Vida Cristiana

En esta Cuarentena, Acompaña como Priscila

”El que halla esposa halla el bien, Y alcanza la benevolencia de Jehová.” (Pr. 18:22)

¡Cuánta razón tenía Salomón al escribir esas palabras!

Dios nos ayude a los varones a valorar más a nuestras esposas, y a las mujeres a no perder de vista un rol muy especial (de muchos que tienen) que es ser de ayuda idónea a sus esposos. ¡No podemos sin ustedes!

Deseamos en esta ocasión observar la vida de Priscila y hallar en ella un ejemplo de una mujer que fielmente sirvió a Dios junto con su esposo Aquila. Quizás esta cuarentena sea un buen tiempo para fortalecer nuestros matrimonios y poder así servir a Dios como lo hizo este matrimonio.

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Su nombre

Priscila significa: ”antiguo”. Hace pensar en lo impresionante que es el hecho que una mujer, que en su tiempo no gozó de fama ni de reconocimiento, pero que para siempre estará en las páginas de la Biblia para que nosotros sigamos su ejemplo.

El nombre de Priscila es el diminutivo del nombre Prisca. Los historiadores señalan que Prisca era una familia muy importante dentro del imperio romano. Por lo tanto, existe la posibilidad de que Priscila tenía familiares de gran importancia en el mundo de la política de su tiempo, pero por causa del evangelio, dejó todo eso a un lado para servir en beneficio de un reino que es eterno.

Su devoción y los sacrificios que hizo, son dignos de imitar.

Su mudanza

Aquila era de Ponto, pero por causa de una orden dada por Claudio, los judíos fueron expulsados de Roma. Esto resultó en Aquila y Priscila llegando a Corinto. Aún cuando a simple vista no parecía ser el caso, pero Dios detrás de todas esas circunstancias, estaba obrando para bien, porque fue en Corinto donde ellos conocieron a Pablo.

Imagínate si tú y tu esposo se vieran obligados a mudarse a un lugar lejano por algún decreto gubernamental o por una crisis en tu país de origen. A veces no entendemos lo que Dios permite en nuestras vidas, pero podemos siempre estar seguros que algún bien vendrá de las manos de Dios.

Priscila y Aquila son testimonios de la gran verdad de la que Pablo escribió en Rom. 8:28- ”sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.” Las cosas placenteras y las cosas adversas. Todo nos ayuda para bien. Adaptarse a nuevo entorno no es nada fácil. A pesar de todo, Priscila y Aquila buscaron soportar todo para honrar a Dios.

Considera a donde se mudaron. Llegaron a Corinto. La ciudad portuaria más importante de Grecia. No tan mal en ese sentido. Pero espiritualmente Corinto era una ciudad patética. Hundida en la idolatría y en todo tipo de inmoralidad. Priscila siguió a su esposo, y seguramente trató de ser de mucho apoyo durante esos tiempos de muchos cambios tan bruscos en sus vidas.

No mucho tiempo después de establecerse en Corinto, Priscila estuvo dispuesta a acompañar a su esposo y a Pablo a mudarse una vez más al ir a Efeso para trabajar en el evangelio allí.

Su hospitalidad

Prisicila y Aquila trabajaban haciendo tiendas, lo cual continuaron haciendo al llegar a Corinto. En ese mismo tiempo, Pablo en su segundo viaje misionero, llegó a Corinto y como también tenía el mismo oficio, Dios usó esto para permitir que estas tres personas se conocieran.

En Hechos 18:2 vemos que Pablo se quedó con Priscila y Aquila. Priscila tuvo que adaptarse a un nuevo lugar y poco después estuvo dispuesta a apoyar a Pablo con un hogar dónde quedarse y un plato de comida qué comer.

Otro gran aspecto de la vida de Priscila de lo cual podemos aprender y emular.

Su conocimiento

Qué equivocada está la persona que piensa que las mujeres saben menos de las Escrituras que los varones. Mujeres de Dios como Priscila, han mostrado la tarea que se han hecho en indagar la palabra de Dios para producir en ellas la devoción que muy claramente mostraron y para ser de apoyo a los demás.

En Efeso, Priscila y Aquila conocieron a un hermano llamado Apolos. Tenía muy buenas cualidades pero estaba falto en algunos puntos en cuanto a la doctrina. Hechos 18:26 nos hace ver que Aquila y Priscila lo ”tomaron más aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.”

No sé de donde hemos adquirido la idea que una mujer no puede enseñar. No hay ninguna duda que en la iglesia debe de guardar silencio (1 Co. 14:34, 35; 1 Tim. 2:12-14), pero en lo privado, en el hogar, Dios anhela que la mujer enseñe (Tito 2:3-5).

Yo en lo personal, en parte atribuyo lo poco que soy y hago para Dios a mi madre, a mi esposa y a otras mujeres que marcaron y siguen impactando mi vida a través de la palabra de Dios.

Su reconocimiento

En Romanos 16:3, 4 Pablo pide saludar a Priscila y a Aquila. Nota el orden. En la mitad de las ocasiones que esta pareja es mencionada en el Nuevo Testamento, primero aparece Priscila y después Aquila. No había ni un gramo de machismo espiritual en Pablo. No tenía ningún problema en reconocer el valor de Priscila como hermana en Cristo por el servicio que brindaba.

Cuando Pablo mandó esos saludos, él los describe como siendo sus ”colaboradores”. Ambos. No solamente Aquila. Para Pablo los dos tenían el mismo valor y apreciaba las distintas maneras en las que los dos lo apoyaban en la obra del evangelio. Las hermanas aún cuando no pueden predicar ni enseñar, son de tremenda bendición en los campos misioneros y en las iglesias.

Pablo también menciona algo que conmueve acerca de este matrimonio. Él escribe: ”expusieron su vida por mí”. No solamente juntos expusieron la doctrina correcta a Apolos, pero también juntos expusieron sus vidas por el bien de Pablo y por el bien del evangelio.

Hermanos varones, dejemos de menospreciar a nuestras hermanas, y aún a nuestras esposas. Bien dijo alguien: ”Detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer”. Yo no soy un gran hombre, pero sí puedo testificar con plena seguridad, que no podría hacer lo poco hago para la obra del evangelio, si no fuera por mi amada esposa que Dios me ha dado.

Todos necesitamos a esposas y a hermanas en Cristo como Priscila para realizar la obra que Dios quiere que hagamos.

Su testimonio

Concluimos considerando el hecho de que la iglesia en Corinto se reunía en casa de Aquila y Priscila (1 Co. 16:19). En la misma casa donde vivían y donde trabajaban haciendo tiendas, este matrimonio mostraba el testimonio necesario para poder recibir a la iglesia en su casa. Si no hubiesen tenido una buena reputación, eso no hubiese sido posible.

Hermana, tu buen testimonio es de mucho valor para Dios y de mucha utilidad para que tú y tu esposo puedan cumplir los propósitos que él tiene para sus vidas.

En esta cuarentena, resuelve en tu corazón querer ser como Priscila. Fue una fiel acompañante de su esposo Aquila en todos los aspectos de su vida para el bien del evangelio y para la gloria de Dios.

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