Cristo en toda la Biblia

Mesa con los Panes: Cristo, mi Satisfacción

El sacerdote al entrar al lugar santo, a mano derecha, veía una mesa muy llamativa. Era hecha de madera de acacia cubierta con oro puro. Llevaba dos molduras a su alrededor, y cuatro anillos en cada una de sus esquinas, en donde metían las varas cuando debía de ser transportado. Sobre la mesa, siempre habían doce panes acomodados en dos hileras. No leemos que habían sillas. 


Los panes indicaban que Dios anhelaba tener comunión con cada una de las doce tribus. Él continúa queriendo tener esa misma comunión con su pueblo (Ap. 3:20), y lo hace hoy en día a través de su Hijo, cuando meditamos en él, comiendo del “Pan vivo” y “Pan de vida” (Jn. 6:35, 48, 50). 


Los panes se llamaban “pan de la proposición” (Éx. 25:30; 35:13; 39:36) porque eran puestos en presencia de Dios para su disfrute. Consideremos en los panes, lo que Dios contempla en su Hijo. 


Dios pidió que los panes fueran puestos delante de él “continuamente” (Éx. 25:30). En la eternidad y durante su vida aquí en la tierra, Dios continuamente se ha deleitado en su Hijo. Dios quiere que nosotros constantemente estemos aprendiendo más del Señor. No tenemos por qué ser repetitivos en nuestras oraciones en el Partimiento del pan. Con todo lo que hay en la Palabra acerca de Cristo, siempre deberíamos de poder ofrecer a Dios algo nuevo. 


Los panes eran puestos en “orden” sobre la mesa (Éx. 40:23). Habla de un Dios de orden pero también de un Dios que podía mirar y examinar atentamente los panes. Los hombres acusaron al Señor Jesús de muchas cosas, más Dios podía mirar hasta lo más profundo e íntimo de su Hijo, y únicamente veía perfección. 


Los hijos de Coat tenían la responsabilidad de cocer los panes (1 Cr. 9:32). Con mucho cuidado los preparaban y los llevaban al lugar santo cada día de reposo (Lv. 24:8). Los panes al ser cocidos, nos hacen pensar en Dios recibiendo un disfrute incalculable de lo que su Hijo sufrió al haber sido castigado por su ira a causa de nuestros pecados. La palabra “proposición” tiene que ver con algo que es traspasado. Quizás los panes eran traspasados, y eso sin duda nos hace pensar en el que fue horadado y traspasado.

Los panes eran puestos sobre la mesa con “incienso puro, y será como perfume, ofrenda encendida de Jehová” (Lv. 24:7). Toda lo relacionado con el Señor, de igual manera fue como una aroma sumamente agradable que subía a la presencia de su Dios. 


Nosotros también podemos encontrar en Cristo una satisfacción que nada ni nadie en este mundo nos puede dar. Así como los sacerdotes comían el pan (Lv. 24:9), nosotros debemos de alimentarnos en Cristo y así hacer memoria de él para su honra. 


Cito a John Darby en uno de sus himnos que escribió: 


Este mundo jamás me dará

lo que en Cristo al fin encontré;

un desierto vacío será,

nada aquí de valor hallaré.


“Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre…” (Jn. 6:35)

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