirmación de las promesas realizadas por Dios. El día de reposo tenía esta función dentro de la nación de Israel. En cuarto lugar, las señales también tienen como propósito llamar a los hijos de Dios a la fidelidad y a la obediencia. La sangre derramada de Jesús exige al pecador que se arrepiente, crea en él y le sirva de todo corazón.
3. ¿De qué manera desarrollan la revelación progresiva de Dios?
Probablemente lo más importante de los pactos es la manera en la que la gracia salvadora de Dios es exaltada. Él hace todas las cosas principalmente para glorificar su propio nombre. El Señor en su infinita sabiduría escogió que la salvación de los suyos se fuera dando a conocer a los hombres de manera progresiva, a través de lo que él fue revelando al pasar el tiempo. Esto lo podemos ver, por ejemplo, en el hecho de que el pacto Nohético fue hecho con la humanidad, el pacto Abrahámico con la nación de Israel y el pacto Davídico con la familia de David. Vemos cómo el enfoque de Dios se fue reduciendo al prometer algo a todos hasta prometerle algo a una familia. Otro ejemplo sería comparar el pacto Mosaico con el nuevo pacto. El pacto Mosaico tuvo como función asegurarle a los hombres que la ley no puede justificarles, pero el nuevo pacto tiene como función prometer que la justificación es por medio del Señor Jesús porque él cumplió perfectamente la ley de Dios. El nuevo pacto es la culminación de la revelación progresiva de Dios en cuanto a su plan de redención, el cual fue introducido en lo prometido por él en lo que le dijo a Adán y Eva en Génesis 3:15 sobre la simiente de la mujer aplastando a la simiente de la serpiente.
La sangre de Cristo como señal del nuevo pacto
La sangre de Cristo Jesús tiene distintas particularidades muy importantes. Algunas de ellas serán consideradas.
1. Fue derramada una vez y para siempre
La sangre de Cristo que ha inaugurado el nuevo pacto únicamente fue derramada una sola vez y para para siempre (Hebreos 9:12, 26, 28; 10:10, 12, 14). Su sangre se contrasta grandemente con los pactos del Antiguo Testamento porque debían repetirse continuamente los sacrificios. En el caso del sacrificio de Cristo Jesús, él únicamente tuvo que morir una sola vez. Esto indica que su obra fue perfecta, completa y que no puede dejar de tener un poderoso efecto sobre los que creen en el evangelio. F.F. Bruce compara el pacto antiguo con el nuevo pacto y dice: «El primer pacto proveyó una medida de expiación y remisión por los pecados debajo de él, pero fue incapaz de proveer eterna redención».1 Kent Jr. relaciona el sacrificio de Jesús siendo una vez y para siempre con él siendo exaltado y él siendo el único medio por el que se puede tener acceso a al Padre.2
2. Estableció el nuevo pacto
Las Escrituras indican en distintas porciones que el derramamiento de la sangre del Hijo de Dios estableció el nuevo pacto. Jesús dijo en la última cena que tuvo con sus discípulos, en cuanto a la copa y lo que esta representaba: «Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados» (Mateo 26:27-28). Esto también es algo que se recalca en Hebreos 9:15, 18-22; 10:29. Él es el gran mediador entre Dios y los hombres en el nuevo pacto. Su obra es indispensable para que se efectúe el nuevo pacto.
En otros pactos también hubieron mediadores, pero ninguno se compara con el Señor. MacArthur acentúa esto al comentar: «Los mediadores israelitas eran verdaderos solamente en el sentido de apropiados, y de ser y hacer lo que Dios quería. Sin embargo, no eran verdaderos en el sentido de eficaces. No podían juntar a Dios y a los hombres. No eran mediadores reales, solo reflejos del mediador verdadero que había de venir. Ellos también eran solo copias y sombras».3
En cuanto a Jesucristo estableciendo un nuevo pacto a través de su sangre y el significado de la cena del Señor, Darrell L. Block comenta: «Se presentan una variedad de verdades. La unidad se expresa en el hecho de compartir la copa. Una nueva era de salvación se encontrará en la nueva comunidad unida que se está formando sobre la base de la muerte inminente de Jesús. Jesús habla de su cuerpo siendo entregado por los discípulos y de su sangre siendo derramada por ellos, la sangre del nuevo pacto. La referencia al pacto deja claro que una nueva era está en vista, una era que Jesús trae. Tenemos una clara indicación de que el plan de Dios ha alcanzado una nueva fase».4
3. Beneficios
La obra del Salvador ha traído un gran número de bendiciones espirituales a su amada iglesia. Aquí se consideraran algunos de ellos.
a) Da acceso completo a Dios. Uno de los propósitos del Señor en los pactos era permitir que los hombres le conocieran más profundamente. Todo verdadero adorador del Señor ha deseado tener acceso a su presencia. Una de las grandes bendiciones que tienen los redimidos que gozan de todo lo que hay en el nuevo pacto, es que la sangre derramada de Jesús ha resultado en que ahora haya pleno acceso a la presencia de su Padre. Leemos en Hebreos 10:19, «Teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo». John MacArthur demuestra que la sangre de Cristo hizo que lo mencionado en el antiguo pacto haya quedado atrás y que el acceso a Dios fue manifestado a través del velo del templo siendo rasgado.5 Kent Jr. afirma sobre el acceso a Dios que hay en el nuevo pacto: «Esto no es por medio de algún mérito de ellos mismos, sino por la sangre de Jesús… Por virtud de la sangre sacrificial de Cristo dada una vez y para siempre en el Calvario, creyentes pueden entrar a la presencia de Dios sin impedimento y sin necesidad de otros sacrificios».6
b) Trae perdón de pecados. En distintos pactos se menciona cómo los hombres podían recibir el perdón de sus pecados. Por ejemplo, en el pacto Mosaico era a través de los sacrificios realizados en el tabernáculo o en el templo. La realidad es que en ningún pacto hubo la bendición que los pecados fueran perdonados de tal manera como ocurre en el nuevo pacto por medio de la sangre derramada de Jesucristo. El profeta Jeremías profetizó acerca del nuevo pacto, y una de las cosas sobre las cuales habló, fue el perdón de pecados. Dios dijo por medio de él: «Perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado» (Jeremías 31:34). El perdón solo es posible dentro de este pacto porque Jesucristo suministró «satisfactoriamente el pago a Dios, en la forma de la muerte del sacrificio perfecto».7 Así como el pacto antiguo fue ratificado por sangre (Éxodo 24:8), el nuevo pacto también tuvo el mismo comienzo, al Jesús derramar su sangre sobre el madero.8 Richard Belcher, comparando el antiguo y el nuevo pacto, asevera lo siguiente en cuanto al efecto que ha tenido la sangre del Cordero en los que creen en él: «El tabernáculo terrenal era una copia del celestial para que los sacerdotes terrenales sirvieran en solo una copia y la sombra de las cosas celestiales (He. 8:5). Esto impactó en el ministerio de los sacerdotes que se ocupaban de los lavados y las regulaciones del cuerpo (He. 9:6) y ofrecían sacrificios que no podían perfeccionar a los que se acercaban (He. 10:1-2) porque la sangre de los toros y las cabras no puede quitar pecados (He. 10:4, 11). Por otra parte, Cristo ministra en el tabernáculo del cielo, y habiendo ofrecido su propia sangre de una vez por todas, se aseguró la redención eterna (He. 9:11-13)».9
3. Transforma a los impíos. El profeta Jeremías de igual manera profetizó que en el nuevo pacto, Dios transformaría a las personas de una manera singular. Los corazones de las personas serían completamente transformados. Dios prometió a través del profeta: «Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo» (Jeremías 31:33). En el caso de la ley Mosaica, era una ley externa y no transformaba a los israelitas. En el caso del nuevo pacto, la ley de Dios va internamente en los creyentes y esto les regenera por completo. En Ezequiel 36:26-27 leemos sobre esta misma verdad: «Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra». Esta transformación dentro del nuevo pacto es lo que tenía Pablo en mente al escribir en 2 Corintios 5:17, «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas».
4. Crea una nueva comunidad. La sangre vertida del Hijo de Dios también ha creado una comunidad nueva a la que pertenecen todos aquellos que han creído en su nombre. Son personas que comparten una misma fe, que han nacido de nuevo, que conocen de una manera más íntima a Dios y que buscan glorificarle a través de todo lo que hacen en sus vidas. En Efesios 2:14-16 leemos acerca de que estas personas forman parte de un pueblo nuevo y unificado. Por medio del bautismo en el Espíritu Santo pertenecen a un mismo cuerpo (1 Corintios 12:13). La comunidad nueva que ha sido creada en el nuevo pacto es descrita así por el apóstol Pedro: «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia» (1 Pedro 2:9-10).
Conclusión
Comprender las señales de los pactos es indispensable para poder entender adecuadamente los convenios hechos por Dios con los suyos. Esto se ha buscado señalar de manera específica en cuanto al nuevo pacto. No se puede entender este pacto sin analizar la importancia que tiene el hecho de que Jesucristo murió sobre la cruz derramando su preciosa sangre. Se ha comprobado que por causa de su sangre vertida, en el nuevo pacto se ha llegado al clímax de la revelación progresiva de Dios. Esto se ha demostrado al comparar el nuevo pacto con otros pactos y al señalar ciertas cosas que hacen el nuevo pacto más completo. El hecho de que el sacrificio del Hijo de Dios ha sido una vez y para siempre confirma esta gran verdad.
La señal del nuevo pacto, siendo la sangre de Jesús, determinó que se estableciese ese nuevo acuerdo entre Dios y aquellos que creen en el único Salvador. Al establecerse este nuevo pacto por medio de él, esto ha traído a la iglesia un sin fin de bendiciones. Algunas de ellas son: acceso a la presencia de Dios, el perdón de pecados, la regeneración y la pertenencia a una nueva comunidad. Al considerar todos los favores que se disfrutan dentro del nuevo pacto solo por medio de la gran obra de Jesucristo, cada cristiano debería responder en adoración a Dios tomando sobre sus labios las palabras de Pablo: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual» (Efesios 1:3).
- F.F. Bruce, The Epistle to the Hebrews (Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1972), 208. ↩︎
- Homer Kent, Jr., The Epistle to the Hebrews (Winona Lake, IN: BMH Books, 2002), 197-198. ↩︎
- John MacArthur, Hebreos y Santiago, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento, vol. 11 (Grand Rapids: Editorial Portavoz, 2014), 229. ↩︎
- Darrell L. Block, Luke 9:51-24:53, Baker Exegetical Commentary on the New Testament, vol. 2 (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 1996), 1729. ↩︎
- John MacArthur, Lucas, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento, vol. 3 (Grand Rapids: Editorial Portavoz, 2014), 1228. ↩︎
- Homer Kent Jr., The Epistle to the Hebrews, 198. ↩︎
- John MacArthur, Lucas, 1228. ↩︎
- John MacArthur, Lucas, 1228-1229. ↩︎
- Richard Belcher, El Cumplimiento de las Promesas de Dios: Una exposición de la Teologia del Pacto (Lima, Perú: Teología para Vivir Editorial, 2021), Edición Kindle, cap. 8. ↩︎
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