Cristo en toda la Biblia

Vestidos con su Justicia

“No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón” Dt. 9:5

Éramos como Israel. En Ezequiel 16 leemos sobre la condición en la que estaban cuando el Señor los halló. Dios dijo de su pueblo que fueron como un bebé que es rechazado por sus padres al nacer y es tirado en el campo. Jehová pasó por donde estaban, y les dio vida, limpieza y hermosura. No tenían nada que podían ofrecerle a Dios. Los recogió y los hizo suyos, únicamente por su gracia, y no por algo bueno o llamativo en ellos. De la misma manera fue con nosotros.

Cuando Dios rescata a los que pertenecerán a su pueblo, no lo hace porque lo merecen al manifestar justicia o rectitud de corazón; sino por “el puro afecto de su voluntad” (Ef. 1:5). A veces podemos vanagloriarnos por lo que somos o por lo que tenemos, pero nunca se nos debe olvidar que todo es por su gracia infinita.

No tenemos nada con lo que podemos presentarnos ante Dios de manera agradable a él en base nuestras propias obras. Solo podemos encontrarnos en una condición y posición favorable delante de él por medio de nuestro Señor Jesucristo. Junto con Job podemos maravillarnos de que estamos vestidos de justicia (Job 29:14), únicamente porque Dios nos ha tenido infinita misericordia.

Hemos experimentado lo mismo que nuestro padre Abraham, quien creyó a Dios y le fue contado por justicia (Gn. 15:6). Un idólatra se vistió de la justicia de Dios. David entendía que no era por obras, sino que Dios atribuye justicia a cada individuo a través de la fe (Rom. 4:6). Un adúltero se vistió de la justicia de Dios. Pensemos también en el publicano del que habló Jesús. Extorsionaba y engañaba tanto a la gente, que en el templo, no podía sino bajar su mirada y golpearse el pecho. Este hombre le dijo a Dios: “Oh Dios, ten compasión de mí, porque soy un pecador” (Lc. 18:13). El Señor dijo que él se fue a su casa justificado (v.14). Un ladrón se vistió de la justicia de Dios.

Maravillosa la gracia de nuestro Dios que nos viste de su inmaculada justicia, cuando no lo merecemos y cuando estábamos tan manchados y contaminados por el pecado. Aquí es donde tenemos que tener claros en nuestras mentes que era absolutamente indispensable la perfección de nuestro Salvador.

La enseñanza de los primeros capítulos de la carta a los Romanos es que en base a la justicia de Jesucristo, hemos podido ser justificados. Somos justificados porque fue resucitado por nosotros (Rom. 4:25) y porque su sangre fue derramada (Rom. 5:9), pero también porque él es justo y perfecto.

Disfrutemos las ropas de justicia con las cuales el Señor nos ha vestido. ¡Son justas! ¡Son perfectamente limpias! Estamos en Cristo, y por lo tanto, Dios nos mira a través de su rectitud. Todo esto es en base a la persona y la obra de Cristo Jesús. Pero recuerde, no es por nuestra justicia ni por la rectitud de nuestro corazón. Adoremos al Señor, porque todo esto es posible, solo por medio de él.

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