David Alves hijo
En algunos círculos un buen maestro de la Biblia es aquel que puede señalar el significado de símbolos que jamás habían sido mencionados o que suenan muy llamativos. Muchos se admiran cuando, por ejemplo, alguien enseña que las cinco piedras que tomó David antes de enfrentarse al gigante, representan los primeros cinco libros de las Sagradas Escrituras.
Esta no es la manera en la que debemos interpretar y enseñar la Palabra de Dios. Lo que debemos anhelar es interpretar los tipos, las figuras y las sombras de la misma manera que lo hacen los autores guiados por el Espíritu Santo. Dios quiere que observes cómo él guió a los escritores para que tu lo hagas de la misma manera. Tenemos que entender que nosotros no tenemos la libertad para darle sentido al simbolismo en las Escrituras a nuestro antojo. Tiene que ser dentro de los parámetros que la Biblia misma estipula.
La realidad es que somos más influenciados por la Iglesia Católica de lo que nos imaginamos. Esta institución enseña lo que se conoce como el sensus plenior («el sentido más pleno»). La idea es que el autor que fue guiado por el Espíritu Santo escribió algo que no entendió plenamente, pero que el lector de la Biblia sí puede comprender cuál es ese sentido supuestamente oculto. El Catecismo Católico instruye sobre el hecho de que hay cuatro sentidos que se le debe dar a todo pasaje en la Biblia. Son los siguientes:
1. Literal. El significado de palabras dentro de su contexto.
2. Alegórico. Cada ingrediente en el texto simboliza algo.
3. Moral. Señalar de qué manera el pasaje nos enseña a vivir debidamente.
4. Anagógico. Demostrar la forma en la que una porción lleva a pensar en el estado eterno.
¿A qué conduce esto? A buscar el significado de todo tipo de símbolos, aun cuando el Espíritu Santo no deseó que lo hiciésemos de la misma manera con todo texto bíblico. No debemos pensar que hay significados escondidos en la Biblia. La interpretación de las sombras debe ser algo que de manera muy clara pueden verse en el texto. Jamás debemos decir que algo representa otra cosa sin demostrar cómo es que hemos llegado a esa conclusión. Bien dice el dicho que en inglés rima muy bien: «Si es nuevo, no es cierto». El maestro no debe pensar que es como el mago que supuestamente hace que aparezca un conejo en su sombrero. El maestro debe señalar lo que está ya muy claramente establecido en las Escrituras.
El postmodernismo de igual forma nos ha impactado más de lo que estaríamos dispuestos en aceptar. Esta ideología recalcó que no es el autor de un libro quien le da el sentido a lo que escribió, sino que el lector de manera subjetiva tiene toda la libertad de hacerlo por su propia cuenta. Esto nos ha influenciado para que creamos que podemos tomar un pasaje bíblico y darle sentido a lo simbólico conforme a lo que nos parece lo más creativo o innovador. Nunca deberíamos preguntar: «Para ti, ¿qué significa este versículo?». Olvidémonos de las primeras dos palabras. La pregunta más bien debe ser: «¿Qué signifca este versículo?». No importa lo que nosotros pensamos. Lo que importa es que se de una interpretación de acuerdo al sentido que le quiso dar el Espíritu de Dios.
Observaremos Génesis 2 y trataremos de realizar una tipología responsable y bíblica para ayudarnos a observar cómo podemos hacer lo mismo con el resto de la Biblia. Procuraré demostrarte que la Escritura misma indica que el Edén fue la primera morada de Dios sobre la tierra y que Adán fue rey y sacerdote para servirle a él.
Lo primero que quiero que tomes en cuenta sobre este pasaje es su género literario. La Biblia contiene una variedad de géneros literarios y cada uno se interpreta de una manera distinta. Muchos tienen la idea que la Biblia es una gran alegoría, y por lo tanto quieren ver hasta el más mínimo detalle como representando algo. Casi que no pueden leer sobre una mosca sin querer decir lo que ese insecto representa. La Biblia contiene alegorías, pero no toda la Biblia es una alegoría. Génesis 2 es narrativa histórica.
Considera los siguientes puntos que te ayudarán a interpretar la narrativa histórica con precisión. (Lamento muchísimo no poder recordar de quíen leí el siguiente material).
1. La narrativa no es normativa. Es descriptiva pero no prescriptiva. En otras palabras, no podemos tomar la narrativa y hacer una ley de ella. La narrativa no busca decirnos directamente cómo debemos vivir, sino que lo hace a través de los buenos y malos ejemplos que nos presenta.
2. La narrativa no es exhaustiva. Dios no nos da todos los detalles que ocurrieron en una historia. Nos provee todo aquello que avanza el mensaje principal de las Escrituras que es la historia de la redención del hombre.
3. La narrativa no es subjetiva. No podemos entender la narrativa a nuestra manera. El lector no tiene el derecho de interpretar las historias contadas en la Biblia a su manera. Necesitamos leer la narrativa bíblica de acuerdo a su contexto canónico, lejano e inmediato. Debemos interpretar la narrativa bíblica con el contexto histórico y literario en mente.
4. La narrativa es repetitiva. El Espíritu Santo guió a los autores bíblicos para que escribiesen narrativa enfatizando ciertas cosas para que se pueda interpretar adecuadamente. Esto muchas veces se hizo a través de la repetición.
5. La narrativa no es figurativa. Las historias contadas deben ser tomadas como siendo cien por ciento literales. Otra vez, no debemos alegorizar y espiritualizar todo. Cuando alguien nos cuenta algo, no alegorizamos todo lo que nos dicen. Lo que nos cuentan, lo tomamos de manera literal. ¿Por qué no hacemos lo mismo con la Biblia?
6. La narrativa es extensiva. Dios no nos cuenta historias para entretenernos. Nos cuenta historias porque forman parte de una historia más importante que la historia que se está contando. Toda historia en la Biblia juega un papel en la historia de la redención de Dios.
7. La narrativa es proyectiva. El hombre nunca es el protagonista de las narrativas en las Escrituras. El protagonista siempre es Dios.

Esto quiere decir que no debemos tomar todo lo que dice el Espíritu Santo en Génesis 2 y buscar lo que representa porque su género es narrativa histórica. Esto no quiere decir que nada en este pasaje no simboliza algo. Ciertamente hay simbolismo pero necesitamos hacerlo responsablemente. Debemos hacerlo conforme lo hicieron otros escritores bíblicos. Consideremos el simbolismo del huerto del Edén.
1. La ubicación del Edén representa la presencia de Dios
Este lugar se ubicaba «al oriente» (v.8). Esta ubicación junto con otros detalles dados, busca describir este lugar como siendo un entorno donde el hombre disfrutó una cercanía muy especial con Dios. Cuando Adán fue sacado del huerto, fue en dirección el oriente (3:24). La entrada al tabernáculo estaba hacia el oriente (Éxodo 27:13-16). La gloria de Dios abandonó el templo en esta misma dirección (Ezequiel 10:18-19). Llama la atención que su gloria regresará al templo desde esa misma dirección (Ezequiel 43:2). Pero tengamos cuidado. No porque en ciertos pasajes el oriente representa la presencia de Dios, esto signifique que lo mismo debe decirse en cuanto a toda ocasión en la que leamos del oriente en la Biblia.
2. Los dos árboles simbolizan dos cosas opuestas
En el centro del Edén estaba el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Estos dos árboles fueron reales, pero no era algo en sí en ellos que los hacían llamativos, sino lo que representaban. El contexto inmediato y el contexto lejano demuestran que estos dos árboles representaban dos cosas distintas.
El árbol de la vida simbolizaba vivir una vida de sujeción a Dios y de comunión profunda con él. En Proverbios, el árbol de vida representa la sabiduría de Dios, la cual se necesita para poder vivir agradándole a él. Lo que daba el árbol de la vida es la vida eterna de la que nos habla la Biblia. Recalca la calidad de vida que da Dios, más que la cantidad de vida. En el estado eterno comeremos del árbol de la vida (Apocalipsis 3:22; 22:14).
El árbol del conocimiento de bien y del mal era la señal del pacto que Dios hizo con Adán. Aunque no se menciona abiertamente que se efectuó un pacto, todos los aspectos de un pacto se encuentran en lo que la Escritura nos dice sobre las palabras del Señor al primer hombre. Si comían de este árbol, esto representaría al hombre rechazando a Dios y pecando contra él. Comer de este árbol era dejar la inocencia y saber distinguir entre lo bueno y lo malo, haciéndolo apartados de Dios y para cometer mal y no bien. Este árbol representaba la prueba que Dios estaba poniendo al hombre. El texto inspirado nos indica lo que representan los dos árbol sin la necesidad de que nosotros lo impongámos.
3. El Edén fue la primera morada terrenal de Dios
La Biblia nos indica que en este jardín nacía un río que lo regaba y que se dividía en cuatro ríos más pequeños. Diversos pasajes en la Biblia hacen ver que hay agua fluyendo de la presencia de Dios (Salmo 36:8; Jeremías 17:13; Ezequiel 47:1-12; Apocalipsis 22:1). Llama la atención que nuestro Salvador usó el símbolo de «agua viva» al describir la bendición que es ser poseedor de la salvación de Dios (Juan 4:14; 7:37-39).
Si combinamos las dos ideas, pudiéramos deducir que los ríos que salían del Edén representan que es de Dios que fluyen todas las bendiciones. El favor de Dios, como si fuera, salía del Edén hacia el mundo.
Al pensar en esto junto con el hecho de que el hombre fue creado imago Dei («a imagen de Dios») para que gobernara la tierra, nos indicaría que el propósito del Señor era que de este paraíso saliera la humanidad para gobernar toda la tierra. Se llevaría a cabo en el nombre de Dios y para que su gloria llenase todo el planeta.
El hecho de que el Edén es llamado el «monte de Dios» (Ezequiel 28:13-16) daría a entender que en el huerto había un monte sobre el cual moraba Dios y que el hombre se acercaba a él en esa ubicación. La Escritura repite frecuentemente que Dios moró sobre diversos montes. Moró sobre el Sinaí cuando estuvo con Moisés. El templo en el que moró en Jerusalén estaba sobre un monte. El Señor Jesús estuvo con siervos suyos sobre un monte. El Señor llevó a Juan «a un monte grande y alto» para mostrarle la ciudad en la que habitaremos por siempre (Apocalipsis 21:10).
Algo que también comprueba que el huerto fue el primer lugar donde Dios hizo manifiesta su presencia aquí sobre la tierra es un comparativo muy interesante que hace la Escritura entre el Edén y el tabernáculo o el templo. Recordemos que la audiencia original del Pentateuco fueron los hebreos que habrían de entrar a la Tierra Prometida. Al comprender eso, es que podemos entender el significado de lo siguiente. (1.) La presencia de Dios es mencionada como estando presente en cada uno de estos lugares. (2.) Hay querubines presentes en estos espacios. Ellos son los protectores del trono de Dios. (3.) Hay mucha semejanza entre el árbol de la vida y el candelero de oro. (4.) Ríos y agua fluyó del Edén y fluirá del templo que exisitirá durante el milenio. (5.) Algunos materiales valiosos que estaban en la región del huerto, fueron utilizados en la construcción del tabernáculo. (6.) Encontramos árboles en el Edén y diseños de palmeras en el templo. (7.) En hebreo, los verbos que son utilizados para describir a Adán siriviendo y guardando son usados en el Pentateuco para describir el trabajo de los sacerdotes.
4. Adán fue un rey-sacerdote
La Biblia presenta de manera muy clara que Adán fue creado para cumplir con el doble oficio de ser rey y también sacerdote. Veamos primeramente lo que comprueba que él fue un rey. Adán fue un regente del Señor al gobernar sobre la tierra con el propósito de dar a entender que la autoridad divina es la que reina sobre todo. Al ser creado, Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra» (Génesis 1:26). Dios le pidió que sojuzgara y que se enseñoreara de la tierra (Génesis 1:28). El salmo 8 tiene su cumplimiento final en el último Adán, Cristo Jesús, pero no olvidemos que también se refiere a la intención que Dios tenía con el primer Adán. Dice una porción de este canto: «Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo, las aves de los cielos y los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar» (v.5-8). Vemos su autoridad de igual forma al ser los animales llevados a él para que los nombrara (Génesis 2:19-20).
Hay también la suficiente evidencia que Adán sirvió como sacerdote del Altísimo en el jardín. Leemos que: «Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase» (Génesis 2:15). Fue puesto allí para servir o trabajar y para guardar este paraíso. Volvemos a encontrar que el trabajo es algo que proviene de Dios y que es algo que a él le agrada. Adán trabajó y guardó el Edén antes de que entrara el pecado en el mundo. El empleo no es una consecuencia del pecado. Todo trabajo que es digno y honesto, por más insignificante que parezca, es para la honra del Señor. En distintas ocasiones estos dos verbos: «labrara» y «guardase», son usados juntos, como ya se mencionó, para describir el trabajo que hacían los sacerdotes en el tabernáculo (Números 3:7-8; 8:26; 18:5-6, 7; 1 Crónicas 23:32). Al ser el Edén el lugar donde Dios moró sobre la tierra y al usarse palabras que después se usarán para describir el trabajo de los sacerdotes, esto indicaría que Adán fue un sacerdote. No debe sorprendernos porque ese es un tema a lo largo de todas las Escrituras. Cuando vemos a Dios morando en un lugar, leemos de sacerdotes sirviéndole. Esto ocurrió en el tabernáculo y en el templo; ocurre hoy en la iglesia; y así también será por siempre cuando sirvamos como sacerdotes en la Nueva Jerusalén.
Esto nos debe a llever este texto al plano cristológico. Lo podemos hacer al contrastar al primer Adán con el último Adán, como lo hace el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento (Romanos 5:12-21; 1 Corintios 15:22, 45). Lamentablemente el primer Adán falló terriblemente como rey y sacerdote de Dios. Pero nuestro Señor, él perfectamente cumple a la misma vez los oficios de rey y sacerdote. Él gobierna sobre todo poderosamente y él intercede por nosotros ante Dios amorosamente.
En conclusión, estudia la tipología bíblica de manera responsable. No antepongas lo que no está en el texto. Asegúrate de interpretar los símbolos utilizando la Biblia misma. Veamos la gran responsabilidad que tenemos de ser cuidadosos y diligentes al estudiar las Escrituras. El hecho de que es la Palabra de Dios, nos debe infundir un deseo por interpretarla acertadamente. En el día de Cristo tendremos que dar cuenta por cada tipo no interpretado adecuadamente. El Señor nos motive a disfrutar el estudio de su Palabra y que podamos enseñarla correctamente a otros. Esto complacerá grandemente el nombre de nuestro gran Dios.
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