Cristo en toda la Biblia

Las Provisiones Para los Sacerdotes II

Números 18:21-32

En los v.8-20, consideramos a Cristo en lo que recibían los sacerdotes de las ofrendas reservadas del fuego, primicias y el primogénito de entre los animales. En los v.21-32, buscaremos a Cristo en los diezmos que los Israelitas ofrecían a Dios y que les quedaban a los sacerdotes. 

Ellos no tenían heredad, porque se dedicaban enteramente a servir en la casa de Dios. La heredad para ellos, asignada por Dios, eran los diezmos. El Señor siempre sabe proveer para aquellos que le sirven. 

Jesucristo le enseñó esto a sus apóstoles cuando los envió a predicar al pueblo Hebreo. Les instruyó que salieran sin bienes materiales porque Dios les proveería. La razón que les dio fue: “El obrero es digno de su alimento.” (Mt. 10:10) No quería que sus discípulos se enriquecieran por causa del evangelio, sino que confiaran en Dios, y él les proveería lo necesario. Lo mismo enseñó Pablo (1 Co. 9:9, 14; 1 Tim. 5:18).

Como siempre, el Señor Jesús predicó con el ejemplo. Él siempre confió en su Padre celestial para que le proveyera mientras le sirvió aquí en la tierra. Confió en él desde que se encontró en los brazos de María (Sal. 22:9). Pasó sed y hambre. Vivió una vida abnegada de bienes materiales; pero aún así, siempre confió en él. Cuando había ayunado durante cuarenta días, y el diablo le tentó al pedirle que convirtiera piedras en pan, no lo hizo porque no estaría dependiendo en las provisiones de su Padre. 

Organic wheat
Foto ©NITR – STOCK.ADOBE.COM

Dios le pidió a los sacerdotes que cuando recibieran el diezmo de las personas, ellos tenían que presentarlo a él como una ofrenda mecida y entregarle el diezmo de los diezmos. Esta ofrenda y el acto de mecer algo delante de Dios, sin duda representa la consagración del Siervo perfecto de Jehová. El Israelita le donaba a Dios lo que era suyo. El sacerdote le presentaba a Dios lo que había recibido. Esto nos señala la sumisión del Hijo a su Padre. Fue a tal grado, que fue “obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:8). 

Los diezmos de los diezmos que ofrecían los sacerdotes a Dios, le quedaban a Aarón el sumo sacerdote. Esto nos hablaría de cómo nosotros buscamos entregarnos a Dios y exaltar a su Hijo Amado por todo lo que hemos recibido de él. Los Israelitas le diezmaban a Dios por la gratitud que le tenían por todo lo que habían recibido de su mano. Como el sacrificio del holocausto, nos ponemos a nosotros mismos sobre el altar, para ofrecernos a Dios enteramente (Rom. 12:1, 2); y hacemos memoria de Cristo, porque valoramos infinitamente lo que él hizo por nosotros. 

Estas ofrendas de los diezmos, tenían que ser de lo mejor de sus bienes; ya sea de la cosecha o del ganado. Dios siempre se merece lo mejor. Cristo nos es de ejemplo, porque siempre dio lo mejor de sí a él. Le dio su niñez, su juventud y sus años como adulto. Cada obra que hizo fue dando todo de sí mismo, incluyendo sin duda, su muerte en la cruz. 

Dios le afirmó a los sacerdotes que lo ofrendado en diezmos lo debían de comer en lugar santo y que no estarían pecando porque esa era su manera de sostenerlos. Cada día de nuestra vida, Dios quiere que nos alimentemos de su palabra, que nos habla siempre de su Hijo. Si comemos de él, no tendremos hambre por las cosas que este mundo nos ofrece. 

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