Cristo en toda la Biblia

Cuarto Mandamiento

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El cuarto mandamiento en las tablas dadas a Moisés, junto con los primeros tres, tenía que ver con la responsabilidad de los Hebreos hacia Dios. Los últimos seis eran sobre su responsabilidad hacia el prójimo. Los primeros dos son sobre la Persona de Dios; el tercero: su nombre; y el cuarto: el día santificado a él. Israel debía de guardar reposo el día séptimo (Éx. 20:8). 


Mateo, Marcos y Lucas registran en sus evangelios el hecho de que Cristo dijo ser “Señor del día de reposo” (Mt. 12:8; Mc. 2:28; Lc. 6:5). ¿Qué significa eso? Él fue quien por primera vez llamó y guardó el día de reposo al final de la semana de la creación (Gn. 2:2, 3), y que por lo tanto, él tenía plena autoridad sobre ese día para hacer lo que a él le placía. 


Tocando el tema, quizás sería provechoso enlistar todas las ocaciones en las que se menciona a Cristo teniendo señorío sobre algo. 

– Señor de la mies (Lc. 10:2; Mc. 9:38)

– Señor de todos (Hch. 10:36; Rom. 10:12)

– Señor del cielo y de la tierra (Hch. 17:24)

– Señor de muertos y vivos (Rom. 14:9)

– Señor de ellos y nuestro (1 Cor. 1:2)

– Señor de gloria (1 Cor. 2:8)

– Señor de ellos y vosotros (Ef. 6:9)

– Señor de paz (2 Tes. 3:16)

– Señor de señores (1 Tim. 6:15; Ap. 17:14)


¡Qué extenso es el señorío de Cristo! ¡Es Señor del día de reposo y de todas las cosas!

El Israelita no podía trabajar en el séptimo día (Lv. 23:3; Nm. 15:32; Dt. 5:14; Jer. 17:22, 24) ni encender fuego (Éx. 35:3). El que no cumplía tenía que morir (Éx. 31:14, 15; 35:2; Jr. 17:27; Ez. 20:13). Con el tiempo, la nación escogida por Dios, fue implementando reglas para el día de reposo que no fueron establecidas por Dios. Algo que hicieron con la mayoría de la ley. 


Jesucristo fue rigurosamente criticado e injustamente acusado por haber hecho ciertas cosas en el día de reposo (Mt. 12:10; Mc. 3:2; Jn. 5:16, 18; 9:16). Comió granos de trigo con sus discípulos (Mt. 12:1; Mc. 2:23; Lc. 6:1) que quizás fue lo único que había comido ese día. Sanó a un hombre con una mano seca (Mt. 12:13; Mc. 3:5; Lc. 14:4), libró a un hombre de demonios (Mc.. 1:25; Lc. 6:10), remedió la espalda encorvada de una mujer (Lc. 13:12), hizo posible que un hombre paralítico caminara (Jn. 5:9) e hizo posible que un ciego viera la luz del día (Jn. 9:14). El Señor del día de reposo, una y otra vez, mostró espléndida compasión en ese día. Algo que la ley, ni mucho menos los religiosos de su tiempo, podían brindar. 


Cristo con mucha paciencia, les pidió que consideraran ciertas cosas que debían de hacerse aún en el día de reposo. Una oveja o un buey caídos en un pozo, no podían ser abandonados allí (Mt. 12:11; Lc. 14:5). Un buey o un asno sediento, no iban a dejarse amarrados sin ser llevados a beber agua (Lc. 13:15). La ternura del Creador no permitiría eso para sus criaturas, mucho menos si éramos nosotros en nuestra necesidad espiritual. Nos sacó del pozo en el que estábamos y nos quitó la sed que teníamos con el agua viva que nos dio a beber. 


En su vida guardó el día de reposo como ningún Judío podía hacerlo. También notamos al concluir, que aquel día también se observó en su muerte y sepultura. Las piernas de los dos malhechores fueron quebradas porque se acercaba el Sábado (Jn. 19:31); más no lo hicieron con Cristo, porque ya había muerto. Las mujeres, aquellas fieles seguidoras del Señor, compraron especias aromáticas y visitaron el sepulcro muy temprano el Domingo, el día después del día de reposo (Mt. 28:1; Mc. 16:1; Lc. 23:56).  

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