Cristo en toda la Biblia

Inmundos Echados del Campamento Israelita

Números 5:1-4

En el tiempo en el que los Israelitas moraban alrededor del tabernáculo, había lo que consideraban dentro y fuera del campamento. Estar dentro del campamento significaba encontrarse donde estaban las tiendas de cada familia y la morada de Dios. Estar fuera del campamento era ubicarse fuera de la comunidad Hebrea.

Existían distintos motivos por los cuales un habitante del pueblo de Dios tenía que ser echado del campamento por causa de inmundicia. En nuestra lectura, se señalan tres ejemplos por los cuales un Israelita quedaba inmundo, y son: lepra, flujo y por tener contacto con un cadáver.

Se nos dan dos motivos por los cuales esto debía realizarse. En primer lugar, Dios no quería que contaminaran el campamento; y en segundo lugar, su gloriosa presencia moraba allí.

Ser echados del campamento por algún tipo de inmundicia era temporal, hasta que la persona se purificara.

Todo esto nos hace meditar en cómo el pecado nos ha afectado y cómo también repercutió en el Señor por su deseo de salvarnos. Nuestra inmundicia también resultó en separación y aislamiento. Formó una división entre nosotros y Dios (Isa. 59:2). En otro tiempo estábamos lejos de Dios (Ef. 2:13, 17). Nuestro pecado también era visto por Dios como una impureza que debía ser purificada (Ef. 4:19; Col. 3:5).

Tabernacle in the midst of the Camp of Israel | Biblia cristiana,  Ilustraciones biblicas, Biblia

Para poder disfrutar cercanía con Dios y con su pueblo, nosotros también nos vimos en la necesidad de primeramente purificarnos. Ya no a través de algún rito estipulado por la ley de Moisés y por medio de la sangre de animales sacrificados, si no que nos vimos con la apremiante necesidad de que la sangre del Salvador fuese derramada. ”Él se dio por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo para posesión suya, celoso de buenas obras” (Tit. 2:14).

El pecado resultó en que nosotros sufriéramos un apartamiento, pero para Jesucristo fue aún más intenso ese padecer por causa de nuestras maldades. Él no tenía ninguna inmundicia por la cual debía de experimentar eso. Él no podía contaminar el campamento porque era perfecto en su pureza. A pesar de eso, el Hijo de Dios sufrió el rechazo de Jerusalén y el abandono de su Dios.

Cristo Jesús fue crucificado fuera del campamento o de la ciudad de Jerusalén donde estaba el templo y donde muchos Israelitas vivían. ”Para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Así pues, salgamos a su encuentro fuera del campamento, llevando su oprobio” (Heb. 13:12, 13). El Gólgota, locación donde el Señor fue clavado a una cruz, se ubicaba fuera de la ciudad. Juan es el evangelio que más claramente describe esto de entre los cuatro evangelios. ”Tomaron, pues, a Jesús, y Él salió cargando su cruz al sitio llamado el lugar de la Calavera” (Jn. 19:17).

Al encontrarse fuera del campamento, habrá pensado quizás en lo que eso significaba para un judío al estar impuro- un lugar de separación y de vergüenza. Estando en ese lugar de deshonra, sufrió la terrible separación de Dios por nuestros pecados como consecuencia de la maldad. Él exclamó: ”Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Sal. 22:1; Mt. 27:45; Mr. 15:34).

Honremos a Aquél que fue echado del campamento por culpa de nuestras inmundicias.

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