Vida Cristiana

En esta Cuarentena, Ora como Ana

¿Tus días son difíciles? También lo eran para Ana. Tenía que soportar honrar a Dios en un entorno profundamente complicado. La nación estaba distanciada de Dios, el sacerdocio en el santuario de Dios estaba completamente pervertido y anhelaba con todo su corazón tener un hijo pero era estéril. No solo eso pero su rival acérrima, Penina la otra mujer de su esposo Elcana, le provocaba y la irritaba por no poder tener hijos.

¿Qué hizo? Oró. Derramó su corazón a Dios.

El sacerdote Elí estaba tan mal en su percepción espiritual que pensó que estaba ebria. Si solo supiera que estaba pidiéndole a Dios un hijo para poder entregárselo y para que fuese de bendición a un pueblo frío y apático.

¡Cuánto podemos aprender de Ana y de nuestras hermanas en Cristo! Pido una disculpa pública a mis hermanas, si como varones no hemos valorado su dedicación y devoción. Estos dos hermosos atributos son vistos en Ana y seguro lo podemos ver en muchas hermanas a nuestro alrededor.

Dios contestó las oraciones de Ana. Se lo había pedido por años, y por fin le contesta, al permitir que ella quede embarazada y de a luz a Samuel, quien sería un gran profeta en Israel. Nos desmayes, hermana. Llevas años quizás pidiéndole algo a Dios. Sus tiempos son perfectos, y el seguramente muy pronto contestará tu petición. La importunidad de Ana sea la misma que pueda ser vista en todos nosotros. Nace su hijo y le pone por nombre Samuel porque dijo ella: ”Porque se lo he pedido a Jehová”. ¿Dios contesta nuestras oraciones? ¡Seguro que sí!

La siguiente escena tiene que ser una de las más conmovedoras en toda la Biblia. Ana había decidido entregar a su hijo a Dios al destetarlo. Lo llevaría al tabernáculo y lo dejaría allí para nunca volver a tenerlo en casa. Me imagino a Ana durante esos años. Lo amaría, lo abrazaría y lo educaría durante esos tres años teniendo en mente todos los días que llegaría el tiempo cuando se despediría de él para consagrárselo a Dios.

Llega el día cuando Samuel es destetado. Ana sabe que es hora. Lo viste, lo levanta a sus brazos y al salir por la puerta de su casa, sabe que ella regresará, pero que será sin su bebé que tanto amaba. Su devoción es tan grande al Señor que no solo lleva su niño, sino también lleva un novillo, una efa de harina y un odre de vino que entregará al Señor junto con su Samuel. Llega a la casa de Dios en Silo, el novillo es sacrificado y Ana le declara a Elí: ”Por este niño oraba, y el Señor me ha concedido la petición que le hice. Por lo cual yo también lo he dedicado al Señor. Todos los días de su vida estará dedicado al Señor.” ¡Gracias a Dios por mujeres devotas a él que están dispuestas a hacer lo que sea por agradar a su Señor!

No solo es Ana ejemplo por ese tremendo acto que hace al entregar a su hijo al servicio de Dios, pero también por la oración que hace después de haber cumplido su promesa al Señor. Durante estos tiempos difíciles, tomemos el ejemplo de Ana en cuanto a lo que ella le dice a Dios en su oración. Considera conmigo cuatro cosas que Ana entendía muy íntimamente acerca de Dios que menciona en la oración hecha en 1 Sam. 2:1-10.

  1. Dios era su gozo.
    A pesar de todo, ella podía decir: ”Mi corazón se regocija en el Señor… me regocijo en tu salvación” (v.1). El gozo de Ana no dependía en sus circunstancias. El Dios que no cambia y no falla era su gozo. Nosotros también podemos regocijarnos en nuestro Padre aún cuando las cosas no van como uno quisiera.
  2. Dios era su fortaleza.
    Pareciera que Ana tiene en mente a aquellos que le hacían la vida imposible, principalmente Penina. Ella le dice a Dios: ”Mi fortaleza en el Señor se exalta; mi boca habla sin temor contra mis enemigos.” Reconoce que lo que ella había recibido en Samuel y lo que había hecho con él al entregarlo, solo era a través del poder ilimitado de Dios. Estos días es cuando más tenemos que confiar en el Dios que es omnipotente.
  3. Dios era su todo.
    Ana dice: ”No hay santo como Jehová; en verdad, no hay otro fuera de ti, ni hay roca como nuestro Dios.” (v.2) La clave para que Ana siguiera sirviendo y orando a Dios, a lo largo de tantas tristezas a lo largo de muchos años, era que en su mente no había nadie como Dios. No pongamos nuestra mirada en las pruebas, sino en el Dios que lo es todo para nosotros.
  4. Dios era su vindicador.
    En la mayor parte de su oración, del versículo 3 al 10, se enfoca en el hecho de que es Dios él que saca la verdad a la luz, que él recompensa los que confían en él y él es el que castiga a los culpables. Ella dice: ”Jehová es Dios de sabiduría, y por él son pesadas las acciones” (v.3). ¿Has sufrido falsas acusaciones? Ana te comprende. Ella habla de cómo los arcos de los fuertes son quebrados; pero cómo los débiles se ciñen de poder (v.4). Así como su situación había sido cambiada por completo para bien, Dios lo mismo hará contigo. Ana explica que los que se saciaban ahora se alquilan para poder comer, que los hambrientos ya no conocen el hambre, las que eran estériles ahora tienen siete hijos y las que tenían muchos hijos ahora desfallecen (v.5). Nadie quiere el mal para nadie, o más bien dicho, no deberíamos querer el mal para nuestros agresores; pero de lo que sí podemos estar seguros, es que si tú dejas todo en manos de Dios, él tarde que temprano impondrá justicia. Ana sigue orando y habla de Dios y cómo él ”da muerte y da vida” (v.6), ”empobrece y enriquece; humilla y también exalta” (v.7), ”levanta del polvo al pobre” (v.8), ”guarda los pies de sus santos, pero los malvados son acallados en tinieblas” (v.9) y que ”los que se oponen al Señor serán quebrantados” (v.10). Pareciera imposible que todo esto suceda. Ana no lo duda porque está convencida del poder de Dios. Ella confiesa cómo Él sostiene al mundo sobre sus columnas (v.8) y controla a los más grandes reyes (v.10). Si Dios pudo obrar en las circunstancias complicadas de Ana, seguramente él podrá hacer lo mismo con las tuyas.

El Dios de Ana, sea el tuyo también. La dedicación de Ana en la oración, sea la nuestra también. En esta cuarentena hay mucho que no podemos hacer; pero a la vez, hay mucho que también sí podemos hacer. Una cosa sería orar como lo hizo Ana.

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