Cristo en toda la Biblia

La Extrema Pobreza del Salvador

Los hijos de Dios en Esmirna, Asia Menor, (lo que hoy es Izmir, Turquía) padecían de muchas maneras por estar aferrados a su fe en el evangelio. “El primero y el postrero” les escribe y les promete la corona de vida a los que iban a morir por no retractarse en su firme decisión de seguirle. El evangelio los había convertido en los más ricos de la ciudad, al ser bendecidos con toda bendición espiritual, pero también los había dejado en “pobreza” (Ap. 2:9). Me pregunto, ¿qué pensarían mis hermanos Esmirnenses del evangelio de prosperidad que comúnmente se predica el día hoy? Pensaríamos que quizás aquellos en Esmirna estaban sufriendo pobreza porque tenían poco. Al buscar el significado de esta palabra “pobreza” que es usada aquí, aprendemos que es la pobreza del mendigo o del indigente. No es que tenían poco, es que se habían quedado sin nada. No es que no había empleo, es que habían sido desposeídos de todos sus bienes que habían obtenido en aquella gran ciudad portuaria.

Esta palabra “pobreza” solamente es empleada en otras dos ocaciones en el Nuevo Testamento, y se encuentran en 2 Corintios 8, cuando Pablo da instrucciones sobre el tema de la ofrenda. Primero menciona la “pobreza” de los de Macedonia (v. 2) y la segunda mención es en relación a las carencias de bienes materiales en la vida de Jesucristo. Pablo escribe: “conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (v. 9) La pobreza de los de Esmirna y Macedonia toca el corazón, pero la de Cristo nos deja muy pensativos y nos hace elevar a Dios acciones de gracias por Él, porque sabemos que por nosotros supo lo que fue la penuria.

Por querer enriquecernos, el Señor sufrió extrema pobreza en Su nacimiento, al ser puesto en un pesebre, y 40 días después, sus padres lo fueron a presentar al templo, ofreciendo lo que había sido designado para los pobres. En Sus años de servicio a Dios, sigue la pobreza en Su vida al mandar Él sacar una moneda de la boca de un pez para pagar el impuesto, y posiblemente Él y Sus apóstoles comieron granos de una siembra un Sábado porque no habían ingerido alimentos hasta ese momento. En Su muerte, quizás lo único que había sido suyo era la ropa que llevaba puesta pero hasta eso le fue despojado para agonizar desnudo sobre un madero, únicamente vestido con una corona de espinas en Su cabeza.

Pablo concluye hablando del tema de la ofrenda, maravillado por la gracia de Cristo y la gracia de Dios en nuestras vidas, y exclama: “¡Gracias a Dios por Su regalo indescriptible!” (2 Cor. 9:15)

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