Cristo en toda la Biblia

José como Figura de Cristo (2)

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La semana pasada vimos a Cristo en la relación de José con sus hermanos. Ahora queremos ver a Cristo en la relación de José con su padre Jacob. La obediencia de Cristo al Padre, la encontramos al notar que José se sujetaba a Jacob al pastorear sus ovejas (37:2) y al hacerle saber el mal comportamiento de sus hermanos (37:2). El Señor dijo de Su Padre: “yo hago siempre lo que Le agrada.” (Jn. 8:29) El amor del Padre a Cristo, es semejante al amor que Jacob sentía hacia José. “Amaba Israel a José más que a todos sus hijos” (37:3). Jacob le mostró eso a su hijo al darle una túnica de diversos colores. Ambas cosas las vemos, entre Dios y Cristo, en las palabras de Jn. 3:35- “El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en Su mano.” Debemos de recalcar que las figuras de Cristo siempre se quedan cortos. En este ejemplo no es la excepción. La razón siendo que las sombras de Cristo nunca pueden opacarlo. Cuando le hables a otros de Cristo o le hables a Dios acerca de Su Hijo, no permitas que la figura sobresalga más que el Señor. En el caso de Jacob y José, vemos que Jacob desacertó en cómo vio el significado de los sueños de su hijo. Inicialmente no aceptó que un día él y la madre de José se le postrarían (37:10). Esto jamás ocurrirá entre Dios y Su Hijo perfecto. “Era Su delicia de día en día”(Prov. 8:30). En dos ocasiones el Padre públicamente declaró la complacencia que tenía en Su Hijo al estar aquí. Aquellas horas difíciles de abandono entre el Padre y el Hijo, sufriendo por nuestras maldades; quizás puedan venir a muestras mentes, cuando leemos de Jacob mostrando luto al ver la túnica de José teñida en sangre (37:33-35). Llegamos a Gén. 46 y leemos la hermosa escena del reencuentro de Jacob y José. Mucho tiempo había pasado, varias lágrimas habían sido derramadas, muchas experiencias amargas se habían llevado a cabo. Todo eso había terminado. Maravilloso pensar en Cristo reuniéndose con Su Padre en el cielo después de sufrir. Habrá traído gran gozo a Jacob conocer a sus nietos, hijos de José. Un día Cristo nos presentará ante el Padre. “He aquí, yo y los hijos que Dios me dio” (Heb. 2:13). Jacob antes de partir, bendijo a los dos hijos de José: Efraín y Manasés (cáp. 48). No lo hizo con sus otros nietos. Hace pensar en Dios bendiciéndonos abundantemente en Cristo. Después reunió a todos sus hijos y bendijo a cada uno. Nota a quien le dedica más tiempo y le desea más bendiciones. Fue a José, el hijo que había que había sufrido tanto. ¿Qué de Cristo siendo bendecido por Su Dios? Profetiza Isaías: “verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en Su mano prosperada.” (53:10)

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