Deseables son más que el oro

Estudiantes Responsables

David Alves Jr.

El presente escrito tiene como propósito ayudarnos a entender lo que es la hermenéutica y, a través de ejemplos dados, realizar cada uno de nosotros una interpretación adecuada de las Escrituras.

¿Qué es la hermenéutica?

La palabra hermenéutica significa «interpretar» o «traducir». Proviene del nombre de Hermes, un dios griego conocido por interpretar sueños.

Esta palabra se usa al hablar del don de la «interpretación de lenguas» (1 Corintios 12:10). En este contexto, la hermenéutica consiste en transmitir una idea de un idioma a otro.

El sentido que nos interesa a nosotros, según el tema del escrito, es el siguiente: la hermenéutica es darle el sentido correcto a un texto en un mismo idioma. Por lo tanto, la hermenéutica bíblica es la ciencia de la interpretación de las Escrituras.

¿Crees que Jesucristo creía en la hermenéutica? ¡Sin ninguna duda! El Hijo de Dios utilizó la hermenéutica al enseñarle a los discípulos de Emaús: «Comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían» (Lucas 24:27). Tomó la Biblia e interpretó lo que su contenido señalaba acerca de él.

De ninguna manera debemos tenerle miedo al estudio de la hermenéutica. La hermenéutica bíblica es cuando observamos un texto y seguimos las reglas establecidas por Dios mismo para interpretar debidamente una porción de su Palabra.

Errores comunes

Muchos creemos interpretar acertadamente la Biblia cuando en realidad no lo hacemos. Una gran cantidad de cristianos no interpretan las Escrituras y las tuercen para enseñar terribles herejías. Aunque no tan grave como eso, pero aún así de manera equivocada, lo que una buena cantidad de hermanos hacen es lo siguiente:

1. Se acercan al texto con una serie de presuposiciones o ideas preconcebidas. Creen que ya saben todo lo que enseña un pasaje o piensan que ya entienden la porción acertadamente.

2. Se busca interpretar todo género literario en la Biblia de la misma manera. No importa si un pasaje es narrativa, poesía, literatura sapiencial o profecía; todo se alegoriza. Se busca darle un significado a absolutamente todo lo que menciona un pasaje.

3. Se determina la interpretación de una porción sin analizarla a la luz de la intención original del autor y de cómo lo habría entendido la audiencia original. Cuando leemos la Palabra de Dios tenemos que preguntarnos: ¿Cómo quiso el autor del pasaje que lo entendiéramos? ¿Cómo habrán entendido los primeros lectores de un pasaje lo que fue escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo?

4. Se provee el sentido del pasaje sin un análisis profundo del contexto literario e histórico. No se puede entender debidamente un párrafo en las Escrituras si no se estudia con mucho detenimiento las palabras y los eventos que rodean el pasaje. Cuando no se considera el contexto, el maestro termina anteponiéndole al pasaje algo que no está allí.

5. Se le da más atención a lo secundario que a lo primario. Todo pasaje tiene una idea central, la cual es indispensable señalar para que sea lo que domine nuestra interpretación de esa porción. Cada palabra en la Biblia es importante, pero debemos entender que hay cosas que dice que tienen como función contribuir al entendimiento de la idea principal.

6. Se da un enfoque desmedido a la aplicación de un texto. ¿Cuántos hay que usan la Biblia solo como un trampolín para darle a los hermanos imperativos sobre cómo han de vivir? Lo hacen sin decir lo que el texto dice y sin interpretar lo que el texto enseña.

Foto de Jacob Bentzinger

El Autor decide

El que debe dictar cómo se ha de llevar a cabo una buena hermenéutica es Dios, y no el hombre. Únicamente Dios, el Autor de la Biblia, tiene el derecho a decirnos cómo debemos entender las Escrituras.

Todos dirían que están de acuerdo con esto, pero la realidad es que, en gran medida, hemos ignorado observar la manera en la que el Espíritu Santo quiere que interpretemos su Palabra. Pensamos que podemos estudiar la Biblia a nuestra manera o según la forma en la que hemos sido enseñados por los hombres.

¿Por qué no miramos cómo quiere Dios que entendamos las Sagradas Escrituras? Analicemos si estamos llevando esto a cabo debidamente. Reconozcamos dónde hemos fallado. Estudiemos y enseñemos la Biblia por medio de una hermenéutica avalada por el Señor de todas las cosas.

La mejor hermenéutica

Cuando leemos la Biblia, nos percatamos de que el Espíritu Santo y los escritores guiados por él promueven una hermenéutica que es gramatical, histórica y literal.

Interpretar la Biblia gramaticalmente es analizar su contenido en el idioma en que fue escrito originalmente. Es también estudiar la estructura de los enunciados. Necesitamos buscar el significado y el uso original de las palabras del texto que estamos estudiando. ¿Es necesario que estudiemos hebreo, arameo y griego? No es necesario; es indispensable.

Interpretar la Biblia históricamente es analizar su contenido de acuerdo con los sucesos que se desarrollaron en el tiempo en que fue escrito un pasaje. Es preguntarse: ¿Qué significa un pasaje a la luz de lo que estaba viviendo el autor original en ese tiempo? ¿Cómo interpretó originalmente la audiencia que inicialmente recibió el texto inspirado en un tiempo determinado?

Interpretar la Biblia literalmente es analizar el contexto de un pasaje para comprender su significado explícito. Muchos se enfocan en tratar de buscar un significado supuestamente implícito que está en el texto y que uno tiene que anteponer al texto, en vez de extraer lo que ya está en el texto. En vez de espiritualizar todo, tenemos que interpretar la Biblia de manera literal, a menos que el contexto indique lo contrario.

Observemos esto en los escritores de la Palabra de Dios para que veamos que es el Señor quien nos impone estas reglas de estudio para interpretar correctamente su Libro. El Espíritu Santo no solo nos ha dado la Palabra de Dios, sino que también nos ha provisto las herramientas que requerimos para interpretar bien la Palabra de Dios.

¿Cómo entendieron Daniel y Esdras las profecías de Jeremías sobre el cautiverio babilónico? Lo interpretaron de manera literal. Lo que se profetizó en Jeremías 29:10 lo comprendieron como refiriéndose literalmente a 70 años. No lo vieron como algo alegórico.

El Señor Jesús analizó el tiempo verbal de una palabra (Éxodo 3:6) para comprobar algo que él enseñó (Mateo 22:32). Analizó la persona de un pronombre para demostrar algo en cuanto a sí mismo (Salmo 110:1; Mateo 22:44).

Pablo estudió el número de un sustantivo como estando en singular para demostrar una increíble verdad acerca de la simiente de la mujer, Cristo Jesús. (Génesis 12:7; Gálatas 3:16).

Estos son solo algunos ejemplos que comprueban que lo correcto es estudiar la Biblia gramaticalmente, históricamente y literalmente.

¿Realmente es importante ser estudiantes responsables?

Analiza las siguientes razones por las que es vital que utilices una hermenéutica correcta para estudiar la Biblia:

1. Dios exige que entendamos correctamente su Palabra. «Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad» (2 Timoteo 2:15). Pecamos gravemente contra el Señor cuando no nos esforzamos en estudiar o cuando no interpretamos un pasaje correctamente. El estudio correcto y meticuloso de las Escrituras no es algo opcional, sino una exigencia que el Señor pone sobre nosotros. ¿Has pensado en el hecho de que un día le tendremos que rendir cuentas a nuestro Salvador por cada pasaje mal interpretado? Esto debe preocuparnos enormemente y debe hacernos realizar cambios desde ya. Sintamos una enorme presión por estudiar bien y enseñar bien la Palabra inspirada del Señor de la gloria.

2. Una enseñanza basada en una mala hermenéutica tiene efectos negativos. En el peor de los casos, se enseña falsa doctrina y esto pervierte a las personas. Pero en muchos casos, como ya se asevero, no se enseña falsa doctrina, aunque, por no usarse una buena hermenéutica, los hermanos sufren de una manera u otra. Tienen un concepto alto de sí mismos y un concepto bajo de Dios. ¿Cuántas enseñanzas se enfocan en nosotros en vez de centrarse en lo glorioso que es el Señor? Los himnos que cantamos exhiben este gran mal en medio de nosotros. Muchos cantos hablan más de uno que de aquel «que habita en luz inaccesible» (1 Timoteo 6:15). Este tipo de enseñanzas que carecen de profundidad también hacen que los hermanos no crezcan para llegar al potencial que podrían tener. Por eso hay tanta apatía entre nosotros. Enseñanzas muertas producen iglesias muertas. Maestros flojos producen cristianos perezosos.

3. Una enseñanza basada en una buena hermenéutica tiene impactos positivos. Lo que determina cómo ha de ser una iglesia es el tipo de enseñanza que recibe. Qué equivocados están aquellos que buscan justificar su pereza e irresponsabilidad en cuanto al manejo de la Biblia cuando dicen cosas como: «No venimos a la iglesia para recibir, sino para dar». Personas que hablan así jamás deberían volver a predicar la Palabra ni ser ancianos en la iglesia. ¡Claro que en la iglesia debemos recibir! Los hermanos deben irse a casa llenos, saturados de Dios, de Cristo y de su Palabra al escuchar una enseñanza. Deben irse con el deseo de vivir para la gloria eterna de su Padre. Debemos estar enseñando de tal manera que los creyentes anhelen profundizar su conocimiento de las Escrituras y vivir apasionadamente por todo lo relacionado con el Señor. Una buena hermenéutica lo cambia todo. Estudia bien, enseña bien y esto transformará por completo a los que están a tu alrededor. Dios ha prometido que él bendecirá la enseñanza fiel de su Palabra. Las Escrituras bien enseñadas tienen el poder para mover montañas. Seamos estudiantes responsables para la gloria de nuestro Dios. 

Fuentes de apoyo: Josías Grauman, Abner Chao, Luis Contreras, J. Scott Duvall y J. Daniel Hays. 


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