Cristo en toda la Biblia

Cristo en Toda la Biblia: Efod del Sumo Sacerdote

Image may contain: possible text that says 'Inscripción en mitra: Mitra "Santidad Jehová" (turbante) (Éxodo 28:36) (Éxodo 29:6) Pectoral con 12 Piedras de ónice sobre piedras preciosas las hombreras (Éxodo Éxodo 28:17 21) (Exoo28:9 12; 39:6,7) El urim tumim (no visibles) estaban pectoral (Éxodo 28:30) Cinturón (faja) Efod Incensario con (Éxodo 28:4; brasas fuego Salmo 132:9) (Levítico Hebreos 9:4 Manto (Éxodo 28:34) Orlas campanillas Túnica de lino fino'

Éx. 28:1-14 


Habiendo visto a Cristo en el tabernáculo; ahora nos corresponde verlo en las vestiduras del sumo sacerdote y de los sacerdotes. Dios nos parece enseñar en sus escrituras que las vestiduras representan el carácter moral de una persona. Juan escribe sobre las vestiduras de nosotros la esposa de Cristo en las bodas del Cordero: “el lino es las acciones justas de los santos” (Ap. 19:8). Al estar viendo a Cristo en las vestiduras del sumo sacerdote, también lo veremos como nuestro gran Sumo sacerdote de lo cual leemos en la epístola a los Hebreos. 


En Éx. 28:2-39 se da la descripción de las vestiduras del sumo sacerdote, y en los vv. 40-43 se nos da la de los sacerdotes. Leemos acerca de tres adjetivos de las vestiduras de Aarón (Éx. 28:2). Eran vestiduras “sagradas” porque eran únicamente para él y lo distinguían de entre todo el pueblo. También leemos que eran vestiduras para “honra”, por la dignidad que le daban; y para “hermosura”, por la apariencia llamativa que tenían. Al pensar en Cristo, en su carácter moral, y en cómo le distingue de toda otra persona, podemos decir de él: “eres el más hermoso de los hijos de los hombres” (Sal. 45:2). 


Ningún mortal jamás podrá

con Cristo comparar.

Él es el más hermoso allá,

que en gloria he de mirar,

que en gloria he de mirar.


Las vestiduras del sumo sacerdote se componían de siete partes: efod (vv. 6-14), pectoral (vv. 15-30), manto del efod (vv. 31-35), mitra (vv. 36-38), túnica de lino (v. 39), cinto (v.39) y calzoncillos (v. 42). Esta semana estaremos considerando el efod y lo que nos enseña de Cristo. Antes de continuar, debemos de señalar que no se menciona el calzado. Quizás no usaban al estar sirviendo a Dios sobre tierra santa como con lo que le pidió a Moisés cuando veía la zarza ardiente. 


El efod era de los cuatro colores que ya hemos encontrado antes en el tabernáculo: azúl, púrpura, carmesí y lino torcido. La diferencia siendo que el efod también llevaba oro. Láminas de oro eran cortadas para hacer el hilo. Cada uno de estos materiales y colores nos presentan algo distinto de Cristo. El oro: la gloria de su deidad; el azúl: su porvenir del cielo; la púrpura: su realeza; el carmesí: su sangre derramada; y el lino torcido: su pureza. 


Dos hombreras tenía el efod que se juntaban en sus dos extremos para que el sumo sacerdote pudiese ponérsela. Sobre cada hombrera iban trenzas de oro y engastes de oro y dentro de los engastes iban piedras de ónice. Grabada sobre las piedras iban los nombres de las tribus de Israel. Donde quiera que iba Aarón, al llevar estas vestiduras, siempre llevaba al pueblo de Israel sobre sus hombros.

Llevaba las piedras delante de Jehová al manifestar que los llevaba a la presencia de Dios. Los hombros nos pueden hablar de ser un lugar de seguridad. Qué precioso es pensar que todos nosotros también vamos sobre los hombros de nuestro Sumo sacerdote al habernos rescatado de nuestros pecados. El pastor cuando encontró a su oveja perdida la puso sobre sus hombros (Lc. 15:5). Cuando nos convertimos, en los hombros del Señor fuimos puestos. 


Un cinto de obra primorosa también iba con el efod. El cinto y el efod eran de los mismos materiales y colores. El cinto le daba soporte a un soldado al pelear y a un sacerdote al servir. El sumo sacerdote ciñéndose con su cinto nos lleva a pensar en aquella escena en el aposento alto donde estaban reunidos el Señor y sus apóstoles. Leemos de Cristo: “tomando una toalla, se la ciñó” (Jn. 13:4).

Después de haber hecho eso, hizo algo increíble: le lavó los pies a cada uno de los presentes. El cinto del efod nos habla del servicio de Cristo. Marcos escribió las palabras de Cristo cuando dijo: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mr. 10:45) 

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