Cristo en toda la Biblia

Príncipe del Ejército de Jehová

David Alves Jr.

Josué 5:13-15

Josué, el capitán del ejército de Israel, estando cerca de Jericó; se encontró con quien comandaba realmente el ejército de Dios. Vio que había un varón delante él. ¡Este hombre era Cristo Jesús! Lo que el texto nos informa acerca de él, apunta a que no podía ser un hombre cualquiera o un ángel, sino que el Señor mismo. Hay varias ocasiones en el Antiguo Testamento que Jesús hizo apariciones aquí sobre la tierra. Antes de tomar cuerpo de hombre, él venía al mundo a cumplir con encomiendas de su Padre, y se regresaba al cielo.

En este caso, podemos distinguir que fue Cristo el que se le presentó a Josué, porque se describe su excelsa soberanía que nadie más puede poseer sino solo Dios. ¡Qué maravilla! Josué se encontró con Jesús. El que su nombre y su vida prefiguraron al Salvador del mundo, se encontró con aquél quien es la sustancia misma. El tipo y el anti-tipo se encontraron. El que introdujo a Israel a su reposo, se vio cara a cara con el que promete reposo a todo pecador que cree en él.

Lo primero que debemos notar es el lugar donde Josué se encontró con Jesús. Fue en Jericó, la primera ciudad que sería destruida en la conquista de Canaán. Esta ciudad puede relacionarse con por lo menos tres aspectos del Señor. En primer lugar, nos habla de su poder. Esta gran ciudad bien amurallada la destruiría con toda facilidad sin tener que intervenir el ejército de Josué. En segundo lugar, esta ciudad representa la justicia de Dios. Al ser destruida, Josué maldijo a quien la reconstruyera (Jos. 6:26). Esto se cumplió durante el reino de Acab cuando Hiel reedificó la ciudad, esto le costó la vida de su hijo mayor y la de su hijo menor. Jericó también representa la inmensa gracia de Dios. Una prostituta gentil e idolatra llamada Rahab fue rescatada y 1,500 años después, Jesús le dio la vista al ciego Bartimeo. A pesar de la maldición puesta sobre Jericó, el Señor mostró su benevolencia a sus contornos en más de una ocasión. ¡Qué misericordioso es nuestro Señor!

Imagen: Penélope Alves

Josué vio a Cristo con su espada desenvainada en su mano. Aquí vemos sin duda alguna quién era el que luchaba por Israel. Josué solo era un instrumento usado por Dios. El que realmente hacía una y otra vez victorioso a Israel, fue el Hijo de Dios. Vemos al Señor como el poderoso Vencedor y Campeón. Él siendo el Príncipe del ejército de Jehová resalta su poder y su honra. Lo que experimentó en la cruz no fue una derrota, ¡fue la victoria más asombrosa que jamás se ha visto! En esa cruz salió a la guerra para pelear contra Satanás, el pecado, el mundo y la muerte. Eran fuerzas sumamente poderosas que nadie sino solo él podía vencer. Llevó todo el pecado, murió y resucitó triunfantemente para derrotar todo lo relacionado a la maldad. No solo nos da la victoria por lo que realizó en la cruz, pero también lo hace a través de la armadura que nos ofrece en Efesios 6, para no caer ante la acechanzas del león que busca devorarnos. No solo nos provee de una armadura, pero también nos ha enviado al Consolador que nos apoya grandemente para no pecar. Damos gracias a Dios por la victoria en Cristo Jesús. El varón que vio Josué con su espada desenvainada debe recordarnos que en Cristo somos más que vencedores (Rom. 8:37).

La soberanía de Jesús en esta escena la podemos también ver cuando él le hace entender que él no era quien para seguir a alguien más. Él no estaba del lado de nadie. Todos debían mas bien someterse a él y seguirle a él. Cuando el Señor le hizo entender esto a Josué, él hizo algo que comprueba sin ninguna duda de que él era Dios. Se postró ante él y le adoró. Josué no iba a adorar a nadie más sino solo Dios. El hombre se postra ante la Deidad, y no ante cualquier otra persona o cosa. Pablo y Bernabé no aceptaron ser adorados. Un ángel en el cielo no admitió que Juan se postrara ante él. Dios y únicamente Dios debe ser adorado. Josué también reconoció la soberanía de este varón al llamarle Señor. ¿Cómo pudiera darle Josué este título a alguien que no fuera Dios? Hay un solo Señor. Nosotros llamamos a Cristo con el título de Señor porque reconocemos su grandeza. No podríamos darle ese título a alguien más. Este varón al que se postró Josué era el Señor y era Dios mismo. Cuando nosotros contemplamos al Señor de gloria, nos postramos ante él en adoración, así como lo hizo María al verle resucitado. Nuestro deseo es magnificar al Soberano Señor Jesús, humillado por el hombre pero exaltado hasta lo sumo por su Padre.

Por último, la otra manera en la que podemos saber que este Príncipe era Dios nuestro Señor Jesucristo, es por lo que le dijo acerca de la tierra sobre la cual pisaba. Le dijo: “Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo.” Solo el Dios infinitamente santo puede decir eso. Lo mismo le dijo a Moisés en Éxodo 4. Esta es una escena tan impresionante. Josué contempló en cuanto a Jesús, su Deidad y soberanía; pero también su santidad. Con los serafines, nosotros también admiramos la santidad de Cristo sentado sobre su trono “alto y sublime”. Hacemos como Josué, quitamos nuestro calzado, y adoramos al Principe del ejército de Jehová en la hermosura de su santidad.

1 comentario en “Príncipe del Ejército de Jehová”

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