Vida Cristiana

La Verdadera Fe de Hebreos 11

¿A quién no le fascina el capítulo 11 de Hebreos, con todas las muestras heroicas que nos proporciona sobre la fe de distintos personajes de tiempo atrás? Esas no son historias para entretenernos y para solo hacernos admirar cada una de las personas mencionadas. Hebreos 11 es para desafiarnos a mostrar la misma fe que ellos y para animarnos a correr la carrera que tenemos por delante, mencionada en el capítulo 12. La premisa es: si ellos pudieron correr su carrera de fe, a pesar de tantas adversidades, nosotros también lo podremos hacer.

Todos los ejemplos de Hebreos 11, sin duda nos motivan; pero hay alguien que es nuestra meta, nuestro máximo ejemplo. En los primeros versículos del capítulo 12, vemos que es nuestro Señor Jesús. Se nos pide fijar la mirada en él; solamente en él, aquél en quien nuestra fe se origina y se consume. Debemos ser como él, porque “debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba”. No solo tuvo que sufrir la cruz, pero también “la hostilidad que soportó por parte de pecadores”. Sufrió crítica, menosprecio, humillación.

Esto es exactamente lo que muchos de nosotros ignoramos o evitamos aceptar en cuanto a una vida de fe. Vivimos pensando que la fe es como una muleta sobre la cual nos apoyamos únicamente cuando tenemos un problema. Esa no es la fe de Hebreos 11.

La fe de Hebreos 11 resulta en:

  • Vivir según la justicia de Dios y morir por lo que es recto, como lo hizo Abel.
  • Vivir agradando a Dios y dando testimonio de ello, como lo hizo Enoc.
  • Ser distinto a los demás y condenar al mundo por su pecado predicando la justicia, como lo hizo Noé.
  • Andar como extranjeros y peregrinos en este mundo, como lo hicieron Abraham, Isaac y Jacob.
  • Considerar fiel a Dios aunque parezca imposible que se cumplan sus promesas, como lo hizo Sara.
  • Abnegarnos de todo al ofrecerle a Dios lo que más amamos y valoramos, como lo hizo Abraham.
  • Darle la espalda a los placeres momentáneos del pecado y sufrir por causa del nombre de Cristo, como lo hizo Moisés.
  • Descansar en Dios aún cuando hay poderosos enemigos persiguiéndonos, como lo hicieron los Israelitas.
  • Tomar grandes riesgos por recibir verdaderos siervos de Dios, como lo hizo Rahab.
  • Sufrir siendo torturados, insultados, azotados, encarcelados, apedreados, aserrados, tentados, matados a espada, desposeídos, oprimidos y maltratados.

La fe no es confiar en Dios cuando me conviene. Es una vida dedicada plenamente a él; confiando en él; testificando al mundo acerca de él; y sufriendo por él.

Pongamos en práctica la fe de Hebreos 11. Esa es la fe que verdaderamente agrada a Dios y la que puede transformar eternamente las vidas de aquellos a nuestro alrededor.

Foto por Guilherme Stecanella

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