Cristo en toda la Biblia

Cristo en Toda la Biblia: Día de la Expiación (Parte 3)

Lectura: Levítico 16:5, 8, 10, 20-22, 26

En nuestras consideraciones sobre el día de la expiación, hemos buscado a Cristo en las actividades del sumo sacerdote y en el macho cabrío que era sacrificado. Hoy concluimos analizando al Señor en el macho cabrío que era abandonado.

Los dos machos cabríos que eran seleccionados cada año tenían parte en la expiación del pecado de la nación de Israel (v.5). Ya vimos como la sangre del que era sacrificado purificaba al pueblo y al santuario de Dios de inmundicia. El chivo que estamos observando hoy no era sacrificado. Había algo muy llamativo que se hacía con él.

Después de que ambos machos cabríos eran presentados, suertes eran echadas para determinar el destino de cada uno. Las suertes siendo echadas eran una manera en la que Dios revelaba su voluntad a su pueblo en tiempos antiguos (Jos. 17:1; 1 Cr. 24:31; Neh. 10:34; Hch. 1:26). En el v.8 vemos que estaba la ”suerte por Jehová” que era para designar cuál chivo sería sacrificado. La otra suerte era por Azazel para determinar cuál sería llevado al desierto y ser abandonado allí. La palabra Azazel proviene de dos palabras en el Hebreo. ”Ez” que significa: ”chivo” y ”Azal” que significa: ”salir”. Por lo tanto Azazel significa: ”chivo de salida” porque sería sacado a una ”tierra inhabitada”.

El macho cabrío que era sacrificado nos habla del sacrificio de Cristo sobre la cruz. El macho cabrío que era abandonado en el desierto, veremos que representa el desamparo que Cristo sufrió. Conmueve pensar que para cada chivo había un destino distinto; pero en el caso de Cristo, ambos destinos fueron para él.

Al caer la suerte sobre el animal que sería el ”chivo de salida” era presentado a la nación una vez más (v.10). En este versículo, leemos que era ”para hacer la reconciliación sobre él”. Esa palabra ”reconciliación”, en el Hebreo es la la palabra ”kafar” que significa: ”expiar, cubrir, purgar”. Hay una palabra equivalente a esa en el Nuevo Testamento que es ”propiciación”. Encontramos este hermoso término únicamente en tres ocasiones (Rom. 3:25; 1 Jn. 2:2; 4:10). El macho cabrío en el día de la expiación cubría los pecados de Israel por un año. En cambio, el Señor Jesucristo ha hecho propiciación por nuestros pecados, una vez y para siempre.

Aarón al presentar el ”chivo de salida” a los Israelitas, ponía sus manos sobra la cabeza del animal y confesaba ”sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza” (v.21). Difícil no ver aquí a nuestro bendito y tierno Señor siendo cargado por su Dios con los pecados, no de una nación ni de un año, sino de todo el mundo y de todos los tiempos. Isaías y Pedro nos hablan de esa enorme carga que fue puesta sobre él en el Gólgota. ”Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:6). ”Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pe. 2:24). Cargó aquella cruz tan pesada, pero en el Lugar de la Calavera cargó con todas nuestras maldades.

¡Qué carga inmensa, oh Señor, fue impuesta sobre ti!
Tú padeciste por amor el mal que merecí,
cuando en la cruz, Señor Jesús,
moriste en vez de mí.

Al terminar Aarón de confesar los pecados de la nación sobre el chivo, un ”hombre destinado” (v.21) lo llevaba por la mano a una ”tierra inhabitada” (v.22) y lo dejaba allí para que muriera sólo y abandonado. En Hebreo la palabra ”destinado”, al hablar del hombre que llevaba el animal al desierto, significa: ”preparado”. En este hombre podemos ver a Simón de Cirene quien fue ”preparado” para caminar con Cristo hasta el lugar de su muerte cargando su cruz. ¡Añoro poder conocer a Simón en el cielo y conversar con él! La ”tierra inhabitada” a donde era llevado el macho cabrío son las tres horas de soledad que sufrió el Señor sobre la cruz al cargar nuestros pecados. Fue abandonado por sus discípulos, desamparado por su creación cuando el sol no dio luz aquél día, pero lo peor de todo, alejado de Dios a quien tanto amaba y obedecía. Lo oímos exclamar esas palabras de tanta angustia: ”Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Sal. 22:1; Mt. 27:46; Mr. 15:34). Así como ese chivo, durante esas tres horas, él también fue como el ”pelícano del desierto… como el búho de las soledades… como el pájaro solitario sobre el tejado” (Sal. 102:6, 7). ¡Qué soledad!

En Gólgota, clavado en cruz,
su sangre derramó;
para salvar y darme luz,
Jesús su vida dio.

En soledad Él padeció allí.
Sufrió, sangró y expiró;
mi Salvador agonizó por mí.

Quizás a todo esto se refiere David cuando escribió en el Salmo 103 y versículo 12: ”Cuánto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones”. Gracias al aislamiento que sufrió Cristo, nosotros podemos gozar de que nuestros pecados sean aislados de nosotros.

Démosle gracias a Dios por su Hijo quien es nuestra propiciación por nuestros pecados.

A goat on dry parched land.

1 comentario en “Cristo en Toda la Biblia: Día de la Expiación (Parte 3)”

  1. Muy interesante tema hermano. Me sorprendí al saber que el chivo era abandonado en un lugar de tanta Soledad sobre todo, por que esta un animal tan indefenso en un lugar tan severo.

    Podemos ver claramente el castigo, sufrimiento y abandono de nuestro Señor Jesucristo.

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