Cristo en toda la Biblia

Cristo en Toda la Biblia: Fiestas de Israel

The Feast of Tabernacles in Ancient Times – Israel My Glory

En las próximas semanas vamos a estar mirando las siete celebraciones anuales que realizaba el pueblo de Israel las cuales eran: Pascua, Panes sin levadura, Primicias, Pentecostés, Trompetas, Expiación y Tabernáculos.

A manera de introducción vamos a notar algunas generalidades sobre las fiestas y hacer un comparativo con la celebración del Partimiento del Pan que realizamos en la actualidad cada primer día de la semana. Siempre queremos estudiar las Escrituras teniendo a Jesucristo como el enfoque.

Considera las siguientes semejanzas entre las fiestas de Israel y la Cena del Señor:

1. Dios quería rescatar a Israel del yugo egipcio para que le celebraran los festivales en el desierto (Éx. 5:1; 10:9). Él así también ha redimido un pueblo por medio de la sangre de su Hijo para que hagamos memoria de él a través de un pan y una copa.

2. Las fiestas paganas se caracterizaban por un desenfreno en todo tipo de perversidades. No así las celebraciones de Israel que debían de ser ”solemnes” (Éx. 12:14). Nosotros también buscamos hacer memoria de nuestro Salvador ”decentemente y con orden” (1 Co. 14:40).

3. Dios estableció un orden muy claro en cuanto a los tiempos y las formas en las que él deseaba que se realizaran sus fiestas. En relación al partimiento del pan, Dios también nos hace muy claro el orden que desear ver. Desea que se lleve a cabo cada Domingo (Hch. 20:7) y que se haga memoria de su Hijo mediante un pan y una copa (1 Co. 11:23-26). ¿En tu iglesia se cumple con esta ordenanza? La palabra de Dios es muy clara.

4. Las convocaciones nacionales no eran principalmente para el disfrute de los Israelitas. Es muy evidente que las fiestas eran ”a Jehová” (Lv. 23:39). Ante todas las cosas, los festivales eran para adorar a Dios (Zac. 14:18). Nosotros también llegamos a la Cena del Señor con el deseo de alabar a nuestro Padre y a su Hijo. ”Ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre” (Heb. 13:15).

5. Las fiestas permitían que el pueblo de Dios mirara hacia atrás y recordara ciertas cosas que Dios no quería que olvidasen. Por ejemplo: en la Pascua (Dt. 16:3) y en Pentecostés (Dt. 16:9-12) meditaban en el hecho de que habían sido rescatados de Egipto. En los Tabernáculos recordaban el hecho de que moraron en tiendas al salir de Egipto (Lv. 23:43). Dios no quería que perdieran de vista lo que él había hecho con ellos. Lo mismo anhela el Señor con el deseo que tiene de que hagamos memoria del sacrificio de su Hijo cada primer día de la semana. Él sabe que somos propensos a olvidarnos de este gran acto realizado por Cristo a nuestro favor y por eso quiere que recordemos la muerte de Cristo como iglesia cada semana.

6. Las celebraciones de las fiestas resultaban en que los Hebreos no laboraban durante esos días especiales (Lv. 23:36). Dios quería que apartaran ese tiempo exclusivamente para él. No quería que hubiesen distracciones. Había castigo por no cumplir (Zac. 14:18). De la misma manera es con nosotros. Hacer memoria de Jesucristo no es una sugerencia, es una orden. Pongámonos como meta para que terminando la pandemia podamos siempre estar presentes para hacer memoria de nuestro Señor y que no dejemos que nada nos distraiga de estar allí.

7. Los varones Israelitas viajaban al templo en Jerusalén en algunas de las fiestas y debían de presentarse con algo que ofrecerle a Dios. No podían acudir con las manos vacías (Éx. 23:15). Nosotros también deberíamos de llegar a nuestro compromiso el Domingo por la mañana con algo que ofrecerle al Señor. Un himno, una oración o una meditación de su palabra (1 Co. 14:26). No te acostumbres a no participar. Dios es digno que todos lleguemos con algo que ofrecerle.

8. Las fiestas eran convocaciones santas (Lv. 23:4). En el día de la expiación había un duelo nacional por el pecado cometido a lo largo del año. En 1 Co. 11 el apóstol Pablo hace claro que antes de llegar al Partimiento del pan, existe la necesidad de analizarnos para no participar indignamente. ¡No analizar a los demás! Dios quiere que nos analicemos a nosotros mismos y confesar pecado aún no llevado ante la presencia del Señor. Es sumamente serio participar de la Cena del Señor con pecado aún no confesado.

9. Algunas celebraciones también enfatizaban la necesidad de agradecerle a Dios lo que él les había otorgado (Dt. 16:15) como en el caso de la fiesta de las primicias. En la cena del Señor nos presentamos para adorar a nuestro Dios, pero también para ofrecerle nuestras ”acciones de gracias” (1 Tim. 2:1) por la vida, muerte y resurrección de su amado Hijo.

10. Por último. Todas las actividades realizadas por la nación durante las fiestas traía un gozo muy profundo entre el pueblo del Señor (Sal. 42:4). Dejemos las críticas atrás y con alegría alabemos a nuestro Señor unidos como un solo cuerpo que somos.

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