Cristo en toda la Biblia

Cristo en toda la Biblia: Altar de incienso

Leer: Éx. 30:1-10, 34-38; 37:25-29; 40:5; Núm. 4:11 

Materiales

El altar de incienso estaba hecho de madera de acacia. Ésta madera era conocida por ser muy duradera. Difícilmente se corrompía. La madera de acacia representa la perfecta humanidad del Señor Jesús. El discípulo amado dijo de su Señor: ”Él es puro” (1 Jn. 3:3). Nada, ni nadie puede corromper a Jesucristo. Él no pecó, no podía pecar, ni tampoco podía ser tentado por el pecado.

Éste mueble en el tabernáculo también era llamado el ”altar de oro” (Éx. 40:5) porque fue revestido de oro puro. El oro nos habla de la deidad de nuestro Salvador. Era cien por ciento hombre, esa es la madera, y era cien por ciento Dios, ese es el oro. ¡Qué gran misterio imposible de entender plenamente!

Medidas

Tenía 1 codo de longitud, 1 codo de anchura y 2 codos de altura. El hecho de que era cuadrado, nos indica algo de la perfecta intercesión que el Señor hacer por nosotros en el cielo. El incienso representa nuestras oraciones (Sal. 141:2; Ap. 5:8; 8:3, 4). De manera que el altar de incienso representa a Cristo en la gloria, exaltado a la diestra de su Padre, como nuestro Abogado (1 Jn. 2:1) y el que intercede por nosotros (Rom. 8:34). Los cuatro lados iguales en el altar nos hace pensar en aquél que nunca cambia, aquél que es nuestro amigo fiel.

La altura del mueble trae a la mente la exaltación de Cristo en el cielo después de su muerte, resurrección y ascensión. El que padeció y murió ha sido ”coronado de gloria y de honra” (He. 2:9).

Detalles

1. Cuernos. El altar tenía cuernos en cada esquina. El cuerno en el animal representa fuerza. Los cuernos en el altar hacen pensar en la omnipotencia de Cristo. Aún en su muerte vemos su maravilloso poder. Nadie lo mató. Él dijo acerca de su vida: ”Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo” (Jn. 10:17, 18). En el momento preciso, cuando la hora había llegado, Cristo entregó su espíritu al Padre (Lc. 23:46).

2. Cornisa. Alrededor del altar iba una moldura o corona. Quizás su función era guardar que el fuego se cayera del altar. La cornisa trae a la mente la seguridad que tenemos en el Señor. Algunos erróneamente enseñan que la salvación se puede perder. Cristo enseñó todo lo contrario cuando él dijo de nosotros como sus ovejas: ”Yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre” (Jn. 10:28, 29).

3. Anillos. Dos anillos de oro iban debajo de la cornisa a sus dos lados. Varas eran introducidas en los anillos para transportar el altar. Esto nos hace pensar en Cristo el ”Varón de dolores” y cómo él nos ayuda con nuestras cargas.

4. Varas. Las varas de madera de acacia forradas de oro iban dentro de los anillos para poder transportar el altar. En ellas vemos al creyente en su peregrinación y su relación con el Cristo coronado.

Ubicación

El altar de incienso iba ”delante del velo” y por lo tanto estaba en el lugar santo junto con el candelero y la mesa de los panes (Éx. 30:6; 40:5; Lv. 16:12).

Función

El altar era para que los sacerdotes pudieran quemar incienso de mañana y de tarde. Éste mueble permitía que Dios recibiera olor grato. Pablo resalta lo que la vida de Cristo trajo a la presencia de Dios. ”Cristo les amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma” (Ef. 5:2). Lo que la sulamita dijo de Salomón su amado, lo podemos sin duda decir de nuestro Amado: ”Tu nombre es como ungüento derramado” (Can. 1:3).

Ya mencioné que el incienso representa nuestras oraciones. Si el humo subía el olor grato a Dios, ¡cuánto más las oraciones de su pueblo! La Biblia menciona varios ejemplos de personas que oraron a la hora novena, a la hora que se quemaba incienso y fueron oídos. Ellos fueron: Elías (1 Re. 18:36, 38), Daniel (Dn. 9:21), Pedro y Juan (Hch. 3:1), Pedro (Hch. 10:30, 31). Cristo clamó a esa misma hora: ”Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt. 27:46). En su caso, no fue oído, sino abandonado por su Dios.

Transportación

Sabemos que al moverse la presencia de Dios, los levitas tenían que guardar todo en el tabernáculo y moverlo hasta donde Dios indicara. En Nm. 4:11 se nos indica que al ser transportado el altar de incienso era cubierto con un paño azul y con pieles de tejones. El paño azul nos recuerda del increíble hecho de que Cristo vino del cielo para morir sobre una cruz. Las pieles de tejones, al no llamar la atención por su color, representa la humanidad de Cristo y el hecho de que el hombre no encontró en él algún atractivo. Isaías lo profetizó al escribir: ”Creció delante de él como renuevo tierno, como raíz de tierra seca. No tiene aspecto hermoso ni majestad para que lo miremos, ni apariencia para que lo deseemos” (Isa. 53:2). Para nosotros que hemos creído en Cristo, ”Él es precioso” (2 Pe. 2:7).


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