Temas contemporáneos

Abordando el Aborto

Las dos principales controversias relacionadas con este tema son en cuanto a si el el feto es realmente un ser humano y si la mujer tiene el derecho de finalizar la vida de la criatura que lleva en su vientre.

Al estar claros sobre estos puntos, podremos llegar a la conclusión de que el aborto es un acto inmoral y criminal.

En primer lugar, el feto sí es un ser humano, como lo somos nosotros. El argumento en favor al aborto justifica el acto al explicar que la criatura no es un ser humano hasta que haya pasado un determinado tiempo.

La pregunta sería, si no es un ser humano, ¿qué es?

grayscale photo of woman hugging baby
Foto por Isaac Quesada en http://www.unsplash.com

No hay ninguna duda de que sí es un humano. En la semana número seis del embarazo, la nariz, la boca y las orejas del feto, ya comienzan a desarrollarse. En la siguiente semana, comienzan a desarrollarse sus manos y pies. En la semana número diez, los órganos ya están posicionados listos para crecer. En la siguiente semana, el bebé ya tiene manos que puede mover para hacer puños. En la semana número diez y siete, el esqueleto de la criatura comienza a dejar de estar hecho de cartílago para ser de hueso. Y pudiéramos seguir maravillándonos de cada avance que hay en cada una de las cuarenta semanas de gestación.

Mayormente, el aborto en el mundo es legal después de la semana doce de embarazo. ¿Cómo no puede ser ya un ser humano el feto antes de llegar a esa edad? La ciencia lo muestra, pero aún más importante, la Biblia lo comprueba.

Nota que Dios le da identidad a un feto. Le dijo a Jeremías: ”Antes que te formase en el vientre te conocí” (Jer. 1:5). El que iba a ser formado, no era solo un feto, como si fuera cualquier cosa. Era un ser humano. Dios lo conocía como alguien que sería un profeta que le serviría y que su nombre sería Jeremías. David entendía esto mismo. Él le dijo a Dios: ”Tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre” (Sal. 139:13). En los vv.15 y 16 habla de cómo Dios estuvo al tanto de cómo su cuerpo fue entretejido para ser formado. David comprendía que cuando era embrión en el vientre de su madre, era él mismo; y no algún tipo de sub-humano que se convertiría tiempo después en ser humano. Lo mismo entendía Job. El mismo adulto que fue severamente probado, se consideraba como el mismo que había sido formado por Dios en el vientre de su madre. Describe ese proceso como cuando se le da forma al barro o como cuando el queso es cuajado; al ser vestido de piel y carne, y tejido con huesos y nervios (Job. 10:8-11).

Otra cosa que es muy llamativa, es que en la ley dada a Israel, Dios consideraba la vida de una criatura en el vientre de su madre, con el mismo valor que la de cualquier otro ser humano. Éxodo 21:22-25 establecía que si una persona hería a una mujer embarazada, y ella abortaba al morir la criatura, el agresor tenía que pagar con su vida. ”Ojo por ojo, y diente por diente”.

Dios utilizó a bebés desarrollándose en el vientre de su madre, para revelar sus propósitos, como en el caso de Esaú y Jacob (Gn. 25:21, 22). Planes que afectarían las vidas de personas y de naciones. Tendrían que haber tenido mucha importancia para Dios si él los utilizó como anuncios del porvenir.

Debe asombrarnos que la primera persona en reconocer al Hijo de Dios fue Juan el Bautista, pero no cuando lo anunció como siendo el Cordero de Dios a las orilla del río Jordán, sino cuando su madre visitó a María. Ambas estaban embarazadas. Elizabet tenía seis meses de embarazo y María tenía tres meses. Lucas escribe acerca de este suceso: ”aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre” (Lc. 1:41). En muchos lugares del mundo, las mujeres tienen el derecho de abortar a los tres o a los seis meses de gestación. Juan el Bautista fue el primero en reconocer a Cristo Jesús. ¿Qué era Juan si no era un ser humano? Solo animales y seres humanos tienen esta capacidad de reconocimiento. Obviamente, a pesar de que solo llevaba seis meses en el vientre de su madre, era un ser humano como cualquier otro que tiene la capacidad de reconocer a Cristo.

El milagro de la vida dentro del cuerpo de una mujer, era algo que ni aún el hombre más sabio de su tiempo entendía. Salomón dijo: ”Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas” (Ec. 11:5). En vez de cuestionar si el feto es o no es ser humano, más bien deberíamos de reconocer a Dios, como siendo el único dador de la vida, y adorarle por su infinito poder al formar una criatura a lo largo de nueve meses.

¿Es el feto un ser humano? Sin ninguna duda. Todo lo considerado contesta la segunda pregunta que hicimos inicialmente. ¿Tiene la mujer el derecho de abortar el feto que está en su vientre?

Activistas a favor de la despenalización del aborto, se manifiestan un día después de que el presidente Alberto Fernández enviara un proyecto de ley para legalizar el aborto, frente al Congreso en Buenos Aires, Argentina, el miércoles 18 de noviembre de 2020.
Foto tomada de http://www.rfi.fr

La convicción de muchas mujeres es que el feto es parte de su cuerpo, y por lo tanto, debe de tener el derecho de hacer lo que quiera con la vida sagrada que lleva. Es un argumento sumamente débil. Un feto en formación no puede compararse a un diente que es removido por el dentista o por el apéndice que es quitado por un cirujano. Sobre eso sí tiene el derecho la mujer de hacer lo que le sea lo más beneficioso a su salud. Pero el feto que lleva dentro de sí, es una vida que aunque depende de ella en ciertas maneras, es una vida y un ser absolutamente autónomo de ella.

Al ser el feto un ser humano, como lo es su madre, ella no tendría el derecho de finalizar su vida. Esa vida le pertenece exclusivamente a Dios. El que da la vida, es el único que la puede quitar. Aún cuando la gestación ponga en riesgo la vida la vida del bebé o de la mujer, no hay justificación para abortar. Aún cuando se ha diagnosticado que el bebé nacerá con severos problemas de salud, no hay justificación para abortar. Por otro lado, a muchos les interesa legalizar el aborto para despenalizar un acto que es el producto del pecado de la fornicación. El aborto es un escape muy fácil para personas sumamente irresponsables que desean el placer ilícito de tener relaciones con quién quieran y cuantas veces lo deseen. Toman una pastilla o descuartizan a la criatura y se acabó. Por eso, es muy importante que mujeres que temen a Dios, tengan cuidado con distintos métodos anticonceptivos que quitan vida ya formada.

En conclusión, que quede muy claro: el feto es un ser humano y la mujer no puede hacer lo que quiera con su criatura, y por lo tanto, abortar es cometer homicidio.

Dios ha establecido: ”No matarás” (Éx. 20:13). Él aborrece ”las manos derramadoras de sangre inocente” (Pr. 6:16, 17). Hay una maldición reservada para aquellos que le quitan la vida al inocente (Dt. 27:25).

”Herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre” (Sal. 127:3).

2 comentarios en “Abordando el Aborto”

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