Cristo en toda la Biblia

El Cristo Observado

Observado en gloria

La tierra estará hundida en tinieblas al final de la tribulación por los juicios que serán arrojados sobre la tierra, cuando nuestro Señor vendrá con todo el resplandor de su gloria. Nosotros vendremos con él, pero los que estén aquí sobre la tierra lo observarán bajar en esa luz radiante. “Aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria” (Mt. 24:30). Juan describe lo mismo sobre la isla de Patmos: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él” (Ap. 1:7). Ellos lo verán, pero lamentarán porque vendrá como Juez; nosotros en el cielo observaremos al que dio su vida por nosotros, pero nosotros lo adoraremos. “Verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.” (Ap. 22:4). Muy pronto observaremos a Cristo en toda su gloria.

Observado en burla

Muchos observaron a Cristo sobre aquella cruz. Aparte de Juan y de las mujeres, todos al mirarle permitieron que el enojo, el desprecio y la burla hacia Cristo entrara en sus corazones. Los soldados satisfechos al haber llevado a cabo la muerte más cruel para Cristo, Mateo nos dice que “sentados le guardaban allí” (Mt. 27:36). Lo observaron resguardándole de forma burlesca como si Cristo fuese capaz de escapar de la muerte de la cruz y no sufrir por nosotros.

Observado en reprobación

En tres ocaciones Lucas menciona a Cristo siendo visto utilizando la misma palabra. Los Fariseos lo miraron para ver si iba a sanar al hombre con la mano seca un día de reposo (Lc. 6:7). También un día de reposo los líderes religiosos acechaban a Cristo para ver si sanaba al hombre que padecía de hidropesía que es la acumulación anormal de líquido (Lc. 14:1). En la tercera ocasión, actuaron con más bajeza porque Lucas nos dice que “acechándole enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador” (Lc. 20:20). Con odio el hombre observó a Cristo y lo hicieron con absoluta reprobación.

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