Cristo en toda la Biblia

Barba Arrancada

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La barba era común entre los varones judíos. Habían leyes que trataban con plagas que salían en las barbas (Lv. 13 y 14). Al parecer no era obligatorio llevar una, pero se daba por hecho que todos las tenían, al prohibirse que se las arreglasen (Lv. 19:27; 21:5). Aarón, David, Amasa, Esdras tenían barba (1 Sam. 21:13; 2 Sam. 20:9; Sal. 133:2). 


El quitarse la barba era algo vergonzoso. Dios habló de quitar barbas de los que iba a castigar por pecado (Is. 7:20; 15:2; Ez. 5:1). En 2 Sam. 10 y 1 Cr. 19 los amonitas rasuraron la mitad de las barbas de los soldados de David, lo cual los hizo sentirse “sumamente avergonzados” al grado de que se quedaron en Jericó hasta que les volviera a crecer. 


Nuestro Señor sintió la vergüenza como judío de que perdiera su barba. Isaías escribió de él: “Ofrecí mi espalda a los que me herían, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y salivazos” (50:6). No solamente sintió la humillación de que le removieran su barba y de que se la llenaran de saliva; sino también sintió el dolor intenso de que sus cabellos fueran arrancados de sus mejillas.

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