Vida Cristiana

Cuando Pases por el Fuego

Las dificultades de la vida nos pueden hacer sentir como si tuviésemos que caminar por una vereda que se está incendiando.

El calor del fuego nos lastima. El humo hace que entremos en desesperación. Nubla nuestra vista. Nuestros pulmones se llenan de humo impidiendo que podamos respirar tranquilamente. Entramos en pánico y dejamos de avanzar.

Preferimos huir y no proseguir, a pesar de que sabemos que ese es el camino por el cual deberíamos de continuar.

De repente, cuando menos los esperábamos en esa escena caótica, oímos una voz serena y segura que nos dice: ”No temas; porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú”. Detenemos nuestros pasos y hacemos lo inimaginable. Comenzamos a avanzar de vuelta a la vereda que se consume en llamas.

La voz vuelve a hablarnos. Habla en un tono que nos transmite plena seguridad. Percibimos que está en perfecto control de las circunstancias. Todo indica que no le preocupa en lo más mínimo que tengamos que pasar por ese fuego abrumador. Es más, nos indica que debemos pasar por el fuego, pero también nos hace una promesa. Oímos que nos dice: ”Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”.

person standing in front of fire

Si no fuera suficiente, ahora nos revela quién es. Él sabe que esta experiencia hace que perdamos nuestra percepción y esperanza. Nos dice quién es para que podamos confiar plenamente en su promesa de que caminemos por el fuego pero que no nos quemará. En medio de ese calor tan intenso; al estar sudando nuestra frente, rojo nuestro rostro y nuestras manos temblando, nos habla. Nos dice, despejando todas nuestras dudas: ”Yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador”.

Todo cambia. Ahora sabemos que nuestro gran Dios es el que nos está pidiendo continuar. Cuando queremos comenzar a razonar con él por qué es que nos pide avanzar, calma nuestras angustias y remueve toda duda de nuestras mentes. No nos da explicaciones. Lo único que nos dice es: ”A mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé.” Nos asegura que su amor por nosotros es inamovible a pesar de lo que nos está pidiendo hacer.

Y cuando queremos que nos muestre cómo le haremos para pasar sin quemarnos, no lo hace. Solo nos dice: ”No temas, porque yo estoy contigo”.

Sin saber el por qué ni el cómo; nos dirigimos al fuego. Nos duele. Nos quema. Pero en medio de todo, notamos algo sobresaliente. No vamos solos. Como con los compañeros de Daniel en el horno, vemos que va uno con nosotros uno ”semejante a hijo de los dioses”. Suspiramos y exclamamos: ”¡Es él! ¡No voy solo! El Señor que me pidió pasar por el fuego y que me prometió que no me quemaría, ¡viene conmigo!” Ahora vemos el fuego de una forma completamente distinta. Ya todo tiene más sentido porque vamos de su mano.

Al salir del fuego volteamos a mirarlo y nos asombramos junto con los que no podían creer lo que sucedió con los jóvenes en la profecía de Daniel. ”El fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían.” Reconocemos que aunque nos dolió pasar por allí, Él siempre guardó sus promesas y todo siempre tuvo un propósito para nuestro bien.

1 comentario en “Cuando Pases por el Fuego”

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