Cristo en toda la Biblia

Débora y Su Corazón de Fragancia a Dios

David Alves Jr.

Jueces 4:1-5:31

La historia de Israel se volvió a repetir. Dios los libró, pero después de un tiempo, volvieron a hacer lo malo delante de Él. En esta ocasión, Yahweh permitió que fuesen vendidos a los cananeos para estar bajo el dominio opresivo y cruel de un pueblo que tenía 900 carros herrados.

Por causa del pecado de la nación y de la apatía demostrada por los varones, Dios permitió que una mujer llamada Débora gobernara a Israel.

Débora y Barac vencieron a los cananeos cuando una mujer llamada Jael mató a Sísara, capitán del ejército enemigo. Usó una estaca y fue en su propia casa. Sísara había huido del campo de batalla.

Al haber vencido a este pueblo, Débora cantó junto con Barac una alabanza a Dios.

¿Qué hacen personas espirituales cuando testifican el poder ilimitado y la misericordia maravillosa de Dios?

Adoran. Alaban. Exaltan. Cantan.

Moisés cantó después del cruce del Mar Rojo. Israel cantó después de que el joven David mató al gran Goliat. Débora y Barac cantaron cuando el rey Jabín y todo su ejército fueron destruídos y derrotados.

¿Nosotros por qué cantamos?

En parte, por el triunfo de la cruz; y por el triunfo de la resurrección.

Nuestro invencible y poderoso Salvador, ganó la batalla más grande, más sobresaliente de todas; y todo por rescatar nuestras almas.

Al considerar el precioso canto de Débora en el capítulo 5 de Jueces, aprendemos distintas cosas sumamente importantes que nos ayudan a nosotros a adorar a nuestro Dios. No podemos hacerlo conforme a nuestra voluntad o conveniencia. Hay lineamientos que Dios marca en Su Palabra para que nuestra adoración sea favorable para Él, como es el caso de este cántico entonado por Débora y Barac.

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En primer lugar, el canto estaba dirigido a Jehová y era para loarle. Cantaron dos veces: “Load a Yahweh” (v.2, 9). En su canto expresaron: “Yo cantaré a Jehová, cantaré Salmos a Yahweh” (v.3).

Esto nos hace recordar que al cantar, no lo hacemos por costumbre o porque nos complazca hacerlo; sino que lo hacemos para magnificar el Nombre del Señor al dirigirle a Él nuestros himnos. Cantamos al Señor himnos espirituales con gracia en nuestros corazones (Col. 3:16). No te olvides de esto al reunirte mañana con el pueblo de Dios. Al cantar, ¡le estás cantando a Él!

En segundo lugar, al observar lo que cantaron Débora y Barac, notamos que en tres secciones del canto, adoraron a Dios por Sus proezas realizadas en el pasado (v.4-8, 13-30). Adoraron a Dios por todo lo que Él hizo para librarles de los cananeos. Repasaron el pasado y buscaron todas las maneras posibles de expresarle a Dios todo el poder y toda la misericordia que Él había manifestado para beneficio de ellos.

Esto mismo es lo que hacen muchos de los himnos que cantamos en la actualidad. En ellos loamos a Dios por Sus eternos y gloriosos atributos; por Su poder demostrado en la creación; por la grandeza y superioridad que solo Él posee; por Su benevolencia siendo constantemente dispensada a nosotros; y por la Persona, la muerte, la resurrección y la exaltación de Su Hijo.

En el partimiento del pan, principalmente cantamos a Dios, y para gloria Suya, sobre las angustias del Salvador. Al cantar, miramos al pasado, para contemplar la inmensa proeza realizada por Jesús al finalizar perfectamente la grandiosa obra de la salvación.

En tercer lugar, Débora y Barac cantaron para la gloria suprema de Dios, pero también lo hicieron para motivar a que todos los demás en el pueblo hicieran lo mismo (v.9-12). Deseaban que aún los jefes de Israel y los que cabalgaban sobre asnos blancos le adoraran.

En otras palabras, no importa quienes seamos, todos tenemos la obligación de rendirnos ante el Dios de majestad y adorarle de todo corazón. El Espíritu nos une a otros que comparten el mismo deseo que tenemos de ensalzar a nuestro Libertador.

Por último, el canto lo finalizaron bendiciendo a Yahweh por la bendición que son aquellos que le aman (v.31). De una manera muy hermosa se expresaron de ellos al decir que los que aman a Dios son “como el sol cuando sale en su fuerza”.

A través de esto, aprendemos que la verdadera adoración a Dios va acompañada de un amor incomparable a Él; y que los que adoran a Dios, deben brillar como el sol al manifestar siempre la gloria de Dios en sus vidas.

1 comentario en “Débora y Su Corazón de Fragancia a Dios”

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