Cristo en toda la Biblia

Siete Descripciones de Cristo como Profeta

“Jehová su Dios les levantará un profeta” Dt. 18:15

En el capítulo 13 Dios advierte a Israel sobre profetas falsos que se levantarían de entre ellos para inducir al pueblo a adorar a otros dioses. Aquí en el capítulo 18 también se instruye acerca de los falsos profetas, sobre cómo los identificarían y cómo los castigarían. Pero en los v.15-19 se profetiza la venida de Cristo como el Profeta de Dios, que le serviría a él de esta manera.

¿Cómo sabemos que esta es una profecía sobre Jesucristo? Por que cuando Pedro predicó en el templo después de que sanó al paralítico; al hablar de Jesús, él confirmó que las palabras de Moisés en Deuteronomio 18 se cumplieron en el Hijo de Dios (Hch. 3:21-23). Esteban también menciona esta profecía en el discurso que dio antes de ser martirizado (Hch. 7:37).

Cristo era el Profeta que esperaban los Hebreos (Jn. 1:21). Cuando la gente vio una señal milagrosa suya, dijeron: “¡No hay duda de que es el Profeta que esperábamos!” (Jn. 6:14). Al escuchar sus palabras, dijeron: “Seguramente este hombre es el Profeta que estábamos esperando” (Jn. 7:40). El ciego que fue sanado por Cristo, dijo: “Creo que debe de ser un profeta” (Jn. 9:17). Los discípulos que caminaron con el Señor hacia Emaús, sin saber que era él, le dijeron acerca de él: “Era un profeta que hizo milagros poderosos” (Lc. 24:19).

En Deuteronomio 18:15-19 hay siete cosas que se afirman 1,500 años antes de la venida del Cristo de Dios sobre cómo se desempeñaría como profeta de Dios. Veremos que cada una de ellas se cumplieron con exactitud.

Las siete descripciones de Cristo como Profeta son las siguientes:

  1. Sería levantado de entre el pecado de Israel

    No sería un Profeta que nacería siendo gentil, sino que sería judío. Nuestro Señor nació siendo israelita (Rom. 9:5) de la tribu de Judá (Heb. 7:14). La mujer samaritana lo consideraba como siendo judío (Jn. 4:9) y Cristo se consideraba de esa misma nación (Jn. 4:22). Triste pensar que la mayoría de los judíos no oyeron al Profeta de Dios a pesar de que nació en la misma nación que ellos.
  2. Sería como Moisés

    Moisés fue el mediador de Israel al interceder por ellos ante Dios. Por lo tanto, tuvo una cercanía y una comunión con Dios que nadie más tuvo en el pueblo. No podemos olvidar que por la gracia de Dios, él también fue el gran libertador de Israel. Cristo excede a Moisés en estos tres aspectos, pero en esta manera se asemeja a él para cumplir esta profecía. Cristo es nuestro gran Mediador, nadie tendrá la misma cercanía y comunión que él tuvo con su Padre y él es nuestro gran Libertador.
  3. Sería levantado por Dios

    No sería señalado como Profeta por sí mismo o por el hombre, sino por Dios mismo. Constantemente el Señor afirmó que fue su Padre que lo había enviado a la tierra para las personas creyeran en él. Jesús dijo: “No estoy aquí por mi propia cuenta, sino que él me envió” (Jn. 8:42). Dios ha escogido que sea a través de su Hijo que él nos hable (Heb. 1:1). Claramente fue levantado por Dios como Profeta.
  4. Sería escuchado

    Es fundamental que un profeta sea escuchado. Su función es comunicar revelación de Dios, pero únicamente cumpliría su propósito, si era escuchado. Este era el deseo de Dios para con su Hijo como Profeta. Al transfigurar su gloria, Dios dijo de su Hijo: “Este es mi Hijo muy amado, quien me da gran gozo. Escúchenlo a él” (Mt. 17:5). Él quería que lo escucharan y así fue, aunque hubieron muchos que no le escucharon.
  5. La palabra de Dios estaría en su boca

    Este supremo Profeta no hablaría por su cuenta, sino comunicaría a los hombres todo lo que su Padre le revelaría. Esto lo confirmó cuando dijo: “Mi mensaje no es mío sino que proviene de Dios, quien me envió” (Jn. 7:16). Antes de ir a la cruz, le oró a su Dios: “Ellos aceptaron el mensaje y saben que proviene de ti y han creído que tú me enviaste” (Jn. 17:8). No era porque no tenía autoridad, sino porque quería mostrar plena dependencia en su Dios en todo lo que hacía, incluyendo las cosas que hablaba.
  6. Hablaría todo lo que Dios le mandaría

    Otra vez se enfatiza la sujeción de este Profeta a Dios al decir todo lo que mandaba su Padre. No importaba cuánto le haría ser rechazado o sufrir, el Hijo de Dios siempre habló conforme a la voluntad de su Padre. Buscó oírlo mañana tras mañana para saber cómo hablar (Isa. 50:4, 5).
  7. Se castigaría a los que no le escucharan

    La palabra de este Profeta es tan importante, que se advierte que habrá castigo para todos aquellos que no le escuchan. En el Apocalipsis vemos una metáfora de la autoridad de su palabra. Juan cuando vio a Jesús vio que de su boca salía una espada aguda de dos filos (Ap. 1:16). Aquellos que no acepten su palabra, serán castigados, y tendrán que cerrar ante él la boca (Isa. 52:15). Nosotros que hemos creído en él, amamos su palabra y buscamos obedecerla para su eterna gloria.

Gracias a Dios por su Hijo, el Profeta que él levantó y que siempre habló su palabra sin engaño y hipocresía. Él es todo lo opuesto a los falsos profetas. Al ser hallados como engañadores y mentirosos, tenían que ser matados. Nuestro Señor fue el Profeta que nunca deshonró a su Dios, y aún así él murió, no por engañar, sino por hablar la verdad y por querer pagar nuestros pecados.

La gloria sea siempre solo para él.

Foto por Kellen Riggin

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