Ensayos

Exposición del Capítulo 7 «Del Pacto de Dios con el Hombre» de la Confesión de Fe de Westminster

Anita Austvika

David Alves hijo

Introducción

El rey Carlos I de Inglaterra provocó una división entre la monarquía y el Parlamento en el siglo XVII. Él deseaba promover algunas cuestiones religiosas que iban en contra de lo que los miembros del Parlamento creían. Esto resultó en que ellos convocaran a varios eruditos de las Escrituras para buscar purificar la Iglesia de Inglaterra y redactar documentos que establecieran lo que la Biblia enseña sobre puntos fundamentales de la fe cristiana. Entre los años 1646 y 1653 se reunieron en la Abadía de Westminster, en Londres, y redactaron diversos documentos. Uno de ellos fue lo que se conoce como la Confesión de Westminster. En este escrito se detalló lo que la Biblia enseña sobre diversos temas: desde «De las Sagradas Escrituras» en el capítulo uno, hasta «Del juicio final» en el capítulo treinta y tres.

En el capítulo siete, el enfoque está en lo que se llama, en la teología reformada, «Teología del Pacto». El título de esta sección dentro de la Confesión de Westminster es «Del pacto de Dios con el hombre». Los puritanos se centraron en escribir sobre lo que Dios hizo para entrar en relación con su pueblo y lo que los suyos reciben al entrar en pacto con él. También se habla del pacto de obras que el Señor hizo con Adán. Tras la caída del primer hombre, se dan detalles fundamentales sobre el pacto de gracia. Este pacto se describe en las distintas formas en que fue administrado en el Antiguo y en el Nuevo Testamento.

El propósito de este ensayo es explicar el significado de esta sección de la Confesión de Westminster, ya que el estudio de los pactos es increíblemente importante para la iglesia.

La iniciativa de Dios en los pactos

La sección sobre este asunto inicia con los puritanos divinos explicando que la única razón por la que Dios ha entrado en pacto con el hombre es porque él voluntariamente se condescendió a efectuarlo. Esto implica que fue Dios quien tuvo la iniciativa de hacer convenios con los suyos. Esto concuerda con la enseñanza bíblica de que en el hombre no hay ningún deseo por sí mismo de buscar a Dios (Romanos 3:11). También se añade que esta relación entre Dios y su pueblo resulta en que ellos disfruten de su presencia como una bendición y un galardón. No hay duda de que todos los pactos divinos tienen como propósito principal exaltar la gracia de Dios, que ha sido tan abundantemente demostrada a los hombres. En lugar de que los redimidos puedan envanecerse, lo único que pueden hacer es adorarlo con todo lo que son.

El pacto de obras

La Confesión prosigue al delinear que el primer pacto hecho con el hombre, aquel realizado con Adán, se llama pacto de obras. En este acuerdo se le prometió vida al primer hombre y a su descendencia. Se explica que la condición impuesta por Dios fue que le obedecieran perfectamente y de manera personal. Por eso se le llama pacto de obras. La señal de este pacto era el árbol del conocimiento del bien y del mal. El Señor le prohibió a Adán y Eva comer de su fruto. El documento asevera correctamente, con base en lo dicho en la Biblia, que Adán cayó y perdió la capacidad de gozar de la vida que se le había prometido.

Hay quienes niegan que lo descrito en Génesis 2 sea un pacto. Al estudiar los puntos fundamentales de cada uno de los pactos hechos por Dios, se puede llegar a la conclusión de que lo acordado entre Dios y Adán sí fue un pacto. Aunque no se mencione la palabra “pacto”, lo indicado en dicho pasaje contiene los elementos de un pacto. Beeke y Smalley coinciden con esto, al especificar los elementos de un pacto que se observan en lo que Dios le dijo a Adán. Uno de ellos es la promesa de vida que Dios hizo a Adán, y el hecho de que el árbol de la vida era la confirmación o la señal de esa promesa. Ellos utilizan lo mencionado en Oseas 6:7 para corroborarlo.1

El pacto de gracia

En el tercer punto de la sección que se analiza, se explica que, tras el incumplimiento del pacto de obras, Dios hizo un segundo pacto, llamado pacto de gracia. En este acuerdo, el Señor ofrece vida y salvación a los elegidos, y lo hace por medio de su Hijo y del Espíritu Santo. Esto incluye a los santos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Todos los predestinados son salvados en base al sacrificio de Jesucristo. Él es el testador que dio su vida para que Dios pudiera heredarle a su pueblo toda bendición espiritual.

El teólogo holandés Wilhemus A. Brakel escribió lo siguiente en el siglo XVII, lo cual resume de manera muy completa lo que es el pacto de gracia:

Este pacto es un acuerdo o tratado santo, magnífico, bien ordenado y eterno entre el Dios todo suficiente, bueno, omnipotente, justo, fiel, verdadero e inmutable, por una parte, y por la otra con los elegidos, quienes por naturaleza son pecaminosos, condenables, impotentes, abominables, odiosos e intolerables. En este pacto, Dios promete la liberación de todo mal y la concesión de la salvación plena por gracia mediante el Mediador Jesucristo. El ser humano, deleitándose plenamente en estas promesas, con todo su corazón asiente y acepta el camino revelado en la palabra de Dios, por medio del cual han de obtenerse estos beneficios prometidos. Al hacerlo, el pecador, por vía del pacto, se entrega a Dios, lo cual Dios, para la seguridad de los participantes del pacto, sella por medio de los sacramentos; todo ello para la exaltación de su gracia libre e insondable.2

Administración del pacto de gracia

Se enseña en la Confesión que el pacto fue administrado de diversas maneras durante el Antiguo y el Nuevo Testamento. Durante el Antiguo Testamento, fue a través de todas las ceremonias y ritos mencionados en las Escrituras, todo apuntando al Mesías que vendría a dar su vida. Se hace la distinción de que el pacto de gracia se administra en el Nuevo Testamento por medio de la predicación de la palabra y la administración de los sacramentos.

Wayne Grudem, en su Teología Sistemática, distingue la administración del pacto de gracia en el Antiguo y el Nuevo Testamento al escribir lo siguiente:

En el Antiguo Testamento, la señal externa del comienzo de la relación de pacto era la circuncisión… En el Nuevo Pacto, la señal del comienzo de la relación de pacto es el bautismo. En ambos, la señal de continuación son: en el Antiguo, los festivales y las leyes; y en el Nuevo, la participación en la Cena del Señor.3

Conclusión

La forma en que los puritanos explicaron esta sección de la Confesión de Westminster recalca lo inhábil que es el hombre para entrar en relación con Dios y satisfacer sus expectativas. También deja muy claro lo misericordioso que fue el Señor al querer redimir a los pecadores por medio de su Hijo y bendecirlos grandemente. Su escritura evidencia la sabiduría de Dios y la manera en que él ha administrado cada uno de los pactos. Estudiar todo esto desde la perspectiva presentada por los puritanos debe llevar a la iglesia a adorar, amar y servir al Dios de los pactos.

  1. Joel R. Beeke y Paul M. Smalley, Reformed Systematic Theology, vol. 2(Wheaton, IL: Crossway, 2020),  293. ↩︎
  2. Wilhelmus Á Brakel, The Christian’s Reasonable Service, vol. 1 (Grand Rapids, MI: Reformation Heritage Books, 2021), 429.  ↩︎
  3. Wayne Grudem, Systematic Theology (Grand Rapids, MI: Zondervan Academic, 2020), 649. ↩︎

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