Vida Cristiana

El Salvador en la Carta a Tito

Tito es uno de los libros más cortos de toda la Biblia al contar únicamente con tres capítulos. Llama la atención que, a pesar de eso, es la carta que en más ocasiones menciona el nombre de Dios:”Salvador”.

A veces, se refiere a Dios Padre como siendo el Salvador (1:3; 2:10; 3:4); y en las otras, nos presenta a Cristo como el Salvador (1:4; 2:13; 3:6).

Alguien pregunta, ¿y cómo los dos pueden ser el Salvador? Porque los dos son: ¡uno mismo!(Jn. 10:30). No solamente por esa razón, pero también por el hecho de que ambos, junto con el Espíritu, tuvieron una participación muy notoria en la obra de la salvación. Dios Padre, como Salvador, diseñó el plan de salvación; Cristo, como Salvador, lo ejecutó al morir y resucitar.

Tendríamos que preguntar: ¿por qué será que la epístola de Pablo a Tito emplea tanto este hermoso nombre del Padre y de su Hijo?

Una de las principales vertientes de Pablo en esta carta, es animar a los creyentes a que se ocupen en producir buenas obras para adornar la doctrina de Dios (2:10). En otras palabras, nuestras vidas deberían hacer relucir todo lo concerniente a Dios.

En este libro, encontramos que se enfatiza una y otra vez, las buenas obras que deberían poder verse en nosotros. Pablo deseaba que Tito fuese ”ejemplo de buenas obras” (2:7). Se nos establece el hecho de que Dios nos purificó para convertirnos pueblo de él ”celoso de buenas obras” (2:14). Se exhorta a los hermanos en la isla de Creta que ”procuren ocuparse en buenas obras” (3:8) y ”aprendan también los nuestros a ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad” (3:14). El escritor hace abundantemente claro que no somos salvos por nuestras ”obras de justicia” (3:5); pero que sí hemos sido salvados para hacer buenas obras. La buenas obras no salvan, sino que manifiestan que ya uno es salvo.

Por estas razones, lo más probable es que Pablo utiliza en repetidas ocasiones el nombre Salvador, por el énfasis que le da al hecho de que hemos sido salvados para vivir una vida de su agrado. Para poder ser rescatados de la vida pasada que teníamos, necesitábamos un Salvador. Pablo señala que, sin ninguna duda, el Salvador, es nuestro Dios y su Hijo.

Pablo nos señala distintas cosas que Dios ha permitido que puedan ayudarnos a transformar nuestras vidas, las cuales son:

1. El conocimiento de la verdad (evangelio), debe conducirnos a la piedad (1:1).

2. La gracia y la bondad de Dios manifestándose para nuestra salvación (2:11; ), nos enseña que debemos renunciar ”a la impiedad y a los deseos mundanos” (2:12).

3. Dar más atención al glorioso porvenir que nos espera, que a las cosas pasajeras (2:13; 3:7).

4. No olvidar que Cristo ”se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio” (2:14).

5. No olvidar lo que éramos (3:3) y lo que Dios ha hecho con nosotros al salvarnos, regenerarnos, renovarnos y justificarnos (3:5-7).

Dios nos ayude a gozarnos del gran título ”Salvador” en la carta de Pablo a Tito. Entre más lo disfrutemos, más lo manifestarnos por la manera en la que vivimos y así podremos adornar la doctrina de Dios. En el capítulo 1, son los obispos de la iglesia haciéndolo; en el capítulo 2, son los ancianos, las ancianas, las jóvenes, los jóvenes y los esclavos haciéndolo; y en el capítulo 3, es Tito y otros hermanos que lo estaban haciendo.

Gracias a Dios y por su Hijo Jesucristo, que son nuestro Salvador.

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Foto por Sasha Phlesco en http://www.unsplash.com

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