Vida Cristiana

Las Cuerdas Me Cayeron en Lugares Deleitosos

Lo más significativo del Salmo 16 es que David en el v.10 profetiza la gloriosa resurrección del Señor 1,000 años antes de su nacimiento.

Después de esa gran verdad, podemos gozarnos junto con el poeta, en cuanto a todos los bienes que tenemos en Dios. David miraba a su alrededor, y a pesar de todos sus adversarios y todas sus adversidades, él podía decirse a si mismo: ”No hay para mi bien fuera de ti”.

En vez de ahogarse en el mar tempestivo de la desesperación o en el río caudaloso del pesimismo, buscó enfocar su mirada en las bendiciones que poseía.

Inicialmente vio a las personas que estaban a su alrededor. Le complació ver santidad e integridad en ellos. Le animó que no todo estaba perdido en su generación. No todos servían a dioses falsos.

Ahora David hace lo más importante. Dirige su atención a Dios. Al hacer eso, no puede sino admirarse de lo que Dios es y de todo lo que él ha encontrado en él.

Dios lo era todo para él. Era la porción de su herencia y de su copa. No necesitaba más. Fama, riquezas o celebraciones festivas nunca podían llenarle como sí lo hacía Dios. La herencia, hace pensar en posesiones materiales; la copa, en la Biblia representa el gozo. En otras palabras David está diciendo: Dios es la fuente de todas mis posesiones espirituales y es la fuente de todas mis alegrías.

Habiendo considerado lo que Dios era para él en su vida, ahora va a mencionar varios beneficios que había recibido de él. Nadie más se lo podía brindar sino solo Dios.

Al pensar en Dios como su herencia, el salmista reconoce que él ha sustentado su suerte, o sea la porción de tierra que se le había asignado figurativamente hablando. Una porción de tierra es posible que uno la pierda. David siente plena seguridad en Dios quien siempre le ha sustentado.

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También consideró que ”las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos”. Cordones eran usados cuando se repartían las tierras. David contempla que así es todo lo que él ha encontrado en Dios. Al ser Dios mismo su herencia, él meditaba en el gran hecho de que era ”hermosa la heredad” que le habían asignado. Aún las adversidades en la vida, David podía encontrar en ellas la belleza de Dios.

Dios era su consejo y conciencia. Era el que estaba delante de él. Estaba también a su mano derecha. David no podía mirar dentro de si mismo, ni a su lado o hacia adelante, sin ver que allí estaba Jehová. Esto le generaba confianza. Dijo: ”No seré conmovido”. Podía reposar ”confiadamente”. Esto también le causaba alegría y gozo. Estaba tan seguro de la presencia de Dios con él en cada momento de su vida, que aún en la muerte, confiaba que no iba a dejar su alma en el Seol, ni que viera corrupción.

David concluye el salmo, disfrutando la presencia de Dios. Él podía decir: ”En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu mano derecha para siempre”. Había experimentado muchas cosas, pero para él, nada se comparaba con disfrutar la compañía de Dios.

Dios nos ayude a hacer nosotros la misma evaluación de nuestras vidas que se hizo David. El Dios de David, es el Dios nuestro. Por lo tanto, abrumados por todo lo que encontramos en nuestro Señor, a pesar de las intensas pruebas que sufrimos, tendríamos que llegar a la misma conclusión a la que llegó David.

”Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos.”

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