Iglesia según la Biblia

Se Buscan: Maestros Auténticos

Los estudiantes de la Palabra de Dios tienen el mejor libro de texto para estudiar- la Biblia obviamente- pero muchos de ellos están buscando maestros. Hombres de Dios que les abran los preciosos tesoros que están aguardados allí. Si usted es alguien que quiere ayudar en alumbrar al rebaño de Dios con enseñanza sana, quizás deba considerar las siguientes diez cosas:

  1. Necesita ser varón, porque maestras de la Palabra que enseñan a toda la iglesia no existen en la Biblia. Las ancianas sí deben enseñar a las mujeres a amar a sus familias y a cuidar sus hogares (Tit. 2:3-5), pero no está permitido que enseñen en la iglesia (1 Co. 14:34, 35; 1 Tim. 2:11, 12). Sí, es verdad que habían profetizas (Hch. 21:9), pero lo cierto es que no ejercían su llamado en la iglesia. Los maestros mencionados en la Biblia siempre eran varones. Por ejemplo, la lista dada en Hechos 13:1-3.
  2. Debe haber recibido el don de la enseñanza por parte de Dios. En 1 Corintios 12 aprendemos que el Padre, Hijo y Espíritu dispensan habilidades espirituales a la iglesia que es el cuerpo de Cristo, y que uno de esos dones es ser maestro de la Palabra. En Romanos 12:7, 8 y en Efesios 4:11 también se menciona este mismo don. Usted no puede hacerse maestro por su cuenta o por ir a un seminario. Es Dios quien habilita a aquellos que serán maestros en la iglesia. Los demás en la iglesia reconocerán si tiene o no el don. Alguien puede pensar que es maestro, pero si los demás no entienden lo que trata de comunicar en su predicación o no son realmente edificados, quizás es porque ese hermano realmente no tiene el don.
  3. Tendrá que esmerarse en el estudio de la Palabra. Pablo mandó a Timoteo a que procurara presentarse “a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad” (2 Tim. 2:15). Hay hermanos que no pasan el tiempo necesario preparando su tema. Hablan de que no necesitan estudiar porque Dios les ayuda al pasar y dar el mensaje. Tales hermanos no deberían tener participación. Pensar de esta manera es ser irresponsable y perezoso. Estudiar la Biblia es trabajoso; es pasar horas analizando el texto, dándole su sentido e interpretándolo adecuadamente. Tampoco bastará que usted se siente por unos momentos y velozmente produzca de la nada un sermón. Paul David Tripp habla de cómo el maestro debe marinarse lentamente en un pasaje antes de presentarlo a la iglesia. Alguien una vez le dijo a un maestro de la Biblia: “Yo daría todo por saber lo que tú sabes de la Biblia”. El hermano le respondió: “Eso es exactamente lo que he hecho, he dado todo por saber lo que conozco de la Palabra de Dios.” Apreciado hermano, con la ayuda de Dios, prepare un festín para que los hermanos se vayan a casa llenos y edificados por la Palabra. No se acostumbre a siempre enseñar sobre los mismos temas. Prepare material fresco y variado que pueda entregarle a la iglesia para ser bendecida.
  4. Haga una inversión para conseguirse apoyos que le permitirán profundizar en el estudio. Todos estamos de acuerdo que nada toma el lugar de la Palabra de Dios; pero también debemos ser humildes y entender que necesitamos la ayuda de maestros que han preparado buenas herramientas de estudio para interpretar adecuadamente un pasaje. Una enseñanza no es decir lo que está en el texto, lo que hacen muchos cuando procuran enseñar la Palabra. El propósito es explicar lo que significa el texto. Consígase un diccionario bíblico y una concordancia que le ayuden a aprender los significados de las palabras en su idioma original y el uso que le da Dios a esas palabras a lo largo de toda la Biblia. Cómprese comentarios bíblicos que fielmente expliquen el contexto y significado de una porción. Consulte libros de Historia y Geografía que le ayuden a entender los eventos y ubicar lugares mencionados en la Biblia.
  5. Entréguese a la oración para que Dios le ayude a estudiar y exponer su Palabra. Esto hacían los apóstoles al poco tiempo de que se formó la iglesia en Jerusalén. No podían involucrase en la asistencia dada a las viudas, eso lo harían los diáconos; porque ellos debían entregarse “a la oración y al ministerio de la Palabra” (Hch. 6:4). Es un reto difícil estudiar y enseñar correctamente la Biblia, pero con la ayuda de Dios, podemos hacer lo que no podemos por nuestra propia cuenta.
  6. Sea ejemplo de lo que enseña. La advertencia es dada a los que deseamos enseñar. “Hermanos míos, que no se hagan maestros muchos de ustedes, sabiendo que recibiremos un juicio más severo” (Stg. 3:1). Nos exponemos a la disciplina del Señor si exhortamos a otros a hacer algo que uno mismo no pone en práctica. Es irritante escuchar a alguien dar un discurso de treinta y nueve minutos sobre un tema sobre el cual no es ejemplo. Su ejemplo y sus obras hablan más fuerte que sus palabras. Pablo era ejemplo de lo que enseñaba (2 Tes. 3:9). Timoteo y Tito iban a ser de bendición a los hermanos si sus enseñanzas iban acompañadas de un buen ejemplo (1 Tim. 4:12; Tit. 2:7). Podremos conocer las conjugaciones de los verbos en Hebreo y Griego, pero si no somos ejemplo de lo que predicamos, no seremos de edificación a la iglesia.
  7. Enseñe lo que contiene la Palabra de Dios. Esto suena redundante, pero abundan maestros que enseñan falsa doctrina o que presentan sus propias opiniones como si se encontraran en la Biblia. El mandato también es para nosotros: “Predica la palabra” (2 Tim. 4:2). Y también: “Tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tit. 2:1). No predique lo que a usted le parece que dice la Biblia. No llene su tiempo de anécdotas. Presente la Biblia en toda su pureza. Asegúrese de tener fundamento bíblico para todo lo que va a decir. Para algunos, pareciera que sus Biblias tienen un libro que se llama Opiniones. Con todo respeto, el pueblo de Dios, no quiere conocer nuestras opiniones, lo que quieren es conocer lo que dice Dios en su Palabra. Preséntele siempre a los hermanos a Cristo en todo lo que usted enseña, y verá que esto les causará un gran impacto en sus vidas.
  8. Evite utilizar el púlpito para tirarle indirectas a los hermanos. ¡Qué lamentable cuando un hermano pierde nuestro tiempo al enfocarse en arreglar cuentas pendientes con alguien! Si tiene algo en contra de un hermano, vaya con esa persona directamente, siguiendo lo enseñado por el Señor en Mateo 18:15-20 y resuelva su inconformidad con él o ella. No nos involucre a todos los demás en un asunto pertinente a usted y a otro hermano. La realidad es que no debería estar enseñando la Palabra si tiene algo que necesita solucionar con alguien.
  9. Predique con humildad y amor. Como maestros, podemos caer en el error de pensar que estamos por encima del pueblo del Señor por el conocimiento que hemos recibido. De igual manera, podemos exponer la Palabra sin amor, porque creemos que por tener sustento bíblico, podemos hablarle ásperamente a los hermanos. Son muy ciertas las palabras de Pablo a los Corintios cuando les dijo: “El conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Co. 8:1). Su mensaje podrá estar excelentemente preparado y lo podrá presentar muy elocuentemente, pero si no muestra humildad y amor, no será bien recibido su sermón.
  10. Tengamos discernimiento al enseñar. Actuemos conforme a la sabiduría de Dios. Considere cuál es su audiencia. Pregúntese: ¿Son nuevos o maduros en la fe? ¿Es provechoso que enseñe sobre un tema en específico que tenía en mente, cuando sé que hay hermanos que necesitan ser consolados porque están pasando por adversidades? ¿Soy la persona indicada para enseñar sobre un cierto tema? ¿Me está guiando la carne o es el Espíritu de Dios que me está motivando a pasar a enseñar? Dios nos da el discernimiento que requerimos si se lo pedimos (Stg. 1:5).

Dios nos ayude a ser maestros auténticos de la Palabra para el bienestar de la familia de la fe y para la gloria de nuestro Señor.

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