Cristo en toda la Biblia

Consagración de los Primogénitos

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José y María llegan al templo con Cristo a los cuarenta días de nacido. Salieron de la pequeña aldea de Belén para poder cumplir la ley de Dios. “Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío es.” (Éx. 13:2). Algunos llevaban becerros, otros corderos, que serían sacrificados. También ubicamos a varios niños siendo llevados y dedicados, pero hay uno que sobresale de todos. José y María llevan al Hijo de Dios para dedicárselo a Dios mismo. Lucas es el único de los evangelios que nos menciona este evento en la vida de Cristo (2:22, 23). Es impresionante pensar cómo, en medio de tanta actividad en el templo, Cristo a una edad tan tierna, estaba siendo santificado a su Dios. La entrega completa del Hijo a Su Padre, no solo es visto en esa experiencia en Su vida. La vemos desde antes de que viniera al mundo, hasta unas horas antes de morir. Y será algo que disfrutaremos ver en Él por toda la eternidad. “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.” (Isa. 6:8). Notamos Su dedicación a Dios antes de venir al mundo, pero también poco antes de morir. Dijo en el Getsemaní: “No se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Luc. 22:42). La presentación de Cristo en el templo, muestra Su consagración a Dios, pero también Su sujeción a la ley de Moisés. En varias ocasiones Cristo cumplió las leyes dadas a Israel. Todo esto para poder redimir a Su pueblo. “Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley…” (Gál. 4:4, 5). En la ley de Moisés, cuando se ofrecían a Dios los animales primogénitos, no podían ofrecerse los animales inmundos. “Todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieras, quebrarás su cerviz.” (Éx. 13:13). El asno era inmundo, no sería acepto a Dios. Un animal limpio tomaba el lugar del animal inmundo. El Cordero de Dios, santo y Justo, fue sacrificado en nuestro lugar para redimirnos de toda inmundicia.

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