Cristo en toda la Biblia

Él Sabe

David Alves hijo

He sabido todo lo que has hecho.
Rut 2:11

Nuestro Señor lo sabe todo. Su omnisciencia es una de las muchas razones por las que le alabamos. Le bendecimos con las palabras del salmista en nuestras bocas. “Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y Su entendimiento es infinito” (Sal. 147:5). Le exaltamos al declararle lo escrito por Isaías. “Su entendimiento no hay quien lo alcance” (Isa. 40:28). Le rendimos toda adoración por Su vasto conocimiento al pronunciar la hermosa doxología de Pablo. “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!” (Rom. 11:33).

El conocimiento que tiene el Señor de nosotros lo vemos en las palabras que le dijo Booz a Rut después de que ella le pidiese trabajo. Booz le dijo: “He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes” (Rut 2:11). Booz declaró lo que él sabía de Rut. En base a esto podemos meditar en distintas maneras en las que Jesús despliega perfectamente la gloria de Su omnisciencia.

  1. Su omnisciencia y nuestro consuelo

i. Él conoce tu andar. “Él sabe que andas por este gran desierto” (Dt. 2:7). Nuestro Booz conoce el paso dificultoso que llevamos por este mundo desértico.

ii. Él conoce tu camino. “Él conoce mi camino; Me probará, y saldré como oro” (Job 23:10). Nuestro Booz nos prueba en este camino que Él conoce por el cual vamos y Él obra para que salgamos como el oro.

iii. Él conoce tu condición. “Él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo” (Sal. 103:14). Nuestro Booz se compadece de nosotros porque Él conoce lo vulnerable y lo débil que somos.

iv. Él conoce tu fe. “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían” (Nah. 1:7). Nuestro Booz conoce a todos aquellos de nosotros que nos refugiamos en Él como nuestra “fortaleza en el día de la angustia”.

Luke Witter
  1. Su omnisciencia y Su vida terrenal

i. Su ilimitado conocimiento calló a Sus peores críticos. En Mateo 9:4 leemos del glorioso Señor conociendo lo que pensaban ciertas personas acerca de la sanidad de un hombre paralítico el día de reposo. En Lucas 11:17 vemos al omnisciente Salvador percatándose de que individuos pensaban que Él sanaba a los enfermos en el poder de Satanás.

ii. Su ilimitado conocimiento conoció cuando Su poder infinito había salido de Él. En Marcos 5:30 observamos al Señor de todo poder percibir que fuerza había salido de Él para sanar a la mujer que había padecido flujo de sangre por varios años.

iii. Su ilimitado conocimiento entendía cuando estaba siendo tentado. En Marcos 12:15 nos admiramos de Cristo, aquél quien era infinitamente capaz, discerniendo que personas le hicieron una pregunta para tentarle.

  1. Su omnisciencia y Su muerte sobre la cruz

Es admirable cuando alguien está dispuesto a sufrir por una causa sin saber todo lo que le sobrevendrá. En el caso del bendito Hijo de Dios, una de las innumerables razones por las que Su muerte es completamente asombrosa, es porque Él se entregó a una muerte que Él sabía exactamente cómo se llevaría a cabo.

Esto lo vemos en Su arresto. Al estar orando en el Getsemaní y al llegar allí los que le arrestarían, leemos: “Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis?” (Jn. 18:4). Él sabía perfectamente cómo sería Su arresto, Su juicio, Sus padecimientos, Su muerte. Su omnisciencia no le impidió disponerse a la muerte de la cruz. Sabiendo cada detalle, cada humillación y cada dolor; Él se dispuso a todo lo que le acontecería.

El conocimiento infinito de nuestro tierno Salvador también lo vemos en las Escrituras en cuanto a la obra consumada por Él sobre el madero. ¿Cómo podemos estar seguros de que el Señor pagó por los pecados de todos nosotros? En Juan 19:28-30 leemos palabras que son increíblemente sobresalientes. “Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu”.

La suficiencia de la obra de Jesús recae en parte en Su perfecta omnisciencia. El Señor supo “que ya todo estaba consumado”. Si Cristo es perfectamente omnisciente, esto significa que Su obra fue completamente consumada.

Honra y gloria sean dadas a aquél que todo lo sabe y que todo lo conoce.


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