Cristo en toda la Biblia

Cristo en toda la Biblia: Consagración de los Sacerdotes (Parte 3)

Foto de Editorial La Paz

En la presentación de los sacerdotes habían dos carneros que eran sacrificados. Uno era llamado el “carnero del holocausto” (Lv. 8:18) y el otro era el “carnero de las consagraciones” (Éx. 29:26; Lv. 8:22).

Carnero del holocausto

Primero era sacrificado el “carnero del holocausto”. Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del animal, fue degollado y su sangre rociada alrededor del altar. El carnero fue cortado en pedazos y fueron lavados sus intestinos y sus piernas como había sido requerido por Dios en todas las ofrendas del holocausto (Lv. 1:12, 13). Al ser cortado en pedazos, el animal podía ser observado por fuera y por dentro, y así notar que era sin defecto.

A veces nosotros podemos ser incongruentes. Somos algo por fuera que no somos por dentro. No así nuestro bendito Señor. Podía ser visto el rincón más recóndito de su corazón y era la misma pureza que podía ser vista en él por fuera. Los intestinos del carnero siendo lavados nos habla también de la perfección interna de Cristo. Las piernas del animal siendo también lavadas, nos hace pensar en el perfecto andar de nuestro Señor.

Carnero de las consagraciones

La palabra “consagraciones” significa: “completo”. El sacrificio de este carnero representaba el hecho de que los sacerdotes se estaban entregando a Dios completamente. Una vez más vemos la perfecta devoción del Hijo unigénito a su Padre.

Las manos de los sacerdotes fueron puestas sobre la cabeza del carnero. Lo mismo fue hecho con el becerro (v. 10) y el otro carnero (v. 15). En cierta manera, nosotros hemos hecho lo mismo al apoyarnos enteramente sobre Cristo como nuestro sacrificio perfecto.

El carnero siendo degollado nos hace pensar en los sufrimientos de Cristo sobre la cruz. Al ser matado el carnero, la sangre fue puesta sobre Aarón y sus hijos en sus lóbulos de las orejas derechas, dedos pulgares de las manos derechas y de los dedos pulgares de los pies derechos.

La sangre sobre los lóbulos de las orejas representaba que sus oídos estaban siendo consagrados para siempre oír la voz de Dios. Cristo dijo: “Despertará mi oído para que oiga como los sabios” (Isa. 50:4). Nadie ha prestado su oído para oír la voz de Dios como lo hizo su precioso Hijo.

La sangre sobre los dedos pulgares de las manos derechas representaba que las manos de los sacerdotes serían usadas para el servicio de Dios. Únicamente el Señor podía decir: “Yo hago siempre lo que le agrada” (Jn. 8:29). ¡Qué manos tan preciosas las de Cristo! Manos usadas siempre para servir a su Dios.

La sangre sobre los dedos pulgares de los pies derechos simbolizaba que los pies de los sacerdotes estaban siendo consagrados para caminar conforme a los propósitos de Dios. Juan observó que el andar de Cristo era el más digno de ser imitado y escribió a los creyentes: “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Jn. 2:6). Nos admiramos de cómo Enoc caminó con Dios, pero nadie lo hizo como nuestro Salvador.

Después los sacerdotes fueron rociados con la sangre del carnero y con aceite. Las ropas manchadas de sangre habla del costo que involucra servir a Dios. Pensamos en lo que le costó a Cristo honrar la voluntad de su Padre. El aceite sobre las vestiduras nos habla de Cristo quién vivió en el poder del Espíritu Santo dejándonos ejemplo para que nosotros vivamos de la misma manera.

Ahora las manos de Aarón y de sus hijos van a llenarse, al cargar: la grosura, la cola y la espaldilla derecha del carnero. También una torta grande de pan, una torta de pan de aceite y una hojaldre del canastillo de los panes sin levadura. Todo esto lo mecían delante de Dios representando también de esta manera su entrega completa a él. Llevaban tanto en sus manos que no tenían lugar para algo más. Dios nos ayude a que nosotros nos encontremos igual que ellos al no haber nada más en nuestras manos sino el Señor Jesucristo, y que podamos ofrecerle al Padre algo que hemos disfrutado de su Hijo al hacer memoria de él mañana. Después de haber sido mecido ante Dios, la ofrenda era quemada sobre el altar como olor grato a él.

El pecho del carnero ahora era mecido por los sacerdotes ante Dios. Al ser mecido, el pecho era para Aarón y sus hijos. La espaldilla derecha representa a Cristo dedicando toda su fuerza en el servicio a Dios. El pecho del carnero nos habla de Cristo dedicando todas sus emociones y sentimientos para la honra de su Padre.

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