Vida Cristiana

Superando el Abuso Espiritual Junto con Job- Interacciones con Elifaz (Parte 2)

Después de que los tres amigos de Job hablaron con él, ahora es el turno de Elifaz para que le vuelva a dirigir la palabra. Hemos estado notando cómo cada uno de ellos le habló de una forma manipuladora para que Job hiciera lo que ellos querían. También hemos analizado las palabras de Job al responderles, las cuales reflejan que el abuso espiritual que estaba recibiendo por parte de estas tres personas, le estaba causando gran aflicción y sí estaban logrando manipularle. Hasta su forma de ver a Dios estaba siendo trastornada.

El propósito de estos escritos es ayudar a los abusadores y a las víctimas. A los abusadores, para que identifiquen cuándo están abusando espiritualmente a otros, y así lo dejen de hacer. Y también para ayudar a las víctimas que son heridas con palabras sagaces y persuasivas para que sepan cómo soportarlo.

El punto principal en todo esto es que debemos animar a los demás a que obedezcan a Dios, y no a nosotros; y que lo hagan porque verdaderamente lo aman, y no porque nosotros se los imponemos. El abusador espiritual quiere que otros le obedezcan a él y que los demás hagan lo que ellos dicen utilizando métodos repugnantes a Dios.

En Job 15, Elifaz habla con Job para volver a atacarle. Usted como alguien que quiere ayudar a otros hermanos, ¿emplea las técnicas de Elifaz para que los demás hagan lo que a usted le place? Como Job era un hombre justo y sabio, no lograban manipularle del todo. Estas son las características que manifiesta Elifaz para silenciarlo y para que se rinda ante ellos. Le dice que su sabiduría es vana (v.2). Lo denigra al enfatizar que sus palabras son inútiles y que sus razones son sin provecho (v.3). Lo acusa de no temer y de no orar (v.4). Le señala que su boca hablaba pecado (v.5). Todo esto era absolutamente falso.

Elifaz desvió la atención y acusó falsamente a Job. Esto es comúnmente hecho por personas manipuladoras. Si alguien no ve una situación de la misma manera que usted- aún si usted tiene la razón- no acuse falsamente a la persona para que sea intimidada y se sujete a usted. Si está tratando de ayudar a alguien que ha cometido una falta, enfóquese en eso y no desvié la atención a algo más (sea verdad o mentira), solo porque las cosas no van como usted quiere.

Otro método que intentó llevar a cabo Elifaz en los v.6-16, fue hacerle una serie de preguntas para hacerle dudar. Es bueno hacer preguntas cuando alguien pide un consejo para poder entender mejor la situación. Este no es el caso con Elifaz. Todas las preguntas que le hizo fueron para que Job dudara de sí mismo y para humillarlo. Preguntas como: “¿Naciste tú primero que Adán?” (v.7). Job nunca dijo nada ni remotamente similar a eso. Sus preguntas no venían al caso. También le preguntó: “¿Oíste tú el secreto de Dios, y está limitada a ti la sabiduría?” (v.8). Job ni siquiera insinuó tal cosa. Job no creía ser la epítome de la sabiduría. En otra serie de preguntas le dio a entender que no era justo y que no era posible ser recto delante de Dios. Es muy obvio que Elifaz solo tenía malas intenciones detrás de sus preguntas.

Después de hacer pensar a Job que carecía del conocimiento de Dios, en su tercer intento de controlarle, fue en querer hacerle creer que la sabiduría solo se encuentra en los viejos (v.10) o en sus tres amigos (v.17-35). Lo único que quería Elifaz era que Job no se apoyara en la sabiduría que Dios le había dado. Él quería que sintiera que no podía tener el discernimiento que necesitaba porque habían otros que eran más grandes en edad que él o que pensara que la cordura exclusivamente la podía encontrar en el club de Bildad, Zofar y de él.

Usted y yo no podemos demeritar la prudencia que Dios le ha dado a alguien. No porque alguien sea mayor significa que forzosamente la persona sea más sabia. La edad debería darnos sabiduría, pero no lo garantiza. Otra vez, no debemos quitar la atención de un problema, solo porque la persona tenga menos años que uno o porque no pertenece a una cierta clase de personas. No pensemos que por ser mayores en edad o por ser predicadores del evangelio, maestros de la Palabra o ancianos en una iglesia, que la sabiduría divina solamente reside en ese tipo de personas. Cualquiera que teme a Dios, recibirá sabiduría de él (Pr. 1:7). Cualquiera que se la pida a Dios, recibirá sabiduría de él (Stg. 1:5). ¿Es posible que un joven sea sabio? ¿Es posible que una hermana que no tiene estudios sea sabia? ¡Claro que sí! No lo dudemos por un solo segundo.

En los capítulos 16 y 17, Job le responde a Elifaz. En un discurso no muy largo, Elifaz le causó muchos males a Job. Ciertamente la lengua siendo un miembro pequeño puede causar grandes daños. Para Job, las palabras de Elifaz, de acuerdo al capítulo 16, le causaron: molestia (v.2), indiferencia (v.3), dolor (v.6), fatiga (v.7), soledad (v.7), arrugas, flacura (v.8), destrucción (v.9), afrenta (v.10), mentira, impiedad (v.11), pobreza (v.12), quebranto, persecución (v.14), duelo (v.15), llanto (v.16) y disputas (v.20). A pesar de que Job era un hombre justo e inocente (v.4, 5, 17), Elifaz y sus amigos, pusieron a Job como un blanco delante de ellos para atacarle ferozmente (v.12, 13).

¿Pone usted a hermanos piadosos como un blanco delante de usted, solo porque no hacen lo que usted les dice? Esto no debe ser. Si alguien le causa a otra persona tanto daño a otra persona con sus palabras, lo más seguro es que no tiene buenas intenciones. A veces para ayudar a alguien se tendrán que decir cosas que son desagradables, pero se dicen con amor y gracia. En el caso de Elifaz, él dijo todo esto de una forma fría y agresiva porque no le interesaba verdaderamente el bienestar de Job.

Antes de analizar lo que Job decidió hacer con todo lo dicho por Elifaz, veamos otras repercusiones que tuvieron sus malos consejos en él (capítulo 17). Las palabras de Job en esa porción hacen ver muy claramente que él estaba sufriendo depresión por el abuso espiritual que estaba recibiendo. Según el capítulo 17 en los versículos 1-16, el mal trato recibido por parte de Job, lo habían hecho sentir que la vida no tenía caso vivirla y que lo mejor sería morir. No podía ver ni pensar claramente. Sentía una completa soledad al no tener nadie que respondiera por él ante las barbaridades que le decían estos hombres. Su depresión lo llevaba a considerar su casa como el Seol y su cama como las tinieblas.

Apreciado hermano, si sus palabras le causan depresión a otro creyente, hay algo que está muy mal con la forma en la que ha manejado la situación. Si alguien está mal, deberíamos ayudarles a ver su mal y a arrepentirse de ello, pero no significa que los vamos a dejar con una gran depresión. Les podemos leer y explicar la Biblia para que sea la Palabra de Dios lo que actúe en sus corazones para corregir sus vidas. Esto será mucho más efectivo a que le hablemos a alguien tan mal que les causemos entrar en una depresión, como sucedió con Job. Los amigos de Job le hicieron pensar que no había esperanza. Los consejos de alguien temeroso de Dios le hará sentir a la persona que siempre hay esperanza, por más mal que se encuentre espiritualmente.

¿Cómo debemos responder a este tipo de abuso espiritual? ¿Qué podemos hacer usted y yo cuando somos maltratados de la manera en la que fue maltratado Job? Si regresamos al capítulo 16, en los versículos 18-22, podemos tomar el ejemplo de Job. ¿Qué hizo Job cuando Elifaz lo despedazó con sus palabras? Hizo dos cosas. En primer lugar, entendió que Dios era su testigo, que él podía ver todo lo que le estaban haciendo y que él sería el que le iba a defender. Job no tenía deseos de vengarse porque sabía que Dios obraría justamente a su favor. Como alguien que ha sido constantemente falsamente acusado, le recomiendo dejarlo todo en manos de Dios, porque él manifestará cuál es la verdad y mostrará quienes eran los que estaban actuando mal. No busque defenderse, porque Dios lo hará por usted. En segundo lugar, Job entendía que en su angustia, él debía refugiarse en Dios al derramar ante él todas sus lágrimas. Cuando alguien le trate como lo hizo Elifaz a Job, llévele al Señor todos sus dolores y desahóguese delante de él. Los hombres nos pueden causar mucho mal, pero tenemos un Padre que nos trae mucho consuelo. No se defienda, no guarde rencores. Dios es su testigo y él es su refugio.

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