David Alves Jr.
En Levítico 12 encontramos las leyes dirigidas a las mujeres para su purificación después de haber dado a luz.
Al nacer un varón, la mujer quedaba inmunda a lo largo de 7 días, después el bebé era circuncidado a los 8 días y por 33 días la mujer reposaba en casa.
Al nacer una niña, la mujer quedaba inmunda a lo largo de 14 días y por 66 días reposaba en casa.
Cuando culminaban los días de su purificación, debía presentarse al santuario de Dios para presentar un cordero en holocausto y un palomino o tórtola para expiación. Si la familia era pobre, en vez de ofrendar el cordero, podían entregar a Dios dos tórtolas o dos palominos.

No era el hecho de dar a luz que las dejaba a las mujeres impuras, sino los efectos físicos de dar a luz al derramar fluidos corporales. Dios siempre le da una gran importancia al nacimiento de los hijos (Gn. 1:28; 9:7; 33:5; Sal. 127:3). No se infiere en ningún momento con esta ley que había algo impuro en el nacimiento de los bebés. La impureza no venía por el bebé sino por la sangre. Algo similar ocurría con los varones (Lv. 15:16-18).
Ceremonialmente hablando, la mujer quedaba impura, mas no así el bebé. Me hace pensar en la perfección de nuestro Señor al haber nacido. Él era el ”santo ser” (Lc. 1:35) que nació de María. Fue el primer bebé en nacer en este mundo sin maldad.
Muchos han buscado modificar los hechos en relación al nacimiento de Jesucristo. Lo han querido en cierta manera mistificar. Un ejemplo sería cuando dicen que María dio a luz al Señor sin dolores de parto. La Biblia no dice tal cosa. Lucas nos hace ver que María, como cualquier otra mujer hebrea, guardó los días de la purificación. Esto nos indica que Jesucristo nació como cualquier otro bebé. ¡Lo que tuvo que vivir el Salvador en su encarnación! Démosle gracias a nuestro Padre por aquél que ”cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gál. 4:4).
En el caso de los varones, después de que las madres pasaban los 7 días de inmundicia, los bebés eran circuncidados al octavo día. En cumplimiento de la señal del pacto hecho por Dios con Abraham, el niño sufría los dolores de aquél antiguo rito. ¿No podemos ver aquí los padecimientos de nuestro Amado? Tuvo que tomar para sí un cuerpo de carne para que en ese precioso cuerpo, sufriese por nuestros pecados, para que nosotros nos despojemos de las obras de la carne. Esta es la enseñanza de Pablo en Rom. 8:3 y en Col. 2:11.
Terminemos pensando en María cumpliendo con esta ley al haber cumplido Jesucristo 8 días de nacido (Lc. 2:22-24). Lo primero que nos llama la atención es que no lleva un cordero para ser sacrificado, sino que lleva dos aves, la cual era la ofrenda de los pobres. Nos hace ver la pobreza en la que vivió el Señor del cielo y de la tierra cuando vino al mundo.
María iba para ofrecer un ave en holocausto y la otra ave para hacer expiación. Mientras ella hacía, ella cargaba a aquél que se entregaría a Dios completamente, lo cual vemos en el holocausto; y a aquél que sufriría para quitar nuestros pecados, lo cual vemos en la expiación.
La ley de Moisés establecía que la mujer en los días de su purificación no podía tocar nada santo, no podía ir al templo y debía de entregar las ofrendas ya mencionadas. Pero cuando vemos a María cargando al Señor durante los días de su purificación; aunque no podía tocar nada santo, ella palpaba al Hijo santo de Dios. Aunque no podía ir al templo, ella se encontraba siempre en la presencia misma de aquél que era el templo de Dios. Y aunque ella tuvo que ofrendar sacrificios para su purificación, llevaba con ella al templo a aquél que era la ofrenda perfecta, al ser el Cordero de Dios, para purificar al mundo de sus pecados.

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San Lucas, que era médico además, nos dice que la Santísima Virgen María, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en las posadas de Belén. No hubo nada que cortar, no hubo sangre que limpiar, no hubo días de recuperar? En esta descripción tan sencilla de San Lucas, sin caer en “mistisismos”, sí se infiere, que no fue un parto normal, como el de cualquier mujer hebrea. Así como Dios no escogió a cualquier mujer para la Encarnación del Verbo en su vientre y encarnarse Él mismo allí, que es toda Santidad, tampoco permitió, cualquier parto normal para ella. Los dolores de parto nos vienen a las mujeres, producto de la desobediencia inicial de Adán y Eva; y a Adán con el sudor de su frente conseguir el pan y demás, que está en el Génesis. Dios no puede habitar en un corazón en pecado, es imposible que reine allí, luego María, la Mujer del Génesis y del Apocalipsis que aplasta la cabeza de la serpiente, no tuvo pecado, es concebida sin pecado original, santa, pura, incorrupta, siempre virgen, inmaculada. Por demás me ha encantado su escrito y la forma como ha explicado la presentación del Niño Jesús en el Templo, Antiguo Testamento Vs Nuevo Testamento. Bendiciones
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María tuvo más hijos después de Jesús ella dejó de se virgen, ella fue un instrumento, es pecadora, igual que todos, el Señor a pesar del pecado igual puede usarnos, así hizo con María, ella no es santísima, el único Santísimo es el Señor Jesucristo.
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