Cristo en toda la Biblia

Dominio sobre los Animales

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“Todo lo sujetaste bajo Sus pies…” (Hebreos 2:8).

El Creador de todo, siempre ha mostrado pleno dominio sobre toda Su creación, sea estando en el cielo o estando aquí en la tierra. Nota como demostró esto con el reino animal al estar aquí.

1. Dominio sobre las aves del cielo.

Mientras el hombre lo juzgaba, Él se aseguró de que un gallo estuviese cerca y le mandaba a que cantara mientras Pedro lo negaba (Mar. 14:68, 72) tal y como se lo había anticipado (Mar. 14:30).

2. Dominio sobre los animales del campo.

En aquella ocasión en la que el Diablo le tentó de tres maneras distintas, Marcos es el único que nos dice que habían fieras en el desierto (Mar. 1:13). Ni Satanás ni las fieras dañaron al Señor aquél día en el desierto.

La profecía de Zacarías 9:9 se cumplió perfectamente cuando el Señor entró a Jerusalén por última vez antes de morir, montado sobre un pollino. No entró sobre un caballo, camello o asno. Entró montado sobre un pollino ¡Asombrosa la autoridad única que tiene la Palabra de Dios en cuanto a la profecía! Lucas es el único que nos dice que jamás había sido montado (19:30). Cristo domó un animal en un instante; algo que a otros les hubiese tomado muchas horas. El poder de Cristo se acentúa cuando Mateo es el que añade que la asna iba con su pollino. Pudo haberse sentado sobre la asna pero se sentó sobre el pollino.

3. Dominio sobre los peces del mar.

En Mat. 17 le preguntan a Pedro si el Señor no iba a pagar el impuesto. Cristo manda a Pedro a que vaya al mar y que saque el primer pez que pesque. El poder de Cristo permitió, que en el primer intento, un pez mordiera el anzuelo y que en la boca de ese pez hubiese una moneda. No era la primera ni la última vez que aquel pescador vería un pez con un anzuelo en su boca, pero jamás volvería a ver a un pez con una moneda en su boca. Cristo había guiado al pez a la orilla y había formado en su boca una moneda.

En por lo menos dos ocasiones (Luc. 5:7; Jn. 22:11) cuando los discípulos habían pasado horas tratando de pescar, el Señor guió muchos peces para que nadasen y llegasen a estar cerca de donde estaban pescando Sus discípulos. Un pez o una gran cantidad de peces, el Señor los controlaba a todos.

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