Cristo en toda la Biblia

Los Ancianos que Hablaron en Contra del Santo

“Los ancianos de la ciudad, en la puerta” Dt. 22:15

Cada ciudad en Israel tenía ancianos que se sentaban a la puerta para juzgar todo tipo de casos legales. Elegían varones que mostraban ser sabios, imparciales y aptos para ser líderes entre el pueblo de Dios.

Eran personas de mucha importancia porque tenían que aplicar la justicia de Dios en medio de su pueblo. Al leer las Escrituras hebreas, aprendemos que entregaban al homicida en manos del vengador que no podía morar en una de las ciudad de refugio (Dt. 19:12). Ellos recibían a los hijos rebeldes y contumaces que eran presentados por sus padres a la puerta de su ciudad que serían apedreados (Dt. 21:19). En esa misma ubicación, trataban asuntos sobre dificultades que se suscitaban en un matrimonio (Dt. 22:15). Personas entrando o saliendo de la ciudad, verían a los ancianos aplicando la ley del levirato, y en algunos casos, a la mujer quitándole el calzado y escupiendo sobre el rostro del varón que no quiso casarse con ella (Dt. 25:7). Habían muchos otros tipos de asuntos en los que tenían que juzgar a la puerta de la ciudad.

Cuando consideramos a los ancianos en relación a la experiencia de Jesús, vemos que no aplicaron justicia. Fue todo lo contrario. Durante la vida y la muerte de nuestro Salvador, los ancianos le juzgaron injustamente.

Le cuestionaron sobre la autoridad bajo la cual él actuaba (Mt. 21:23). Junto con los principales sacerdotes y los escribas, conspiraron sobre lo que debían hacer con el Mesías (Mt. 26:3). También estuvieron involucrados en el arresto de nuestro Amado al estar orando en el huerto (Mt. 26:47). Estuvieron muy atentos al juicio del Hijo de Dios haciendo todo lo posible para que el Justo fuese hallado culpable (Mt. 26:57, 59; 27:1). Al haber sido sepultado el Señor Jesucristo, los ancianos sobornaron a los soldados romanos para que mintieran y dijeran que los discípulos se habían llevado el cuerpo de nuestro Salvador (Mt. 28:12, 13).

¿Cómo es posible que los ancianos pudiesen actuar de esta manera?

¿No que estaban para juzgar rectamente en representación de Dios?

¿Cómo es posible que pudieran conducirse tan corruptamente, especialmente cuando se trataba de Dios encarnado?

Pero eso no fue todo lo que hicieron con Jesús. En el Salmo 69, David profetizó: “Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, y me zaherían en sus canciones los bebedores” (v.12). Ya vimos que eran los ancianos que sentaban a las puertas de las ciudades para juzgar. ¿Qué habrá sido para el Señor, mientras que se dirigía al Gólgota cargando su cruz, saber que los ancianos hablaban en su contra y los borrachos se burlaban de él al cantar? En el día de su crucifixión, fue rechazado por los más respetables y por los más detestables de la sociedad judía.

Los ancianos que debieron haber abogado por él, más bien contribuyeran a que se llevara a cabo el juicio y la ejecución más injusta en la historia de la humanidad.

Al congregarnos mañana primer día de la semana, alabemos al que sufrió todo tipo de humillaciones, específicamente de parte de los ancianos sentados a la puerta de Jerusalén.

¡La honra eterna sea solo para él!

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